La agricultura vertical dejó de ser una curiosidad tecnológica para transformarse en una herramienta con gran potencial frente a los desafíos del sistema alimentario global. Así lo demuestra un nuevo estudio encabezado por investigadores de la plataforma TUMCREATE en Singapur —dirigida por la Universidad Técnica de Múnich (TUM)—, que analizó el rendimiento y el impacto ambiental de seis grupos de alimentos cultivados en sistemas verticales de ambiente controlado: cultivos, hongos, algas, insectos, peces y carne cultivada.
El trabajo se inscribe en el marco del proyecto Proteins4Singapore, que apunta a encontrar soluciones sustentables para producir proteínas en entornos urbanos densamente poblados. En este caso, los investigadores estudiaron un sistema de cultivo vertical de 10 niveles y estimaron, a partir de datos experimentales previos, cuánto pueden rendir estos alimentos y cuánto espacio y recursos podrían ahorrar.
Rendimientos hasta 6000 veces mayores
Uno de los datos más impactantes del estudio es el rendimiento proteico por superficie: los cultivos vegetales podrían rendir hasta 300 veces más que en campo abierto, mientras que en el caso de los hongos o los insectos, ese valor podría multiplicarse por más de 6000. La clave está en el uso eficiente del espacio, el control de variables climáticas y la posibilidad de producir durante todo el año sin interrupciones.

Además de mejorar los rendimientos, estos sistemas eliminan el uso de agroquímicos y antibióticos, reducen al mínimo el consumo de agua y permiten producir cerca del consumidor final, disminuyendo también la huella logística.
“La agricultura vertical supone una valiosa incorporación en contextos donde la agricultura tradicional alcanza sus límites, como zonas densamente pobladas o afectadas por fenómenos meteorológicos extremos”, explicó la Dra. Vanesa Calvo-Baltanás, investigadora principal del trabajo.
Reciclaje, eficiencia y menos energía
El estudio también destaca que alimentos como los hongos o los insectos tienen requerimientos energéticos mucho menores que otros cultivos tradicionales, ya que no dependen tanto de la luz artificial. Esto permite reducir el principal costo ambiental y económico de estos sistemas: el uso de energía.
Además, estos organismos pueden aprovechar los residuos de otros cultivos del sistema, transformándolos en alimentos ricos en proteínas, lo que abre la puerta a una lógica circular de producción dentro del mismo edificio agrícola.
“El potencial de la agricultura vertical está lejos de agotarse”,indicó Senthold Asseng, profesor de Agricultura Digital en la TUM. “Estos sistemas permiten pensar en cadenas de producción alimentaria completamente integradas y eficientes”.
Obstáculos a superar: energía y aceptación
Sin embargo, no todo es simple en este nuevo modelo. Según los investigadores, aún queda mucho por resolver en términos de eficiencia energética y, sobre todo, aceptación social. Aunque los insectos y las algas ofrecen ventajas nutricionales y ambientales, todavía enfrentan resistencias culturales a su incorporación en la dieta diaria.
“La agricultura en ambientes controlados puede revolucionar la producción de alimentos. Pero para que alcance su máximo potencial, se necesitan avances tecnológicos, políticas públicas adecuadas y participación social”, concluyó la Dra. Calvo-Baltanás.
Mientras el cambio climático y la urbanización presionan al modelo productivo tradicional, estudios como este proponen repensar cómo, dónde y con qué producimos nuestros alimentos. La agricultura vertical no es solo una solución de nicho: podría ser una columna vertebral del sistema alimentario del futuro.













