La horticultura del NOA atraviesa un momento bisagra. En un escenario atravesado por cambios climáticos, presión sobre los costos y mercados cada vez más competitivos, el sector comienza a replantearse sus bases productivas. El Congreso Internacional Frutihortícola Orán 2026 aparece así como un espacio estratégico para debatir estos desafíos y pensar nuevas formas de producir. Dentro de ese marco, el denominado “Bloque del Norte” busca poner el foco en una región clave para el abastecimiento de alimentos, pero que enfrenta limitantes estructurales que condicionan su desarrollo.
Uno de los disertantes será el ingeniero agrónomo Omar Medina, de la empresa Cumanda, quien aportará su mirada sobre la necesidad de rediseñar los sistemas hortícolas. Para el especialista, el rol del NOA en la matriz productiva nacional es tan estratégico como poco visibilizado. “El NOA es el que provee frutas subtropicales y hortalizas de verano en invierno a todo el país. Hay más de 45 millones de habitantes y en gran parte del país no se pueden producir estos cultivos en esa época. Entonces alguien tiene que hacerlo, y ahí aparece una gran oportunidad para el norte”, explicó.
Sin embargo, ese potencial convive con múltiples desafíos. Medina advierte que uno de los principales condicionantes es el contexto económico, con costos elevados y competencia internacional creciente. “Ese mercado del sur es muy tentador, pero no solo para el norte argentino, sino también para otros países. Y hay que competir con costos en dólares muy altos y con una comercialización liberada, donde el productor no puede intervenir”, señaló.
Más allá de esos factores externos, el especialista pone el foco en una problemática estructural que atraviesa a toda la región: el manejo del suelo. “Tenemos suelos subtropicales que estamos manejando con tecnología importada de regiones que no son subtropicales. Y eso genera un desfasaje muy grande”, sostuvo. En ese sentido, explicó que la materia orgánica —clave para la salud del suelo— es naturalmente menor en estas zonas y, además, se pierde con mayor rapidez debido a las condiciones climáticas. “Los factores climáticos y topográficos hacen que esa materia orgánica desaparezca más fácil. Entonces, un mal manejo impacta mucho más fuerte que en otras regiones como la pampa húmeda”, remarcó.
Este diagnóstico es el punto de partida para plantear un cambio profundo en la forma de producir. Cuando Medina habla de “rediseñar” los sistemas hortícolas, no se refiere a ajustes menores, sino a una revisión integral del modelo productivo. “Rediseñar significa volver a diseñar algo que ya se hizo, pero ahora teniendo en cuenta no solo la parte económica, sino también el recurso suelo. Con un buen diseño se puede evitar la degradación, mejorar el control biológico de plagas y ser más sustentables en el tiempo”, explicó.
En ese camino, uno de los errores más frecuentes que observa en los productores es justamente la falta de manejo adecuado del suelo. “El suelo es la base productiva. Un cultivo es en un 80% agua, y si las raíces no pueden crecer bien, no toman agua ni nutrientes correctamente. Con un mal manejo del suelo ya tenés el 80% del sistema mal hecho”, afirmó.
Las condiciones propias del NOA agravan esta situación. Altas temperaturas, lluvias intensas y suelos con pendiente generan un escenario donde la degradación puede acelerarse rápidamente. “Tenemos un clima muy cálido y lluvias torrenciales. Entonces un suelo mal manejado se destruye mucho más rápido en nuestra zona”, advirtió.
En términos de eficiencia, Medina vuelve a señalar al suelo como el eje central. “Ser eficiente es lograr un resultado con menos recursos. Si yo mejoro la capacidad de la planta de explorar el suelo y tomar agua, reduzco el estrés y dejo de depender tanto de insumos externos”, explicó. Y agregó un punto clave: “La mayoría de los insumos están ligados al petróleo. Cuanto más dependa de eso, menos sustentable soy y más riesgo tengo a futuro”.
En cuanto a las herramientas concretas, el ingeniero destacó el uso de cultivos de servicio como una de las estrategias más importantes. “Es la principal herramienta que tenemos hoy. Pero para incorporarlos, la finca tiene que estar bien organizada. Si el sistema está desordenado, es muy difícil sumar prácticas nuevas”, señaló.
Este punto abre otro debate: el nivel de adopción de estas tecnologías por parte de los productores. Según Medina, la respuesta no es homogénea. “Depende mucho de la escala. Hay pequeños productores que hace años vienen trabajando con sistemas menos dependientes de insumos. Pero cuando vamos a escalas más grandes, todavía hay pocas empresas que están haciendo este cambio”, explicó.
No obstante, reconoce que hay una transformación en marcha. “Está habiendo un cambio grande en la forma de pensar. Los productores están escuchando, leyendo, informándose. El problema es que cuando quieren implementar cambios, muchas veces se encuentran con limitantes estructurales en sus propias fincas”, indicó.
En ese contexto, el Congreso de Orán se presenta como una oportunidad clave para acercar conocimiento y generar intercambio directo entre actores del sector. Medina destacó especialmente la posibilidad de diálogo entre productores. “En la ronda de preguntas van a estar productores de establecimientos como La Selvita y Los Tucanes. Y eso es muy importante, porque el productor va a poder hablar de par a par, no solo con técnicos”, subrayó.
El desafío hacia adelante es claro: producir más y mejor, pero con sistemas que sean sostenibles en el tiempo. Para lograrlo, será necesario repensar prácticas, reorganizar las fincas y, sobre todo, poner al suelo en el centro de la escena. En palabras de Medina, “si no cuidamos el recurso base, cualquier intento de mejorar la producción va a ser limitado”. En un contexto cada vez más exigente, el futuro de la horticultura del NOA dependerá, en gran medida, de esa capacidad de adaptación.













