El abigeato es una de las problemáticas más graves que enfrentan los productores rurales del norte argentino, y la historia de un productor tucumano lo demuestra con claridad. La madrugada del pasado 14 de enero, un ternero recién nacido fue sustraído de su finca, ubicada en la zona limítrofe entre Tucumán y Salta, cerca del río Urueña. Gracias al accionar del equipo de Delitos Rurales de la Policía de Tucumán, el animal fue recuperado en tiempo récord, aunque los responsables del hecho no fueron identificados.
Según relató el productor afectado, todo comenzó la mañana del 14, cuando el puestero de turno supervisó el nacimiento del ternero y comprobó que todo estaba en orden. Esa misma noche, sin embargo, desconocidos ingresaron al establecimiento y se llevaron al animal. “El puestero encontró a la madre sola, inquieta y con las ubres llenas de leche, algo que encendió todas las alarmas. De inmediato dio aviso al capataz, y así comenzó la búsqueda”, contó.
La finca, que se encuentra en una zona remota y de difícil acceso, está ubicada a unos cinco kilómetros del río Urueña, cerca de la triple frontera entre Tucumán, Salta y Santiago del Estero. Las primeras pistas aparecieron al seguir las huellas de dos caballos ajenos que salían de la finca por un sector poco transitado, cruzando el río y dirigiéndose hacia la localidad de 7 de Abril, en Tucumán. Ante esta evidencia, el productor hizo la denuncia correspondiente en Salta y dio aviso a la División de Delitos Rurales de Tucumán, liderada por el comisario Miguel Amaya.
“Una vez informados, el comisario Amaya y su equipo acudieron rápidamente a la zona. Junto con el puestero, siguieron las huellas por unos cuatro kilómetros hasta que, en una loma con monte, encontraron al ternero. Afortunadamente estaba con vida y fue reconocido de inmediato por el puestero. Cuando lo llevaron de vuelta, la madre lo reconoció de manera instantánea», relató el productor, visiblemente aliviado.
Este caso, que tuvo un desenlace positivo, es solo uno más en una larga lista de episodios de abigeato que afectan a los productores del norte argentino. Según el testimonio del mismo productor, en los últimos cuatro meses sufrió el robo de dos terneros que nunca pudieron ser recuperados. En 2022, hubo tres episodios similares sin resolución. “Es un problema recurrente. Los delincuentes conocen la zona, saben moverse y, además, aprovechan las dificultades que tienen las policías provinciales para actuar más allá de sus jurisdicciones”, señaló.
El abigeato no solo pone en peligro la economía de los productores, sino también su seguridad y la de sus empleados. En algunos casos, los enfrentamientos con los ladrones pueden tornarse violentos. “Imaginen si me encuentro con dos tipos armados llevándose un ternero. No los dejaría irse, pero sería un problema muy serio. Estas personas son peligrosas y están dispuestas a todo”, lamentó.
A pesar de la rapidez con la que actuó la Policía de Delitos Rurales en este caso, el productor señaló que los recursos con los que cuentan las fuerzas de seguridad son insuficientes. “Tienen motos y camionetas, pero hace falta tecnología para prevenir estos delitos. Cámaras de vigilancia, drones y mayor presencia en el territorio serían herramientas clave”, subrayó. Además, cuestionó la falta de firmeza por parte de la justicia: “Si la justicia actuara como corresponde, los delincuentes no se atreverían a entrar a nuestras fincas y tomar lo que no les pertenece. Lamentablemente, la impunidad los alienta a seguir”.
Ante la falta de respuestas contundentes por parte del Estado, el productor propuso organizarse entre vecinos para enfrentar esta problemática. “Creo que la solución pasa por la unión de los productores y la colaboración con la policía. Si logramos organizarnos por zonas, será más fácil prevenir estos delitos. Podemos pensar en consorcios camineros, de seguridad, de venta de producción y, sobre todo, en estrategias de prevención”, afirmó.
El abigeato no es un problema nuevo, pero su persistencia y la falta de soluciones estructurales generan un fuerte desgaste emocional y económico en quienes lo padecen. Algunos productores de la región han optado por abandonar la ganadería, incapaces de enfrentar el constante hostigamiento.













