El avance del cambio climático, la degradación de suelos y la pérdida de bosques obligan a pensar nuevas formas de intervenir los territorios. En ese contexto, la restauración ecológica dejó de ser un concepto de laboratorio y comenzó a ocupar un rol estratégico en la agenda productiva. El Dr. Ignacio Gasparri, uno de los especialistas más reconocidos del país en análisis de uso del suelo y dinámica de ecosistemas, lo sabe mejor que nadie. Desde Tucumán —provincia en la que vive hace 20 años— impulsa, junto a Reforest Latam, un modelo de restauración natural asistida que combina tecnología, biotecnología y conocimiento científico para recuperar bosques a gran escala.
De cara a la jornada técnica que se realizará el 12 de diciembre en Finca El Manantial, Gasparri explica que el encuentro será una oportunidad única para conocer en el territorio cómo se están aplicando herramientas como drones, cápsulas biodegradables, análisis ecosistémico y sensores remotos al servicio de la restauración. “Estamos organizando esta jornada junto a la Facultad y queremos abrir la posibilidad de que la gente vea en primera persona cómo trabajamos y pueda sacarse todas las dudas”, anticipa.
El proyecto de Reforest Latam se basa en tres pilares tecnológicos y científicos que permiten acelerar la recuperación de ecosistemas gravemente degradados. Gasparri los explica con claridad: “Lo primero es el análisis de ecosistemas de manera global, con una visión sistémica que te permite entender por qué los bosques llegaron a una situación de degradación y en dónde están necesitando asistencia. No todos los lugares requieren lo mismo, y a veces los procesos naturales se pueden recuperar solos si entendemos bien qué está pasando”.
El segundo pilar es la biotecnología aplicada a semillas nativas. Allí, Reforest Latam trabaja en la creación de pequeñas cápsulas biodegradables que contienen semillas mejoradas y tratamientos que aumentan su capacidad de germinar y crecer incluso en condiciones difíciles. “Lo que hacemos es mejorar el desempeño inicial de la planta. Estas cápsulas se abren con la lluvia y funcionan como pequeñas macetitas que protegen y alimentan la semilla”, detalla el investigador.
El tercer pilar es, quizás, el más llamativo para el público general: el uso de drones de gran tamaño diseñados especialmente para dispersar estas cápsulas en áreas amplias o de difícil acceso. No se trata de drones agrícolas tradicionales. “Es un dron de logística, con características particulares: tiene paracaídas, un sistema de geolocalización similar al de un avión, baterías ignífugas y un dispersor desarrollado por nosotros. No es un dron que se venda comercialmente tal cual; es una adaptación para nuestro tipo de trabajo”, explica Gasparri.
Gracias a estas tecnologías, es posible intervenir miles de hectáreas donde antes la restauración era inviable por costos o limitaciones físicas. Terrenos con pendientes pronunciadas, zonas degradadas por incendios, áreas con suelos frágiles o sectores alejados de caminos —como los fachinales del Chaco o sectores remotos de la Chiquitanía boliviana— son hoy accesibles. “La gran ventaja es que podemos trabajar en lugares donde una plantación tradicional no sería práctica. No competimos con la agricultura; más bien, ofrecemos una alternativa para suelos marginales o degradados donde la producción ya no funciona bien”, destaca.
Durante la jornada del 12 de diciembre, Reforest Latam realizará una demostración en campo del sistema completo: análisis de sitio, selección de especies, funcionamiento del dron y una intervención real de restauración a escala operativa. “Vamos a mostrar cómo es el proceso desde el principio hasta el final, y queremos que la comunidad pueda opinar, preguntar, criticar y aportar. Para nosotros como startup es fundamental vincularnos con el sector académico y productivo”, subraya Gasparri.
El especialista también se detiene en un tema central para el futuro productivo: el papel del ciclo del carbono y el impacto del cambio de uso del suelo. Explica que en las últimas décadas se avanzó sobre áreas que no siempre eran aptas para la agricultura, lo que derivó en erosión, degradación y pérdida de productividad. “Hubo un entusiasmo por transformar tierras que después demostraron no ser adecuadas. Hoy tenemos zonas que quedaron en el borde: ni funcionan bien como sistema productivo ni pueden recuperarse solas”, advierte.
En ese escenario, la restauración aparece no solo como una herramienta ambiental, sino también como una oportunidad económica. Los mercados voluntarios de carbono están impulsando con fuerza proyectos de forestación y restauración en todo el mundo. “Los proyectos que más interés generan hoy son los de Aforestación, Restauración y Reforestación. Pero para que estos proyectos sean viables, necesitan escala —hablamos de mil hectáreas o más—, y eso es muy difícil de lograr con las técnicas tradicionales. La tecnología que estamos desarrollando permite llegar a esa escala y hacerlo de manera más eficiente”, explica.
Para Gasparri, la articulación con instituciones como la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT es clave para garantizar la calidad de los proyectos y para que la comunidad científica local tenga un rol protagónico en la innovación territorial. “Entendemos que el vínculo entre la empresa y el sistema científico es natural y necesario. Nosotros aportamos la tecnología, la capacidad de operación y la visión regional, y la academia aporta conocimiento, validación y la posibilidad de ajustar nuestras prácticas. Es una retroalimentación que fortalece a todos”, afirma.
A días del encuentro, el entusiasmo crece. “Queremos que la gente venga, que vea los drones en acción, que entienda cómo funciona la tecnología y que podamos conversar sobre cómo escalar la restauración en Tucumán y en toda la región”, invita el especialista. Con el avance del cambio climático y la presión sobre los ecosistemas, la innovación ya no es una opción: es un camino necesario. Y en ese camino, la ciencia y el campo vuelven a encontrarse para recuperar lo que aún es posible salvar.













