En plena ciudad de San Miguel de Tucumán, dos jóvenes amigos encontraron en la hidroponía una manera diferente de producir alimentos y transformar una idea en un emprendimiento. Alex Ferreyra, estudiante de Agronomía, y Adolfo de la Vega, técnico electricista, crearon Campo Bello Hidroponía, un proyecto que comenzó hace tres años y que hoy produce lechugas mantecosa y crespa, mientras avanza con pruebas de nuevas variedades como albahaca y rúcula.
La iniciativa nació a partir de la amistad entre ambos y de la decisión de poner en marcha un proyecto productivo propio. Con formaciones completamente diferentes, encontraron en esa combinación de conocimientos una de las principales fortalezas del emprendimiento. Alex aporta sus conocimientos vinculados con la fisiología vegetal, las plagas, los hongos y las necesidades nutricionales de las plantas, mientras que Adolfo se ocupa especialmente de la parte técnica y de automatización del sistema.
“Todo esto es mucha tecnología atrás del producto que estamos viendo en cámara”, explicó de la Vega durante una entrevista con Suena a Campo. Sensores, bombas y sistemas de control forman parte de una estructura que permite manejar variables fundamentales para el desarrollo de las plantas.
El proceso comienza con la producción de los plantines. Campo Bello siembra sus propias semillas en bandejas y utiliza como sustrato una combinación de turba y perlita, con fertilizante. Allí permanecen alrededor de 30 días, hasta alcanzar el momento adecuado para ingresar al sistema hidropónico.
La segunda etapa se desarrolla en tubos de PVC perforados. A través de ellos circula el agua impulsada por bombas, mientras las plantas reciben los nutrientes necesarios para crecer. Este esquema permite que el cultivo avance de manera simultánea: mientras un grupo de plantines se desarrolla en el invernadero, el sistema hidropónico continúa produciendo.
Según explicaron los emprendedores, una lechuga está lista para la venta aproximadamente a los 35 días. En un sistema tradicional a campo, en cambio, el ciclo puede extenderse entre 65 y 90 días. La reducción del tiempo de producción es uno de los principales atributos que encuentran en la hidroponía.
También aparece una diferencia importante en el uso del agua. En Campo Bello, el agua con nutrientes circula permanentemente y regresa a una cisterna, por lo que puede ser reutilizada. La solución contiene sales minerales y los macro y micronutrientes que la planta necesita para desarrollarse.
El sistema requiere controles permanentes. Adolfo explicó que deben controlar el nivel de agua, la temperatura y la conductividad eléctrica. Además, uno de los aprendizajes más importantes durante los primeros pasos del emprendimiento estuvo relacionado con la oxigenación del agua.
Cuando comenzaron a producir en el techo de la casa de Adolfo, la primera tanda de plantas murió por falta de oxígeno en las raíces. A partir de esa experiencia incorporaron un sistema que permite medir la cantidad de oxígeno presente en el agua y activar una bomba cuando es necesario oxigenarla. En hidroponía, explicaron, el estado de las raíces es un indicador fundamental para evaluar la salud de las plantas.
La sanidad vegetal es otro de los aspectos que destacan los jóvenes. Al no existir contacto con el suelo, disminuyen algunas de las enfermedades a las que están expuestos los cultivos tradicionales. Esto también permite reducir el uso de determinados productos. Para el manejo de insectos, por ejemplo, utilizan jabón potásico.
La diferencia no está solamente en el tiempo de producción o en el manejo del agua. La lechuga hidropónica llega al consumidor con la raíz, lo que permite mantenerla viva durante más tiempo y conservar su frescura. Los emprendedores aseguran que, bajo determinadas condiciones de conservación, puede mantenerse en buen estado durante varias semanas.
Campo Bello comercializa actualmente su producción en Tucumán, a través de verdulerías y otros clientes. Entre sus variedades se encuentran la lechuga mantecosa y la crespa. La primera presenta hojas más gruesas y una textura más suave, mientras que la crespa es más crocante y de mayor tamaño. Esta última también es utilizada por una reconocida sandwichería tucumana.
Para Alex y Adolfo, la actividad tiene potencial de crecimiento y resulta rentable debido al aprovechamiento de los insumos y a la velocidad con la que se obtiene el producto. Pero el proyecto no termina en las variedades que producen actualmente.
“Queremos seguir creciendo, implementar nuevas variedades”, señaló Ferreyra. En ese camino, ya comenzaron a experimentar con albahaca y rúcula, ampliando el abanico de posibilidades del emprendimiento.
Otro aspecto particular de Campo Bello es su ubicación. La producción está instalada en San Miguel de Tucumán y no en un campo. Para los emprendedores, esa característica demuestra una de las ventajas de la hidroponía: al tratarse de un sistema concentrado y organizado, permite aprovechar espacios reducidos y producir dentro de la ciudad.
La tecnología también modificó la manera en que ambos trabajan. No existe una división rígida de tareas: los dos participan de las distintas áreas del emprendimiento, desde la producción hasta las finanzas y la comercialización. Adolfo actualmente tiene mayor participación en el contacto con verdulerías y clientes, mientras que ambos toman decisiones sobre el funcionamiento del negocio.
Esa complementariedad fue clave para superar los primeros obstáculos. “Yo aprendí mucho de él, él aprende mucho de mí”, resumieron, al explicar cómo sus conocimientos se fueron combinando con el paso del tiempo.
Además de vender lechugas, Campo Bello comenzó a recibir consultas de personas interesadas en aprender sobre hidroponía. Los jóvenes están dispuestos a compartir sus conocimientos y asesorar a quienes quieran iniciar una producción de este tipo. Ellos mismos, recuerdan, recibieron ayuda cuando comenzaron y consideran importante devolver ese acompañamiento.
Con 30 y 31 años, Ferreyra y de la Vega todavía tienen mucho camino por recorrer. Pero su experiencia demuestra que el desarrollo de una producción alternativa no necesariamente requiere grandes extensiones de tierra. Con tecnología, capacitación, prueba y error y una combinación de conocimientos, encontraron una oportunidad para producir alimentos en plena ciudad.
Su mensaje para otros jóvenes emprendedores es sencillo: animarse. Para Alex, los resultados llegan “paso a paso”, con esfuerzo y sacrificio. Adolfo lo resume de otra manera: si las ideas no se llevan a la práctica, permanecen solamente como ideas. Y para Campo Bello, aquella idea que nació entre dos amigos ya comenzó a convertirse en una producción concreta, con lechugas que salen de San Miguel de Tucumán rumbo a la mesa de los consumidores.













