Durante años, gran parte de la agricultura argentina construyó sus rendimientos sobre un recurso que parecía inagotable: el suelo. Sin embargo, décadas de producción intensiva, extracción constante de nutrientes y escasa reposición comenzaron a mostrar señales que hoy preocupan a técnicos, investigadores y productores. La fertilidad ya no puede entenderse como una corrección ocasional frente a una deficiencia puntual. El nuevo paradigma exige planificación, diagnóstico y una mirada integral sobre la salud de los sistemas productivos.
Ese será uno de los ejes centrales que abordará el ingeniero agrónomo Nahuel Reussi Calvo durante el minicurso “Nutrición y fertilidad en sistemas agrícolas”, que formará parte del Congreso de Ecofisiología y Manejo Agronómico en Cultivos de Granos. El especialista compartirá herramientas y conocimientos vinculados al manejo del suelo, el agua y los nutrientes en sistemas cada vez más demandantes.
“Tenemos un gran objetivo como sector: producir más, pero desacoplar esa producción del impacto en el medio ambiente”, sostuvo Reussi Calvo al referirse a los desafíos que enfrenta actualmente la agricultura argentina.
El investigador considera que gran parte de las respuestas a esa necesidad se encuentran debajo de la superficie. Mientras la atención suele concentrarse en los rendimientos finales, muchas veces se descuida el principal soporte de toda producción agrícola.
“Uno siempre mira lo que produce el productor porque sus ingresos dependen de la producción, pero muchas veces se descuida el principal sustento de esa producción, que es lo que está debajo de la superficie: el suelo”, explicó.
La preocupación no es menor. Según señaló, la degradación de los suelos es una realidad que atraviesa distintas regiones productivas del país, desde la región pampeana hasta el norte argentino. Esta situación obliga a replantear estrategias de manejo que permitan sostener e incluso aumentar los niveles productivos sin comprometer los recursos futuros.
“La realidad es que nuestros suelos están cada vez más degradados y, por lo tanto, hay que buscar prácticas de manejo que permitan cerrar esas famosas brechas de rendimiento que tenemos en los cultivos”, afirmó.
Dentro de ese conjunto de prácticas, la nutrición ocupa un lugar central. Pero para que la fertilización sea eficiente, primero es necesario conocer el estado real del lote. Allí aparece uno de los datos más preocupantes que compartió durante la entrevista: la baja adopción de análisis de suelo como herramienta de diagnóstico.
“Hoy, a nivel país, solamente en el 30% de los casos de maíz se realizan análisis de suelo para tomar decisiones de nutrición. Sin embargo, se fertiliza más del 90% del área”, indicó.
La contradicción es evidente. Los productores invierten importantes sumas de dinero en fertilizantes sin conocer con precisión cuál es el punto de partida de sus ambientes productivos.
“Eso significa que el productor toma la decisión de invertir en semilla, maquinaria y fertilizantes sin saber cuál es el punto de partida de sus lotes. Ese es uno de los grandes desafíos que tenemos mirando al futuro”, remarcó.
La situación es incluso más preocupante en cultivos como la soja, donde los niveles de muestreo son todavía menores. Según Reussi Calvo, menos del 15% de los lotes reciben análisis de suelo antes de la toma de decisiones nutricionales.
Frente a este escenario, el especialista insiste en una premisa que repite en cada capacitación y encuentro técnico: “Dato mata relato”.
La frase resume una filosofía de trabajo basada en la generación de información objetiva para respaldar las decisiones agronómicas. Para él, no se trata de realizar diagnósticos complejos en todos los ambientes, sino de comenzar a incorporar datos que permitan mejorar la eficiencia de las inversiones.
“Mi recomendación es que los productores empiecen a tomar muestras de suelo para que, al momento de invertir en fertilizante, lo hagan en los ambientes donde realmente hace falta”, explicó.
Uno de los argumentos que más utiliza para promover esta práctica es la relación entre el costo del análisis y el monto total invertido en fertilización.
“Hoy un productor puede invertir entre 100 y 300 dólares por hectárea en fertilizantes. En cambio, un servicio de muestreo y análisis de suelo cuesta entre 3 y 4 dólares por hectárea. Con esa pequeña inversión sabemos cuál es el punto de partida del lote donde vamos a invertir cientos de dólares”, señaló.
La problemática adquiere una dimensión aún más relevante en regiones como el NOA y el NEA, donde históricamente se asumía que los suelos eran naturalmente fértiles y que los problemas productivos estaban asociados principalmente al agua o al clima.
“Durante muchos años se decía que en estas regiones problemas de nutrición no había. Sin embargo, hoy vemos que en apenas diez años de agricultura continua aparecen situaciones que en la región pampeana observamos después de un siglo de producción”, advirtió.
Esa velocidad en los procesos de degradación refleja la fragilidad de muchos ambientes agrícolas del norte argentino y la necesidad urgente de generar información para tomar decisiones más precisas.
El agua es otro de los componentes fundamentales que integran la ecuación productiva. Reussi Calvo recordó que sigue siendo el principal factor limitante para gran parte de la agricultura extensiva nacional.
“La principal limitante que tenemos a nivel país es el agua para la producción de cultivos extensivos”, afirmó.
Sin embargo, explicó que una adecuada estrategia nutricional puede mejorar significativamente la eficiencia en el uso de ese recurso.
“La nutrición basada en diagnóstico permite agregarle valor al agua. Logra que una mayor proporción de esa agua disponible pase por la planta y construya rendimiento en lugar de perderse”, destacó.
Para el especialista, el futuro de la agricultura estará cada vez más ligado a la integración de información, al uso de diagnósticos y a una mejor interpretación de los datos disponibles. Allí aparece otro desafío que considera clave: fortalecer la capacitación de técnicos y asesores en la lectura e interpretación de análisis de suelo.
“El análisis de suelo no es malo; el problema es quién lo interpreta”, señaló.
Por eso considera fundamental generar espacios de formación e intercambio como el Congreso de Ecofisiología, donde los conceptos técnicos puedan transformarse en herramientas concretas para la toma de decisiones.
“En tiempos de brecha de rendimiento hay una gran brecha de adopción del conocimiento. No es que falte información; lo que falta es el vínculo con quienes toman decisiones todos los días en los lotes”, reflexionó.
Antes de finalizar, dejó una frase que sintetiza la mirada de largo plazo que propone para la agricultura moderna: “Recuerden que el suelo tiene vida, pero también tiene memoria. Todo lo que hagamos hoy no solo va a impactar en la producción actual, sino también en la producción futura de alimentos”.
Una definición que resume el verdadero desafío de la fertilidad: dejar de reaccionar ante los problemas para comenzar a planificar el futuro desde el suelo.













