En un escenario donde la ganadería argentina vuelve a mirar con optimismo el horizonte exportador, la planificación estratégica y la profesionalización de los sistemas productivos se convierten en ejes centrales. Para Miguel Aurelis y Ramiro Rosa, médicos veterinarios y referentes de Consultora Taurus, el desafío actual no pasa solo por aplicar protocolos sanitarios o mejorar índices reproductivos, sino por construir empresas ganaderas con visión integral y metas de mediano y largo plazo.
“La consulta inicial casi siempre arranca por lo económico”, explican. “El productor quiere saber si el resultado de aplicar alguna técnica va a tener un impacto positivo en los números de la empresa. Eso es lo más importante”. Desde esa premisa, el trabajo de la consultora apunta a encontrar la herramienta que mejor se adapte a cada sistema productivo, entendiendo que no existen recetas universales.
En algunos casos, reciben productores que están dando sus primeros pasos, con infraestructura limitada y recursos ajustados. Allí, el enfoque cambia. “Tal vez la recomendación técnica no sea arrancar con inseminación artificial, sino primero desarrollar el campo para poder aplicar el resto de las tecnologías en el futuro”, señalan. En otros establecimientos, en cambio, el planteo ya está consolidado y la meta es maximizar resultados. “Ahí el asesoramiento apunta a mejorar los porcentajes de preñez, seleccionar mejor las hembras o trabajar con semen de toros con características superadoras”, agregan.
Esa capacidad de adaptación es, para Aurelis y Rosa, la base de un asesoramiento moderno. No se trata solo de sanidad o reproducción en forma aislada, sino de entender el sistema como un todo y acompañar al productor en la toma de decisiones estratégicas.
Cuando se habla de planificación a largo plazo, la conversación inevitablemente se cruza con el contexto económico y las políticas ganaderas. “Hoy la política está claramente orientada a la exportación”, sostienen. La ampliación de cuotas para carne en Estados Unidos, los posibles acuerdos con la Unión Europea y la apertura de mercados en Asia marcan una dirección clara para el sector.
Pero la ganadería tiene tiempos biológicos que no se pueden acelerar. “Si uno piensa en producir novillo pesado para exportación, tiene que sumar el tiempo de gestación de la vaca, la crianza, la recría y el engorde. Son proyectos de mediano a largo plazo”, explican. Por eso, remarcan la importancia de “marcar el norte, definir cuál es el objetivo de la empresa y trabajar en equipo para alcanzarlo”.
En la práctica, esto implica sentar bases sólidas en sanidad, reproducción y alimentación, y luego trazar metas realistas en función del mercado al que se quiere apuntar. “Los proyectos que acompañamos están pensados para sostenerse en el tiempo, no para resolver una campaña puntual”, aseguran.
El trabajo en equipo es otro pilar fundamental. “No hay una mirada absolutista”, afirman. “Somos parte de un eslabón en una cadena donde todos recolectamos información, la analizamos y la ponemos sobre la mesa junto al productor y los encargados de campo”. Esa mesa de diálogo permanente permite evaluar oportunidades en protocolos sanitarios, programas reproductivos, alimentación y gestión empresarial.
“Todos compartimos el mismo norte: que cierre el número, que la empresa maximice su rentabilidad”, remarcan. Las decisiones, insisten, deben ser consensuadas y basadas en datos, no en intuiciones o costumbres heredadas.
En los últimos meses, la demanda de asesoramiento se ha intensificado. “Hemos tenido muchas consultas en materia de reproducción”, cuentan. Programas de inseminación artificial, análisis de calidad seminal en toros, soporte técnico a colegas y revisión de planes sanitarios forman parte del día a día.
También crece el interés de nuevos actores. “Hay emprendedores que quieren entrar al negocio ganadero y buscan hacerlo de manera profesional, no como en la vieja escuela”, explican. En ese sentido, destacan que hoy los productores están más dispuestos a conformar equipos técnicos para mitigar riesgos y optimizar recursos.
Entre los trabajos recientes mencionan protocolos de saneamiento en brucelosis y tuberculosis, análisis de toros en cabañas para garantizar la calidad de los reproductores, resincronización en programas de inseminación y selección de vaquillonas destinadas a exposición. “La idea es maximizar la cantidad y calidad de vientres en función de los desafíos que se vienen”, señalan.
La mirada hacia 2026 es optimista. “Escuchando a asesores de otras zonas y viendo cómo se está planteando la política ganadera, creemos que hay un futuro promisorio”, sostienen. Después de años de dificultades, perciben un cambio de clima. “Se están alineando los planetas”, dicen, convencidos de que el sector atraviesa una etapa de oportunidades.
Para los productores que ya están en actividad, el mensaje es claro: es momento de eficientizar y profesionalizar. Para los inversores que buscan alternativas, la ganadería aparece como una opción atractiva. “Es un buen año para invertir. Hay campos para desarrollar y campos ya desarrollados que pueden recibir hacienda y ser muy productivos”, afirman.
Más allá de los técnicos, el impacto se extiende a toda la cadena. “No es solo positivo para los asesores, sino también para proveedores y todos los actores vinculados al rubro”, agregan.
En definitiva, la propuesta de Aurelis y Rosa no se limita a mejorar indicadores sanitarios o reproductivos. Se trata de pensar la ganadería como empresa, con estrategia, planificación y trabajo en equipo. En un contexto donde la exportación gana protagonismo y los mercados exigen eficiencia y calidad, la consigna parece clara: mirar más allá de la urgencia y construir sistemas sólidos que resistan el paso del tiempo.













