Las lluvias persistentes en el sur de Tucumán están complicando la actividad papera, con caminos intransitables, suelos saturados y dificultades para extraer la producción. El escenario genera preocupación por la calidad de los tubérculos, el abastecimiento de los mercados y el aumento de los precios, en un contexto en el que las complicaciones del campo también repercuten sobre el transporte, las plantas de acondicionamiento y la comercialización.
Desde Marapa, en la zona de Alberdi, Roberto Riccio, de Agronegocios Riccio, describió la situación que atraviesa el sector y advirtió que las consecuencias van más allá de las dificultades para ingresar con maquinaria a los lotes. “La cantidad de lluvia que ha caído es importante y lamentablemente va a perjudicar a los productos y está perjudicando”, señaló durante una entrevista con Suena a Campo.
Riccio se dedica a la compra y venta de papa y recorre distintas regiones productoras para conseguir mercadería. Su empresa cuenta con una planta de cepillado en Miramar, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, donde la papa se recibe, se limpia mediante cepillos, se clasifica y se coloca en bolsas nuevas. Además, trabaja con productos destinados a la gastronomía, como papa bastón y papa entera pelada, que se comercializan en el mercado interno.
En este momento, el principal desafío es conseguir suficiente producción para abastecer esa planta y cumplir con los compromisos comerciales. Las lluvias dificultan la extracción de la papa que permanece bajo tierra y generan incertidumbre sobre las condiciones en las que podrá salir del campo.
El problema no se limita a la transitabilidad de los caminos. Según explicó Riccio, el exceso de agua puede afectar la calidad del producto, especialmente cuando se combina con temperaturas elevadas y la mercadería debe recorrer largas distancias. En su caso, los envíos desde Tucumán hacia Buenos Aires implican traslados de aproximadamente 1.600 a 1.700 kilómetros, realizados íntegramente en camiones.
“En especial en Tucumán tenemos un problema muy, pero muy grave, que es el exceso de humedad con las altas temperaturas”, afirmó. Aunque durante el período analizado todavía no se habían registrado las temperaturas más elevadas, recordó que en otras ocasiones se alcanzaron valores de 35, 38 e incluso 40 grados. En esas condiciones, la humedad del suelo puede convertirse en un factor crítico para la conservación de una mercadería que debe viajar durante varios días.
Riccio indicó que en la zona ya se habían acumulado más de 120 milímetros de lluvia. Si bien las precipitaciones se produjeron de manera espaciada, el volumen representa un exceso para lotes que ya recibían el agua necesaria mediante sistemas de riego.
“Mercaderías que se venían regando porque todas tienen su correspondiente riego, entonces con el riego estaba bien, y ahora tenés 100 o 120 milímetros, es un exceso terrible”, explicó. El resultado es una combinación de suelos húmedos, dificultades para trabajar y dudas sobre el estado de la papa que todavía debe cosecharse.
La situación también ayuda a comprender por qué un aumento del precio en los mercados no significa necesariamente mayores ganancias para el productor. Riccio cuestionó esa interpretación y sostuvo que, cuando la oferta disminuye por las dificultades para cosechar y trasladar la mercadería, los valores suben como consecuencia de la escasez.
“Cuando un producto falta en cualquier mercado y cualquier producto del mundo, cuando hay una escasez, aumenta solo. No es el productor el que lo aumenta ni los caminos”, expresó. Y fue más contundente al referirse a la rentabilidad del cultivo: “Cuando la papa aumenta en los mercados, no es que el productor gana una fortuna. El productor lamentablemente pierde una fortuna”.
Durante la entrevista se mencionó que la bolsa de papa había pasado de valores de entre 14.000 y 15.000 pesos a alrededor de 30.000 pesos. Sin embargo, Riccio explicó que la escasa disponibilidad de mercadería dificulta establecer un valor uniforme, porque los precios pueden variar según el destino y las condiciones de cada operación.
En su empresa, aseguró, buscaron evitar trasladar automáticamente los aumentos a todos sus clientes. Ante la dificultad para conseguir papa en Tucumán, comenzaron a cargar mercadería en Jujuy con nuevos precios y comunicaron previamente esa situación a sus compradores. “Lo arreglamos en conjunto, no nos aprovechamos de los clientes”, afirmó.
El impacto económico alcanza a toda la cadena. Cuando el producto escasea y los precios se elevan, el consumo tiende a disminuir. Esa retracción repercute en los productores, los transportistas, los trabajadores de las plantas, los distribuidores y los comercios. “Cuando baja el consumo, por ende, bajan los laburos de todo tipo, baja toda la cadena”, resumió Riccio.
Por eso, consideró que no se trata de buscar responsables individuales ante cada dificultad climática. “Nadie tiene la culpa si hay sequía; la sequía no la tiene uno. Si hay mucha lluvia, uno no tiene la culpa de la lluvia”, sostuvo, al señalar que las adversidades productivas se combinan con otros costos y condicionantes de la actividad.
La evolución de las próximas jornadas será determinante. Riccio estimó que, si se presentan algunos días de buen tiempo y las temperaturas no aumentan demasiado, la actividad podría comenzar a normalizarse, aunque parte de la producción podría presentar manchas. En cambio, si las lluvias continúan, el panorama podría agravarse.
“El clima hace todo”, afirmó. Y explicó que el desafío inmediato consiste en poder extraer la papa y comprobar en qué condiciones se encuentra. Mientras tanto, la empresa continúa buscando mercadería en distintas zonas productoras, siguiendo el calendario de cosecha desde Tucumán hacia Córdoba, General Belgrano y el sudeste bonaerense.
Con una actividad que depende tanto de las condiciones del suelo como de la posibilidad de transportar y comercializar la producción, las lluvias ponen en evidencia la fragilidad de toda la cadena papera. La recuperación dependerá, en buena medida, de que el tiempo permita retomar la cosecha y restablecer una oferta capaz de abastecer al mercado sin las actuales presiones sobre los precios.













