El evento Citrus Mundo reunió en Tucumán a productores, técnicos y referentes del sector citrícola, y uno de los protagonistas fue el Vivero Quebrada de Lules, una empresa con medio siglo de trayectoria dedicada a la producción de plantas cítricas y de pecán. Como sponsor del encuentro, su presencia buscó reforzar un mensaje central: la profesionalización del agro comienza en el vivero.
“Estos encuentros son fantásticos porque son el lugar propicio para reunirnos todos los jugadores del ámbito citrícola. Acá nos vemos con proveedores, clientes y productores, y eso nos permite crecer, intercambiar información y reforzar vínculos que son fundamentales para el sector”, señaló Jorge Palacios, referente del vivero.
La historia de la empresa está marcada por el esfuerzo familiar. Fundado hace 50 años, hoy lo sostienen tres generaciones, algo que también se replica en sus empleados. “No solo es una empresa familiar de sangre, sino también de trabajo. Tenemos tres generaciones de empleados, abuelos, hijos y nietos que han pasado por el vivero. Eso habla de un compromiso humano muy fuerte, que se refleja en la calidad del producto final”, destacó Palacios.
La calidad de la planta, justamente, es el eje central de la propuesta de Quebrada de Lules. Con técnicas innovadoras y un enfoque en la sanidad, el vivero trabaja con material certificado que garantiza al productor un buen arranque. “Siempre buscamos tratar de conseguir la mejor planta que seamos capaces de producir. Para eso hemos sido pioneros en viajar, conocer nuevas técnicas y aplicarlas acá. Sabemos que una buena elección desde el vivero marca la diferencia en todo el ciclo productivo”, afirmó.
El fuerte de la empresa sigue siendo el limón, insignia del NOA. Sin embargo, los últimos años no fueron fáciles. “Venimos de tres campañas bastante difíciles para el sector, y como vivero, que somos el primer eslabón de la cadena, lo sufrimos de manera directa. Aun así seguimos adelante, acompañando a los productores y apostando al futuro. Este semestre se ven mejores precios y una dinámica de inversión que nos da nuevas expectativas”, explicó Palacios.
La visión de diversificación la aporta también Facundo Tejerina, yerno de Palacios y parte activa de la empresa. Desde hace dos décadas, Quebrada de Lules decidió incorporar el pecán como alternativa productiva, anticipándose a una demanda que hoy crece año tras año. “Fuimos pioneros en el cultivo comercial de pecán en el NOA. Al principio costaba convencer al productor y hasta regalábamos plantas para que probaran. Hoy, después de 20 años, el pecán se consolidó como una de las principales opciones de diversificación”, contó Tejerina.
Actualmente, el vivero produce unas 60.000 plantas de pecán que se comercializan en todo el país, con un dato que refleja su crecimiento: desde hace cinco años exportan a Uruguay. “Es un cultivo incipiente en el hemisferio sur, y eso nos permitió ganar mucho espacio y know how. Hoy estamos en una muy buena posición gracias a la experiencia acumulada”, aseguró.
El vínculo con el mercado no se limita a la venta de plantas, sino que también avanzaron en la industrialización. “En Catamarca ya producíamos nuez de Castilla, que exportábamos con cáscara. El año pasado decidimos invertir en una planta de proceso en Tucumán para pelar y acondicionar tanto nuez de Castilla como pecán. Esto nos permite darle un valor agregado y ampliar la oferta”, explicó Tejerina.
La demanda global también juega a favor. El consumo de frutos secos crece en todo el mundo, impulsado por las tendencias hacia alimentos saludables. “La nuez de Castilla, el pecán, la almendra, el pistacho, todos están en auge. Y Argentina tiene mucho potencial para insertarse en esa demanda. Nosotros vemos que cada vez más productores se interesan en el pecán como una opción rentable y sostenible”, agregó.
El pecán, además, tiene ventajas agronómicas para la región. “Es un árbol muy plástico, con pocos requerimientos. Se adapta a diferentes suelos y climas, y el NOA es ideal porque necesita temperaturas altas. Eso sí, requiere bastante agua, por lo que es clave tener un buen sistema de riego. A secano puede sobrevivir, pero produce muy poco”, advirtió Tejerina.
Frente al interés de nuevos productores, el vivero no se limita a vender plantas, sino que ofrece un acompañamiento integral. “Si alguien quiere iniciarse en el pecán, lo primero que tiene que hacer es acercarse a nosotros. En estos años hemos generado un círculo de asesores especializados en pecán, con los que trabajamos en conjunto para brindar un proyecto completo, desde lo técnico hasta lo económico. El que se mete en un cultivo nuevo necesita información, y nuestra misión es que no empiece solo”, subrayó.
La combinación de tradición familiar, innovación técnica y visión de futuro convierte al Vivero Quebrada de Lules en un caso emblemático de cómo se construye competitividad desde la base. En palabras de Palacios, “el vivero es la primera herramienta que recibe el productor. Si esa herramienta es de calidad, con sanidad y certificación, todo el sistema productivo se beneficia”.
En un contexto donde la citricultura busca reinventarse tras años de dificultades y donde la diversificación aparece como una estrategia necesaria, la experiencia de Quebrada de Lules demuestra que el desarrollo agropecuario empieza en la elección de una planta. Una decisión que, bien tomada, puede marcar el futuro de toda una campaña.













