El huevo, uno de los alimentos más tradicionales y accesibles de la dieta, atraviesa en Argentina un momento histórico. Con un consumo que roza las 400 unidades por persona al año, el país se posicionó como el mayor consumidor per cápita del mundo, superando incluso a referentes históricos como México. Este fenómeno no solo refleja un cambio en los hábitos alimentarios, sino también el crecimiento sostenido de la avicultura y su impacto en economías regionales como la del norte argentino.
Para entender este proceso, conversamos con Marcos Auat, referente del sector avícola, quien analizó las causas detrás de este boom y sus implicancias productivas. “Realmente creo que es bueno para el conjunto de la sociedad. Empieza siendo más bueno para el consumidor y luego va mejorando el negocio para el productor”, explicó.
Lejos de tratarse de una moda pasajera, el crecimiento del consumo responde a transformaciones profundas en la forma en que los argentinos se alimentan. Según Auat, uno de los puntos de inflexión fue la pandemia, que modificó conductas y aceleró tendencias que ya venían gestándose.
“El cambio en la tendencia de consumo se dio muy abruptamente desde la pandemia. Se generaron hábitos que hicieron que el consumo de huevos se masificara en todos los tipos de ciudades y estratos socioculturales”, señaló.
Este aumento no ocurrió de manera aislada. Fue acompañado por una mayor producción, que hoy supera los 18.900 millones de huevos anuales, y por un trabajo sostenido del sector para posicionar al producto dentro de la dieta cotidiana.
“Esto tiene que ver con la disponibilidad del producto, una mejor difusión de sus bondades y el trabajo de las cámaras que acercaron el huevo culturalmente al consumidor”, agregó.
Uno de los cambios más notorios se observa en el rol que el huevo ocupa hoy en la alimentación diaria. Si hace algunas décadas era considerado un complemento o ingrediente secundario, hoy se consolidó como protagonista en múltiples comidas.
“Hace 20 años el huevo era un ingrediente más, como en una ensalada o una milanesa, y de repente pasó a ser un plato principal. Hoy un omelet, un revuelto o huevos en el desayuno son comunes en la mesa de los argentinos”, explicó Auat.
Esta transformación también se refleja en nuevos hábitos de consumo, donde el huevo aparece en distintos momentos del día. “Pasó a comerse en las cuatro comidas, algo absolutamente inédito que se está consolidando”, remarcó.
El cambio cultural estuvo acompañado por un giro clave en la percepción nutricional del alimento. Durante años, el huevo fue cuestionado por su relación con el colesterol, lo que limitaba su consumo. Sin embargo, avances científicos y nuevas investigaciones permitieron revertir esa idea.
“Hubo un gran aporte de la ciencia que demostró que el colesterol no está asociado al consumo del huevo en sí mismo, sino al colesterol dietario total. Se desmitificó su efecto negativo”, explicó.
A esto se sumó el impacto de las redes sociales y la creciente preocupación por la alimentación saludable, factores que ayudaron a reposicionar al huevo como una fuente de proteína de alta calidad, accesible y versátil.
“El huevo tiene características únicas: no tiene estacionalidad, está disponible todo el año, es accesible y se adapta a todo tipo de preparaciones”, destacó.
En este contexto, provincias como Tucumán no quedaron al margen de la tendencia. Según Auat, el consumo local refleja lo que ocurre en los grandes centros urbanos, aunque con ciertas particularidades. “Tucumán es la metrópolis del norte y recibe tendencias que llegan primero a ciudades como Buenos Aires o Rosario. Eso pasó con el huevo y su incorporación en bares y restaurantes en las cuatro comidas”, señaló.
Sin embargo, el crecimiento del consumo también plantea desafíos productivos. A nivel nacional, el sector logró acompañar la demanda con inversiones en infraestructura y mejoras sanitarias. “Hoy más que nunca están alineadas la oferta con la demanda. Hubo momentos de sobreoferta, pero ahora los precios están más equilibrados y hubo una gran inversión en el sector”, explicó.
En el caso de Tucumán, la situación es diferente. La provincia no logra autoabastecer su consumo interno y depende en gran medida de la producción proveniente de otras regiones. “Estamos cubriendo entre un 50 y un 60% de la demanda interna. Casi la mitad del consumo viene de otras provincias”, indicó.
A esto se suma un problema estructural vinculado a la informalidad en la comercialización. “La forma en que ingresa el huevo a la provincia no siempre es formal, y eso genera distorsiones en los costos y en la competencia”, advirtió.
Pese a estos desafíos, el crecimiento del consumo abre oportunidades para nuevos emprendimientos dentro del sector avícola, especialmente en regiones donde la producción aún tiene margen para expandirse. En paralelo, la sanidad sigue siendo uno de los puntos críticos para el desarrollo de la actividad. En este sentido, la gripe aviar aparece como la principal amenaza a nivel global. “La gripe aviar es el fantasma número uno. Argentina históricamente fue un país libre sin vacunación, lo que es una ventaja para el comercio internacional”, explicó Auat.
Si bien el país enfrentó algunos episodios recientes, el sector trabaja para recuperar plenamente su estatus sanitario. “Las detecciones se dieron principalmente en rutas migratorias de aves y luego pasaron a aves de traspatio y algunas granjas”, detalló.
En el caso de Tucumán, la situación presenta ciertas ventajas comparativas. “Tenemos una defensa relativa porque no somos una zona prioritaria para aves migratorias y no hay una gran concentración de granjas, lo que reduce el riesgo”, explicó.
Con un consumo en alza, un producto cada vez más valorado y un sector que busca consolidarse, el huevo se posiciona como uno de los pilares de la alimentación en Argentina. Lo que comenzó como un cambio de hábito hoy se transforma en una tendencia estructural que redefine tanto la mesa de los argentinos como el futuro de la producción avícola.













