La mecanización y la necesidad de lograr sistemas más eficientes están empujando cambios importantes dentro del cultivo de caña de azúcar en Tucumán. En los últimos años, uno de los conceptos que empezó a escucharse cada vez con más fuerza es el de la canterización, una técnica vinculada principalmente a la plantación mecánica y que busca mejorar las condiciones iniciales del cultivo desde la preparación del suelo.
Juan Giardina, técnico de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), viene trabajando desde hace varias campañas en el estudio de esta herramienta y asegura que el interés de los productores crece año tras año. “Este nuevo sistema de preparación de suelo consiste en una alternativa de preparación, sobre todo vinculada a la plantación mecánica, que es bastante exigente en cuanto a las condiciones del suelo y el contenido de humedad”, explicó.
La técnica consiste en trabajar solamente una franja del terreno donde irá implantada la caña. Para ello se utiliza una maquinaria específica que rompe el rastrojo, subsola y acondiciona el suelo en un ancho aproximado de entre 90 centímetros y 1,10 metro. “Produce una trituración del suelo y forma un cantero; por eso se llama canterizador”, detalló Giardina.
La importancia de esta metodología aparece especialmente en sistemas de plantación mecánica, donde los trozos de caña utilizados son más cortos y, por lo tanto, mucho más sensibles a la deshidratación. “Cuando uno planta un pedazo de caña con entrenudos más cortos, hay mucha más pérdida por deshidratación. Entonces, la preparación de suelo y el contenido de humedad pasan a ser claves para darle las condiciones necesarias a ese trozo de caña para que pueda brotar y establecerse exitosamente”, señaló.
Uno de los principales beneficios observados tiene que ver con la operatividad. Mientras que en un sistema convencional se requieren varias pasadas de maquinaria para preparar el terreno, con la canterización el trabajo puede resolverse prácticamente en una sola intervención. “Con una sola pasada el implemento deja listo el surco para ser plantado. En una preparación tradicional muchas veces se necesitan tres o cuatro pasadas y eso implica más combustible, más tiempo y más costos”, indicó el especialista.
Pero además de la cuestión operativa, Giardina remarcó que la técnica permite conservar mejor la humedad del suelo, un aspecto fundamental en campañas donde las lluvias no acompañan. “Nosotros vimos en algunos ensayos que, frente a situaciones de estrés hídrico, la canterización permitió conservar hasta un 20% más de agua útil en el suelo respecto al sistema tradicional”, sostuvo.
Ese diferencial puede resultar decisivo al momento de implantar un cañaveral. “Cuando las condiciones ambientales no son óptimas, tener un mayor contenido de humedad favorece claramente la implantación”, explicó.
Los estudios realizados por la EEAOC también muestran resultados alentadores en términos productivos. Según Giardina, en algunos lotes se observaron mejores rindes durante la etapa de caña planta, mientras que en soca 1 los rendimientos se mantuvieron similares a los obtenidos con manejo tradicional. “Lo importante es que no hubo reducciones de rendimiento, y eso ya es algo muy positivo”, remarcó.
Otro de los puntos que empieza a captar la atención de los productores es el impacto económico. Al trabajar solamente sobre una franja y no sobre toda la superficie del lote, se reducen considerablemente los costos vinculados al combustible y al movimiento de suelo. “No preparás toda la hectárea, sino solamente el cantero por donde va a pasar la plantadora. Eso genera un ahorro importante”, explicó.
Además, la técnica parece aportar ventajas adicionales para la maquinaria. “La plantadora mecánica transita sobre suelo firme, sobre la trocha que no fue removida, y eso mejora mucho la operatividad”, agregó.
Desde la Estación Experimental también se estudian otros aspectos relacionados con la sostenibilidad. “Estamos haciendo análisis para ver cómo se comportan los microorganismos del suelo comparando una preparación tradicional versus el canterizador”, comentó Giardina, quien destacó que la menor remoción del terreno podría contribuir a conservar mejor la estructura y reducir procesos de erosión.
La aceptación entre los productores viene creciendo, especialmente en zonas donde las condiciones climáticas vuelven más complejo el manejo de humedad. “En las últimas dos campañas avanzó muchísimo el uso del canterizador, sobre todo por una cuestión de oportunidad y eficiencia”, aseguró.
Sin embargo, Giardina aclaró que la técnica no busca reemplazar completamente al sistema tradicional, sino sumarse como una herramienta más dentro del manejo agronómico. “No viene a reemplazar el cultivo tradicional. Es una herramienta útil que se incorpora al parque de maquinarias y que puede ser muy beneficiosa en determinadas situaciones”, afirmó.
En ese sentido, consideró que podría tener un desarrollo importante en el este tucumano, donde las características de los suelos y las condiciones ambientales podrían favorecer su adopción. Incluso recordó que en otras regiones del mundo este sistema también se utiliza para mejorar la eficiencia del riego y reducir pérdidas por erosión.
Mientras la zafra comienza a tomar ritmo en Tucumán, desde la EEAOC continúan evaluando resultados y sumando información para transferir al productor. “Esperamos que sea una buena campaña y que el clima acompañe. La zafra moviliza toda la economía y eso también favorece la renovación de cañaverales y la incorporación de tecnología”, expresó Giardina.
El técnico también destacó que las nuevas herramientas deben ir acompañadas de avances genéticos y materiales saneados. “La maquinaria tiene que ir junto con nuevas variedades, semilleros registrados y materiales saneados. Todo eso es clave para lograr un salto productivo importante”, concluyó.













