La campaña de maíz 2025 transcurre con un clima de cautela, pero también con expectativas renovadas para los productores del NOA. Luego de un ciclo complejo marcado por fuertes presiones sanitarias, la mirada técnica vuelve a centrarse en el manejo agronómico, el monitoreo oportuno y la toma de decisiones basadas en información. En ese contexto, el análisis de plagas clave como Spodoptera frugiperda y la experiencia acumulada en los últimos años se convierten en herramientas fundamentales para sostener la estabilidad del cultivo.
Lucas Cazado, doctor y referente técnico-académico, describe el escenario actual como “muy distinto al de campañas anteriores”. Según explicó, “la situación fitosanitaria del maíz viene siendo alentadora, sobre todo si la comparamos con lo que fue la epifitia de la campaña 23/24”. En la región central del país, donde predomina el maíz temprano, la presencia de plagas como la chicharrita fue prácticamente nula. En el NEA, en cambio, se detectaron focos más activos, asociados a grandes superficies implantadas de manera temprana. “Son ambientes donde estas especies son endémicas y acompañan al ciclo del maíz desde siempre”, aclaró.
En el NOA, y particularmente en Tucumán y zonas de influencia, el panorama es más tranquilo. “Estamos detectando muchos lotes sin presencia o con niveles muy bajos”, señaló Cazado, aunque advirtió que se trata de un período en el que naturalmente pueden comenzar a observarse incrementos poblacionales. Aun así, destacó que las comparaciones con campañas previas muestran diferencias claras. “Los niveles actuales no tienen nada que ver con lo que fue aquella situación crítica, y eso genera una expectativa positiva para la siembra de maíz”, afirmó.
Parte de esa mejora se explica por decisiones de manejo. El control de maíces voluntarios o “guachos” se transformó en una práctica clave, especialmente en la provincia. “Hubo una fuerte recomendación y un compromiso de los productores para mantener ese control a rajatabla”, indicó. A esto se sumaron condiciones ambientales particulares. “Este año no tuvimos tanto frío, pero sí mucha amplitud térmica, y eso podría haber favorecido la disminución de las poblaciones del insecto en meses críticos como agosto y septiembre”, explicó.
De cara a lo que viene, la estrategia se apoya en varias patas. “No existe un maíz 100% tolerante a estas problemáticas”, remarcó Cazado, y por eso insistió en la importancia de elegir correctamente los híbridos y complementarlos con un manejo químico racional. La experiencia de los últimos tres años dejó aprendizajes claros. “Cuando trabajamos con poblaciones bajas, los insecticidas funcionan muy bien, pero sabemos que no tienen una residualidad prolongada”, sostuvo. Por eso, el monitoreo vuelve a ocupar un lugar central. “Detectar a tiempo los cambios poblacionales es clave para intervenir de manera eficiente”, subrayó.
La presión de Spodoptera frugiperda también estuvo en el centro de la discusión técnica durante esta campaña. Distintas instituciones comenzaron a observar, en regiones del NEA y centro-este del país, posibles fallas de control en maíces con tecnologías biotecnológicas avanzadas. “No queremos generar alarma, pero sí advertir que hay que recorrer los lotes”, expresó Cazado. Y agregó una reflexión de fondo: “El maíz ha puesto mucho peso en la biotecnología, pero la biología cambia, y tenemos que estar preparados para gestionar esos cambios”.
En el norte argentino, por ahora, no se detectaron situaciones similares. Sin embargo, el mensaje es claro. “Confiar en la tecnología no implica dejar de monitorear”, afirmó. La isoca militar, recordó, es una de las plagas más importantes del cultivo porque puede afectar tanto la etapa vegetativa como la reproductiva, y completar varios ciclos dentro del mismo lote. “La biotecnología es una gran ayuda, pero siempre debe ir acompañada de decisiones agronómicas oportunas”, resumió.
Más allá del frente sanitario, el desempeño del cultivo en términos de rendimiento muestra señales moderadamente optimistas. “Nuestro ambiente no tiene las condiciones del centro-sur del país, pero manejando bien los recursos se pueden lograr rendimientos muy aceptables”, señaló Cazado. La clave pasa por entrar con lotes limpios, elegir correctamente la fecha de siembra y ajustar cada práctica al contexto. El temor residual a ciertas plagas todavía influye en algunas decisiones, a veces en detrimento del potencial del cultivo, pero el balance general es positivo. “Si las lluvias acompañan, vemos un escenario alentador para que el productor tenga un buen año con maíz”, sostuvo.
Ese proceso de aprendizaje colectivo también se refleja en los espacios de intercambio técnico. En junio de 2026, Tucumán será sede del Congreso de Ecofisiología y Manejo Agronómico de Granos, un evento que busca consolidarse como referencia regional. “La idea es generar un espacio académico y técnico donde podamos frenar la pelota, aprender y discutir hacia dónde va el manejo de los cultivos”, explicó Cazado. El enfoque combinará ecofisiología, protección de cultivos, tecnología de siembra y aplicación, con un objetivo claro: producir más y mejor, utilizando de manera eficiente los recursos disponibles.
“El desafío es entender cómo se construye el rendimiento en nuestros ambientes, con sus limitaciones de temperatura y humedad”, concluyó. En un escenario cambiante, donde las plagas, el clima y los mercados exigen respuestas cada vez más precisas, el maíz del NOA se apoya en el conocimiento, el monitoreo y la articulación entre ciencia y producción para seguir siendo una opción viable y estratégica.













