La crianza de caballos puede ser mucho más que una actividad productiva: también puede convertirse en una tradición familiar que atraviesa generaciones, une países y construye una forma de vida. Esa es la historia de Arequipay, un criadero de caballos peruanos de paso que nació en 2022 en Tucumán, impulsado por una pasión que tiene sus raíces en Arequipa, Perú. En diálogo con Suena a Campo, Paz Cornejo contó cómo se desarrolla este proyecto y por qué los caballos ocupan un lugar central en su familia.
Aunque nació en Tucumán, Paz se crio en Perú desde los dos años y vivió en Arequipa hasta los 18, cuando regresó a su provincia natal para estudiar Nutrición. Esa doble pertenencia cultural forma parte de su identidad y también explica el vínculo que mantiene con la crianza equina.
“Soy bastante mezcladita en su totalidad”, contó entre risas al recordar su historia familiar. Su mamá es tucumana, mientras que su papá tiene raíces argentinas y peruanas. De esa combinación surgió una vida marcada por dos lugares que siguen presentes en su día a día: Argentina y Perú.
Sin embargo, el vínculo con los caballos comenzó mucho antes de que naciera Arequipay. Su papá y su tío Enrique son los principales impulsores de una historia de crianza que lleva 32 años en Perú, a través del criadero. Según recordó Paz, el proyecto comenzó cuando ambos regresaron a Arequipa por cuestiones laborales y, junto con familiares, se acercaron al mundo equino. Las primeras compras fueron dos yeguas, un capón y un macho, adquiridos en Cieneguilla, Lima, para llevarlos a Arequipa.
Con el tiempo, aquella iniciativa se transformó en una actividad que involucra a toda la familia. “Es como muy familiar el caballo para nosotros”, resumió Paz, quien reconoce que la pasión no pierde intensidad con los años. “Todo gira en torno a los caballos, charlas enteras de caballos, así que no, esto continúa y crece”, aseguró.
Arequipay representa la continuidad de ese recorrido en suelo tucumano. El criadero está ubicado en Mancopa, departamento Leales, donde el trabajo cotidiano se sostiene en equipo. La familia Alarcon, con Miguel “Cuqui” como una de las personas fundamentales, se ocupa de los caballos, mientras que Román Cáceres trabaja con ellos y participa en sus presentaciones.
Para Paz, la crianza exige coordinación y decisiones compartidas. La alimentación, los cuidados y el mantenimiento demandan una inversión importante, por lo que también es necesario evaluar qué animales permanecen en el establecimiento y cuáles se comercializan. Una tarea que no siempre resulta sencilla para alguien que desarrolla un vínculo afectivo con cada ejemplar.

“Yo me enamoro del caballo, si me conocen los tengo como mis hijos”, confesó. Y agregó, con humor, que prefiere no enterarse del momento exacto en que alguno se vende. Detrás de esa reacción aparece una característica que atraviesa toda la entrevista: el caballo no es solamente un animal destinado a la competencia o a la reproducción, sino parte de una historia compartida.
El caballo peruano de paso es un símbolo cultural en Perú, pero Paz destacó que la pasión por los equinos también tiene una presencia muy fuerte en Argentina. Considera que las condiciones del país permiten desarrollar la crianza y observa un ambiente de concursos y encuentros que mantiene activa a la comunidad de criadores.
En cuanto a las características de la raza, explicó que se trata de un caballo amblador, que mueve las extremidades del mismo lado de manera coordinada. También señaló la importancia de la genética para definir aspectos como el movimiento, los llamados “pisos” y el “término”, referido al adorno que muestra al levantar las patas. El trabajo de formación puede influir en su desempeño, pero la selección de los ejemplares y sus líneas genéticas ocupa un lugar central.
“Uno busca lo que a uno le gusta. Cada uno le da su toque”, explicó sobre las decisiones de crianza. Para ella, además de las características buscadas y los objetivos de competencia, cada criador construye su propio criterio a partir de los animales y las líneas que elige.
Arequipay también participa de concursos. Paz recordó que recientemente presentó un capón en Jujuy, donde obtuvo el tercer puesto de su categoría. Entre los logros familiares mencionó a una yegua que fue Campeona del Año en Trancas y a Sol de Oro El Artesano, que alcanzó la distinción de Reserva del Año en el Nacional y luego fue Campeón del Año en el Regional de Tucumán.
La conexión con Perú sigue siendo importante para el desarrollo del criadero tucumano. La familia mantiene allí la parte más fuerte de su actividad y continúa trabajando con animales y líneas vinculadas a su historia. También hubo movimientos de caballos desde Perú hacia Argentina, como el caso de Aurum, un ejemplar que terminó incorporándose al criadero y cuyas crías fueron adquiridas para iniciar una nueva etapa local.
Pero la pasión de Paz va más allá de la genética y los resultados. “Para mí el caballo es como mucho más, es familiar, es momentos para compartir, es amistad”, afirmó. También lo considera una fuente de bienestar personal: después de un mal día, acercarse a los animales, acariciarlos o salir a montar le cambia el ánimo.
Con Arequipay, esa tradición familiar encontró un nuevo espacio en Tucumán. La intención es continuar una historia iniciada en Perú, sostener el trabajo de crianza y compartir una pasión que, para Paz Cornejo, reúne mucho más que caballos: también representa afectos, encuentros y una identidad construida entre dos países.













