La historia lamentablemente se repite, pero cada vez con mayor crudeza. En el oeste y el sur de la provincia de La Pampa, los incendios rurales y forestalesavanzan y ya dejaron una marca profunda en el entramado productivo.
Según estimaciones preliminares, más de 83.000 hectáreas fueron consumidas por las llamas y hay pérdidas de terneros en las últimas semanas, afectando de lleno a distritos como Jacinto Arauz, Santa Isabel, Rucanelo, Quehué, Utracán, Hucal y Guatraché, entre otros.
Al viernes 2 de enero por la tarde, al momento de cierre de este reporte, todos los focos encuentran “contenidos” según lo explicado por las autoridades de Defensa Civil de la provincia.
Pero para los productores agropecuarios afectados, la situación recién está comenzando y las consecuencias se observarán a lo largo del tiempo.
El fuego no solo arrasó pastizales y monte: también golpeó a la actividad ganadera, con pérdidas de infraestructura, mortandad de hacienda y un impacto económico que todavía resulta imposible de dimensionar en su totalidad.
En un contexto de temperaturas extremas, con registros que superaron los 46 grados, y tormentas eléctricas con escasa o nula precipitación, el escenario se volvió explosivo.
En muchas zonas, la chispa inicial fue un rayo. En otras, una colilla, una botella o una chispa desprendida de un camión en rutas sin mantenimiento. El resultado, en todos los casos, es el mismo: campos negros, alambrados caídos y productores que miran lo perdido sin saber por dónde empezar.
“EN DOS SEGUNDOS TE CONSUME TODO”
En el departamento Hucal, una de las zonas más castigadas, la productora Gisela Rochon todavía intenta procesar lo ocurrido. Hace diez años dejó su trabajo administrativo para dedicarse de lleno al campo familiar. Ese esfuerzo, asegura, quedó comprometido en cuestión de minutos.
“A mí me afectó la mitad del campo. Todo a base de esfuerzo, de pulmón, levanté todo un campo que estaba prácticamente destruido.. y ver que en dos segundos el fuego te consume todo es terrible”, relató la productora.
La situación se agrava porque la mayoría de los productores de la zona son pequeños, con superficies que rondan entre 500 y 700 hectáreas. Muchos de ellos perdieron su producción anual.
“Lo que más duele es cuando se pierden terneros, que es la producción que vos venís piloteándola todo el año. Eso es lo que después te permite vender y comprar un rollo de alambre. Pero si la producción no está, no tenés con qué recuperarte”, señaló Rochon.
LA CONTENCIÓN, DESDE EL VECINO
Más allá de las pérdidas materiales, el testimonio de Rochon expone una herida que va más allá del fuego: la sensación de abandono. En medio de la emergencia, asegura, la ayuda más concreta llegó desde otros productores, amigos y vecinos.
La crítica apunta directamente a la falta de reacción inmediata de las autoridades locales y provinciales. “Nos conocemos todos. Me parece que tenés que levantar el teléfono y aunque sea decir: ‘Che, ¿qué necesitás?’”, reclamó convencida.
El temor, además, es que lo peor todavía no haya pasado. “El verano recién arranca. Las tormentas eléctricas van a seguir y esto se va a seguir prendiendo. Si no se toma dimensión del problema, no va a quedar nada”, advirtió.













