La reciente prohibición del uso de herbicida glifosato en la provincia de Misiones ha generado un intenso debate en el ámbito agropecuario. En tanto, en Tucumán, el agroquímico se utiliza para el control de plagas que afectan los cultivos locales. Desde la Sociedad Rural de Tucumán se oponen a la prohibición de su uso y alegan que las aplicaciones de este producto se realizan bajo la supervisión de profesionales. En diálogo con SUENA A CAMPO, el ingeniero agrónomo Gustavo García, miembro de la comisión directiva de la Sociedad Rural de Tucumán, nos compartió su visión sobre los efectos y desafíos que esta medida conlleva.
«Este debate viene hace tiempo, ahora se puso sobre la mesa por lo que pasó en Misiones, el glifosato es un herbicida cuya función principal es proteger a los cultivos que sembramos de malezas, se usa en cultivo de caña, granos, citrus y en la mayoría de los cultivos del país. Es una herramienta más dentro de un paquete -que incluye tanto química, maquinaria o labranza con personas- para que el cultivo se desarrolle de la mejor manera, que luego se convierte en alimento«, detalló García.
Misiones es la segunda provincia en prohibir el uso del herbicida glifosato, pilar del modelo de agronegocio actual. La ley, que establece una transición hacia la agroecología, fija una fecha límite de uso en 2025. «En Chubut ya rige desde el 2020, son dos provincias puntuales en donde quizás el uso es un tanto menor. No soy partidario de las prohibiciones, hay herramientas del estado y poder legislativo para regular la situación. Creo que se deben brindar las condiciones para que se desarrolle la actividad de forma fructífera«, dijo el ingeniero agrónomo.
En Argentina se aplica glifosato en los campos de soja, maíz y algodón (todos cultivos transgénicos). También se utiliza en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo), vid, yerba mate, girasol, pasturas, pinos y trigo. A partir del avance transgénico, aumentó geométricamente el uso del glifosato, desarrollado y comercializado inicialmente por Monsanto desde la década del 70, aunque en el 2000 se venció la licencia. Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran Bayer-Monsanto, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.
«A veces las condiciones que imponen las medidas no favorecen a los productores que siempre están buscando cómo mejorar su producción, es un dato no menor que se debe atender«, señaló y agregó: «No hay alternativas directas para suplir al glifosato, si se lo utiliza, es porque no hay opciones. En algunas oportunidades puede trabajar con las labranzas mecánicas o de personas, con los cultivos de servicios, pero sería un retroceso, donde no estaríamos aprovechando los avances tecnológicos«.
Según relató García, no hay evidencia científica que avale la medida. «En 2016 la OMS no dio evidencia acerca de los efectos que pueda traer el uso del glifosato sobre la salud humana. Es más, llegaron a la conclusión que si se lo utiliza como corresponde no debería traer inconvenientes, para ellos se debe utilizar diferentes protocolos que son cumplidos a rajatabla por los productores«, dijo y añadió: «Hay volúmenes de aplicación, las maquinarias están certificadas, se respetan los límites y las dosis«.
Para el ingeniero agrónomo, la prohibición de principios activos no necesariamente significa un paso hacia la agricultura sostenible en el futuro. «Hubo un avance importante en ese sentido, pero gracias al trabajo de los productores que están a la vanguardia, probando nuevas tecnologías y trabajando con la rotación de cultivos y salud del suelo con sus respectivas estructuras, en prácticas contra malezas y enfermedades«, destacó.
Más allá de las medidas adoptadas por Chubut y Misiones, García no cree que Tucumán pueda imitar ese modelo. «Cada provincia tiene su situación particular, las condiciones no están dadas en Argentina para ir sobre un avance general en este tipo de medidas por cuestiones económicas y políticas de herramientas. De ser así, esto pondría en riesgo la producción y se vería afectado directamente en los precios. Sin dudas que afectaría a la mesa de los argentinos, generaría un problema de posibilidad de exportación lo que traería problemas en el ingreso de divisas y otras cuestiones. En definitiva pienso que no sería recomendable que la política argentina avance sobre este tema«, finalizó García.
(Fuente: Suena a Campo)












