Desde hace más de 10 años se ha estado trabajando sobre las reservas o conservación de forrajes con diferentes grados de especialización y/o profesionalismo obteniendo en consecuencia diferentes niveles de costos y respuestas productivas, con variados niveles de impacto de estos recursos en las empresas pecuarias.
En algunos años nos encontramos que las reservas faltan y salimos a pagar precios excesivos por forrajes de subsistencia y en otros nos encontramos con stocks excesivos que agregan una carga financiera al campo y no aumentos en los parámetros de crecimiento productivo esperados.
Es por ello que resulta fundamental que se ponga especial atención en lograr la mayor cantidad de nutrientes cosechados por hectárea, ya que estos son los que en definitiva actuarán a nivel ruminal para que los ciclos productivos sean más cortos, eficientes y rentables.
Hablamos de nutrientes debido a que revisten mayor importancia en los forrajes, por lo que debemos focalizarnos en ellos, mientras que el agua contenida y los diferentes porcentajes de fibra de estos, serán un vehículo de los nutrimentos, limitando en muchos casos (casi en la mayoría) la ingesta de forrajes conservados y por lo tanto de nutrientes por parte de los animales.
Por lo tanto, al momento de tomar la decisión de conservar forrajes, el objetivo primordial debe ser siempre el logro de la mayor concentración de nutrientes, ya sea proteína o energía principalmente.
Cuando se piensa en alimento, lo primero que se plantea es el volumen producido, incluso a veces se toman parámetros estandarizados de materia seca, cuando en realidad las variaciones que se ven a campo por ejemplo en los silajes, están en el orden del 15 y hasta el 20%, limitando en gran medida los procesos de conservación, y el consumo animal, afectando la productividad y rentabilidad del ciclo productivo.
Si pensamos en la fibra, su porcentaje de digestibilidad afectará en forma directa la ingesta o incorporación de nutrientes a nivel ruminal limitando el potencial productivo y lo mismo ocurre con el agua contenida en los silajes, que además de poder limitar el consumo de materia seca (CMS), también tiene un impacto considerable en el movimiento de los “nutrientes” que se desee incorporar en un mixer, comedero, o finalmente en el rumen para que sean destinados a la producción animal.
También necesitamos animales que permitan mayor producción de litros de leche por hectárea o novillos terminados en un menor tiempo, con una mejor circulación de capital.
Si planteamos a modo de ejemplo un establecimiento productor de carne, en su gran mayoría tenemos un giro de activos menor al deseado y en algunos casos esto es debido a una limitación de nutrientes en alguna época del ciclo, demorando la terminación del animal o alargándola innecesariamente.
Por ejemplo, si queremos terminar novillos gordos en dos años y un peso estimado de 450-460 kg (lo cual es muy tentador para el mercado interno y externo), los animales deben estar alimentados de la mejor manera en todo su ciclo productivo, pero cuando las reservas juegan un papel importante en la alimentación y estas no tienen los parámetros deseados, sin dudas que el período de terminación se extenderá, disminuyendo la rotación o velocidad productiva y por lo tanto la rentabilidad del negocio.
Es aquí donde se hace más fácil pensar en nutrientes y no en volumen, sabiendo que los nutrientes son sinónimo de productividad y el volumen excesivo, ocupará un espacio ruminal, limitando la incorporación de los primeros.
Sabemos que la fibra es necesaria para el correcto funcionamiento físico del rumen, pero debe estar en valores de fibra detergente neutro (FDN) que no limiten la “ingesta o incorporación de nutrientes” al mismo.
Otro de los parámetros altamente ligados con la ingesta o el volumen, es el porcentaje de materia seca (%MS), sobre todo de los silajes, el cuál en la actualidad si bien se está mejorando (incremento de la MS en los silos confeccionados en nuestro país) aún queda bastante por mejorar.
La digestibilidad está íntimamente ligada con la energía contenida en los forrajes y esto afecta el porcentaje de uso de los forrajes y nutrientes a nivel ruminal, por lo cual tendremos que considerar algunos factores importantes a la hora de analizar y planificar la confección de nuestros forrajes conservados con el objetivo de llevar, la mayor cantidad de nutrientes del campo al rumen, con el fin de acelerar y eficientizar los procesos productivos.
Ing. Zoot. Guido Gomez Proto
Fuente: Forrajes conservados – Ing. Agr. Pablo Cattani – INTA PRECOP II










