En un contexto donde la eficiencia productiva dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad, la llegada de nuevas tecnologías al agro del norte argentino abre un escenario de oportunidades. En ese camino se inscribe el desembarco de Irrinor en el NOA, una empresa con amplia experiencia en sistemas de riego que busca posicionarse en la región con propuestas adaptadas a cultivos como hortalizas, limón, caña de azúcar y pasturas.
“Nosotros arrancamos en el año 97 y ya vamos camino a los 30 años. Empezamos con sistemas de riego por goteo en viveros, flores y plantas de interior, y después dimos el salto al campo, a cultivos extensivos”, repasó Guillermo Díaz, uno de los referentes de la firma. Con base en el Parque Industrial de Pilar, Irrinor fue expandiendo su alcance y hoy cuenta con presencia también en Coronel Suárez y una reciente apertura en Concepción, Tucumán, desde donde proyecta su crecimiento en el norte.
El vínculo con la región no es nuevo. “Ya en el 2003 estuvimos trabajando con Martín, lo que permitió empezar a desarrollar también la zona del norte argentino”, recordó Díaz, en relación a Martín Pfister, encargado de liderar el desarrollo territorial en el NOA. “Somos amigos desde esa época y ahora socios, y estamos viajando constantemente para acompañar este crecimiento”, agregó.

Para Tfister, la llegada de Irrinor responde a una combinación de experiencia acumulada y una oportunidad concreta. “Siempre tuvimos contacto con Guillermo y la empresa, y creemos que hay un potencial enorme en el norte. El año pasado surgió la posibilidad de que ellos empiecen a importar equipos como pivots y enrolladores, y eso nos llevó a pensar en una estructura más firme en la región”, explicó.
La elección de Concepción como base operativa no fue casual. “Arrancamos con equipos específicos como los enrolladores, que tienen mucha demanda en zonas paperas, y en el sur de Tucumán encontramos productores importantes. Pero hoy estamos abarcando mucho más: estamos viajando a Orán para instalar un pivot en el Ingenio Tabacal, por ejemplo”, detalló.
El denominador común en todos estos proyectos es el mismo: la necesidad de mejorar la gestión del agua. “Hoy es muy difícil pensar cualquier proyecto productivo sin considerar el riego. Incluso en zonas donde las lluvias no son escasas, hay momentos críticos donde el aporte del riego es determinante”, señaló Díaz. Y fue más allá al identificar los principales desafíos: “La obtención de agua de calidad y el costo energético son dos factores clave. La eficiencia en el uso del agua y de la energía puede definir la rentabilidad de un sistema”.
En ese sentido, el avance tecnológico juega un rol central. “Hace tres o cuatro años empezamos a notar un cambio en la mentalidad del productor. Antes el riego era algo más puntual, en determinados cultivos. Hoy se busca integrar tecnología, sensores, control de variables, y eso genera un salto en la productividad”, afirmó.
Tfister coincide en ese diagnóstico y lo vincula directamente con el contexto actual del agro. “El productor hoy está en una búsqueda constante de eficiencia. Ya no alcanza con sembrar y esperar buenos precios. Hay que optimizar recursos, mejorar rendimientos y lograr estabilidad. El riego es la base para eso, porque te permite también mejorar la fertilización y el manejo en general”, sostuvo.
Uno de los sistemas que gana terreno es el riego por goteo enterrado, una tecnología que, según Díaz, tiene décadas de desarrollo pero que en Argentina comenzó a expandirse con fuerza en los últimos años. “Se empezó a usar hace más de 40 años en Estados Unidos, principalmente en alfalfa, y en nuestro país tomó impulso hace unos 10 años en cultivos intensivos. Hoy se puede aplicar en una gran variedad de cultivos, incluso extensivos”, explicó.
Las ventajas son claras: mayor eficiencia en el uso del agua, menor evaporación y una mejor respuesta de las plantas, incluso en condiciones adversas. “Permite mantener la humedad constante en el suelo y eso se traduce en una planta que sufre menos estrés y responde mejor en términos productivos”, agregó.
En paralelo, sistemas como los pivots centrales y los enrolladores ofrecen soluciones versátiles según las características del lote. “Depende mucho del terreno, del caudal disponible y del tipo de cultivo. En lotes grandes y planos, el pivot es ideal por su facilidad de manejo. En terrenos más irregulares, el enrollador puede ser una mejor opción”, explicó Pfister.
Más allá de la tecnología, desde Irrinor destacan el valor del acompañamiento técnico. “Cada proyecto es a medida. La inquietud siempre nace del productor, que vio algo o quiere mejorar su sistema, y a partir de ahí nosotros acompañamos, diseñamos y proponemos la mejor solución según sus necesidades”, señaló Díaz.
En un escenario donde la previsibilidad es cada vez más valorada, el riego aparece como una herramienta clave para estabilizar los sistemas productivos. “No soluciona todo, pero es una pata fundamental. Te permite tener mayor control, mejorar la calidad y proyectar a largo plazo”, concluyó.
Con este enfoque, Irrinor apuesta a consolidarse en el norte argentino, acompañando a productores que ya no sólo buscan producir más, sino producir mejor.













