Las materias primas agrícolas se apoyaron en fundamentos propios y lograron desacoplarse parcialmente de un escenario internacional marcado por el encarecimiento del petróleo, el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente y la posibilidad de nuevas subas de tasas de interés. En los últimos días, la atención se concentró en la evolución de los cultivos del hemisferio norte, las decisiones de los fondos especulativos y las señales de demanda.
De acuerdo al análisis realizado por el especialista en agronegocios Dante Romano, Gerente de Research de MAX Agro, la oleaginosa norteamericana ingresó en una etapa decisiva para la definición de rindes, con temperaturas elevadas y menores precipitaciones durante los últimos días. En este contexto, la condición de los lotes cayó un punto, hasta alcanzar un 64% entre buena y excelente, aunque todavía se mantuvo por encima del promedio de los últimos cinco años.
A la incertidumbre climática se sumó una reactivación de las compras chinas, que durante la semana anterior habría negociado 11 buques y, posteriormente, se informaron otras 140.000 toneladas. De esta manera, las operaciones para embarques entre septiembre y noviembre habrían totalizado entre 300.000 y 600.000 toneladas, una señal que reavivó el interés comprador en Chicago.
Con estos movimientos, los fondos especulativos adquirieron más de 6 millones de toneladas y pasaron de una posición neta vendida a una comprada equivalente a 1,3 millones. Mientras el informe mensual del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) redujo las existencias finales norteamericanas a 8,4 millones de toneladas, frente a los 9 millones que aguardaba el mercado.

En la Argentina, la campaña concluyó con una producción de 50,1 millones de toneladas y un rendimiento promedio de 31,3 quintales por hectárea, un 5% superior al ciclo previo. Sin embargo, en cuanto a la comercialización, apenas el 27% del volumen obtuvo precio, contra un promedio del 36%. Al incorporar los negocios a fijar, el compromiso alcanzó el 42%, nueve puntos por debajo de la media histórica.
El maíz sumó volatilidad
Los cultivos estadounidenses conservaron un 67% de condición buena a excelente y atravesaron la floración bajo temperaturas más altas y lluvias escasas. Aunque el estado general permaneció por encima del promedio histórico, los cambios constantes en los mapas meteorológicos generaron movimientos bruscos en las cotizaciones.
El USDA redujo las existencias finales estadounidenses a 45,4 millones de toneladas, por debajo de los 47,5 millones previstos por los privados. Al mismo tiempo, elevó la estimación de producción hasta 406,4 millones, un volumen que superó levemente las expectativas previas.
En el caso particular de Francia, la proporción de cuadros calificados entre buenos y excelentes descendió al 47%, frente al 75% registrado un año atrás, y marcó su nivel más bajo desde 2011 como consecuencia de la sequía. Bajo ese escenario, los operadores financieros recompraron casi 5 millones de toneladas.
En el plano local, la recolección avanzó hasta el 56,4% del área apta, pero mantuvo una demora interanual de 14 puntos porcentuales debido a la elevada humedad. Esta menor disponibilidad física contrastó con la llegada de barcos y la necesidad de abastecimiento de los compradores.
En este escenario, las ventas semanales alcanzaron 800.000 toneladas, el mayor registro desde finales de mayo. Mientras más de 2,5 millones permanecían programadas para embarque, principalmente desde el Gran Rosario.
El cereal tocó sus valores más altos desde mayo luego de que Rusia suspendiera la navegación comercial en el canal Don-Azov, tras un ataque ucraniano con drones contra buques que transitaban ese corredor. La vía concentra alrededor de una cuarta parte de las exportaciones rusas de granos, por lo que cualquier interrupción incrementa el riesgo sobre la oferta mundial.
El reporte del organismo estadounidense reforzó esa tendencia al ubicar los stocks finales globales en 272,84 millones de toneladas, unos 300.000 toneladas por debajo de lo esperado. Estos ajustes incluyeron menores disponibilidades en Estados Unidos y Canadá, mientras el mercado continuó pendiente de la evolución productiva de Australia.
En la Argentina, la implantación progresó hasta el 87,9% de las 6,5 millones de hectáreas proyectadas, con atrasos especialmente visibles en el sur bonaerense por excesos hídricos. Pese a la lentitud de las labores, las lluvias acumuladas y la reducción del costo de los fertilizantes llevaron a elevar la previsión de cosecha a 20,5 millones de toneladas.
El principal interrogante aparece en la oferta que podría acumularse durante los próximos meses. La campaña anterior todavía conserva un volumen importante sin comercializar, mientras las ventas del nuevo ciclo apenas suman 2 millones de toneladas, equivalentes al 10,5% de la producción esperada, frente a un promedio histórico del 16,6%. Esa combinación podría incrementar el remanente y ejercer presión sobre el mercado doméstico si las exportaciones no absorben el excedente.













