El monitoreo temprano y sistemático de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) se afirma como el pilar central para ordenar las estrategias de manejo del cultivo.
Así lo señalaron especialistas del INTA durante un conversatorio técnico con productores y asesores, donde se compartió información actualizada sobre la presencia del insecto, las densidades registradas y el porcentaje de individuos portadores de los patógenos asociados al achaparramiento.
Los relevamientos realizados hasta el momento muestran que los maíces tempranos no presentan riesgo, mientras que en los maíces de segunda la probabilidad de impacto sigue siendo baja, especialmente al sur del paralelo 30.
No obstante, sí es una campaña que podría generar algunas complicaciones. María de la Paz Giménez Pecci, investigadora asociada del IPAVE-CIAP, indicó: “Se estima que la campaña 2025/26 será intermedia entre la epidemia de 2023/24 y la campaña 2024/25, que transcurrió sin inconvenientes”.
Según los datos de las redes de monitoreo, no todos los sitios registran presencia del insecto, lo que permite ajustar las decisiones sin caer en generalizaciones.
En ese marco, el Conversatorio sobre Chicharrita y achaparramiento del maíz se planteó como un espacio de intercambio para poner en común información técnica y brindar herramientas que permitan una toma de decisiones más precisa frente a la aparición puntual del vector en algunas zonas productivas.
MONITOREAR PARA CONTROLAR A LA CHICHARRITA
“El monitoreo es la base para cualquier decisión”, remarcó Eduardo Trumper, coordinador del Programa Nacional de Protección Vegetal del INTA.
En ese sentido, explicó que conocer si hay o no chicharritas en un lote, y en qué magnitud, cambia completamente el enfoque de manejo. “No es lo mismo encontrar densidades muy bajas que muy altas; esa información orienta el análisis técnico”, sostuvo.
Los especialistas coincidieron en que, al sur del paralelo 30, el riesgo en maíces de segunda no sería elevado. Hasta el momento, los monitoreos muestran pocos sitios con presencia del insecto, aunque advirtieron que las densidades están en aumento y que el seguimiento debe mantenerse.
En contraste, el escenario es distinto en el NEA y el NOA, donde los maíces de segunda o tardíos se encuentran en estados fenológicos iniciales, que son los más susceptibles. Allí, las redes de monitoreo indican que las densidades actuales de chicharrita son menores a las registradas durante la campaña epidémica 2023/24, por lo que el riesgo sería más bajo que en aquel ciclo.
MANEJO QUÍMICO: DECISIONES CASO POR CASO
En relación con el control químico, los técnicos fueron claros: no existe una única respuesta válida para todos los lotes. Las decisiones deben evaluarse en función de la información que aporta el monitoreo y de la situación particular de cada ambiente.
En los casos en que se opte por una aplicación, se recomendó focalizarla en la bordura del lote, salvo que el relevamiento indique una densidad significativa de Dalbulus maidis en toda la superficie.
“Las decisiones son aproximaciones técnicas, no recetas”,enfatizó Trumper, al tiempo que subrayó la necesidad de balancear costos y beneficios y utilizar únicamente productos aprobados por el sENASA.
Los especialistas aclararon que, si bien la eficacia puntual de una aplicación puede alcanzar valores cercanos al 80 %, esto no garantiza el éxito del manejo, ya que pueden producirse reinfestaciones por dispersión desde lotes vecinos.













