Si bien el triunfo de Javier Milei en las elecciones de 2023 marcó el rumbo de lo que sería una presidencia signada por el reordenamiento macroeconómico y la aplicación de la mentada “motosierra”, el paso de la misma no arrancó inmediatamente en todas las áreas del Estado.
En el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), técnicos y directivos de las distintas regiones del país mantuvieron la guardia en alto desde la asunción del primer encargado del área de la administración libertaria, Fernando Vilella.
En su primera aparición pública como tal, pero antes de ser nombrado, marcó el rumbo de lo que vendría después: “En el INTA hay que generar un programa de trabajo, y en mi manera de ver, la extensión es un área en la que tenemos que trabajar mucho, que atienda a los objetivos originarios del INTA”. Era diciembre de 2023.
Por eso, además de los “objetivos originarios” que mencionó, sostuvo: “Hay otros que se fueron mezclando en el tiempo, que tienen que ver más con la acción social que con la producción o la tecnología agropecuaria. Esa es una discusión que hay que dar”, calificó.
EL INTA EN LA ERA MILEI
En aquellos tiempos se decidió que la conducción del Instituto quede en manos de Juan Cruz Molina Hafford y María Beatriz Giraudo. El primero renunció a su cargo en octubre de 2024. La segunda, se mantuvo como vicepresidenta del actual presidente, Nicolás Bronzovich, hasta que en julio del año pasado pasó a presidir el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
Tal vez como un acto de blindaje, o al menos un intento, en los días de la salida de Molina Hafford desde algunas regionales del país apelaron a mostrar “lo suyo” y su contribución al entramado productivo de cada zona.
Un reporte de este medio en algunas Estaciones Experimentales de Mendoza y San Juan fue una muestra de ello, donde las conducciones locales buscaron mostrar la sinergia activa y real entre la investigación estatal y las inversiones privadas.
Lo mismo se vio en Expoagro, en Buenos Aires, o en Agronea, en Chaco: técnicos al mando de las investigaciones en genética zona por zona y reconocidos por la industria, pero a su vez visiblemente inquietos por una situación de fragilidad laboral.
En diciembre pasado, el director del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA, Claudio Galmarini, lo remarcó ante el portal de noticias Campo Andino.
Sostuvo que “el mayor impacto se siente por el lado de los recursos humanos”, y que la regional que comanda se vio condicionada “fuertemente” ante “la imposibilidad de reponer las vacantes que se dan por jubilaciones o por renuncias”.
También habló de las bajas que se dieron por programas de retiros voluntarios. “A nivel nacional, nuestra planta de personal disminuyó en alrededor del 18%, y a nivel regional estamos más o menos en ese orden, en torno al 16% promedio, con diferencias entre estaciones experimentales. Esto, claramente, restringe nuestra capacidad de dar respuesta a las demandas que tenemos desde el sector agropecuario y agroindustrial”, remarcó ante ese medio.













