La fertilización en caña de azúcar dejó de pensarse únicamente como una receta basada en aplicar nutrientes al suelo. Hoy, el escenario productivo obliga a mirar mucho más allá de las dosis tradicionales y a comprender cómo interactúan el clima, el ambiente, el manejo agronómico y las características de cada lote para definir la respuesta del cultivo.
En Tucumán, la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres viene trabajando desde hace décadas en investigaciones vinculadas al manejo nutricional de la caña, pero en los últimos años el enfoque comenzó a cambiar de manera significativa. La eficiencia en el uso de fertilizantes, las pérdidas de nutrientes y la sustentabilidad del sistema productivo empezaron a ocupar un lugar central dentro de las estrategias agronómicas.
“La respuesta al nitrógeno ya no depende solamente de cuánto fertilizante aplicamos”, explicó la ingeniera agrónoma Fernanda Leggio Neme, investigadora de la Sección Caña de Azúcar de la EEAOC y referente en manejo nutricional del cultivo. “En un comienzo el enfoque estaba en definir una dosis ideal, pero con el tiempo vimos que la respuesta es mucho más variable y depende de factores ambientales, del suelo, del manejo y del año climático”, señaló.
La especialista remarcó que el desafío actual es entender el funcionamiento integral del sistema productivo y abandonar la lógica de las recetas uniformes. “Nuestra mirada actual ya no pasa solamente por aplicar nitrógeno, sino por entender cómo funciona todo el sistema para usarlo de la mejor manera posible”, sostuvo.
En una provincia donde la caña de azúcar tiene un peso económico y productivo determinante, las investigaciones sobre fertilización se volvieron estratégicas. Según explicó Leggio Neme, uno de los principales desafíos hoy es manejar la enorme variabilidad que existe entre ambientes productivos.
“Hay lugares donde la respuesta al nitrógeno es muy clara y otros donde está limitada por factores hídricos, físicos o ambientales”, indicó. “Entonces, el gran desafío es salir de la receta única y adaptar las decisiones de fertilización a cada contexto”.
Ese cambio de paradigma implica analizar mucho más que la cantidad de fertilizante aplicada. La eficiencia del nitrógeno depende también del momento de aplicación, de las condiciones climáticas y del tipo de suelo donde se trabaja.
“Una dosis puede funcionar muy bien en un ambiente y no dar resultados en otro”, explicó. “Por eso hablamos de una fertilización más ajustada al sistema productivo y no de una recomendación general para todos los lotes”.
Las condiciones climáticas juegan un rol determinante en este nuevo enfoque. En campañas húmedas, como la actual, el exceso de agua puede provocar pérdidas importantes de nitrógeno por lixiviación o desnitrificación. En años secos ocurre lo contrario: la falta de humedad limita el crecimiento del cultivo y dificulta la absorción de nutrientes.
“El ambiente tiene un rol central en el aprovechamiento del nitrógeno”, afirmó la investigadora. “En años muy húmedos se pueden tener pérdidas importantes y en años secos el crecimiento de la caña puede verse afectado. La materia orgánica, el drenaje y la mineralización también alteran muchísimo la disponibilidad de nitrógeno para el cultivo”.
Por eso, cada vez toma más fuerza el concepto de fertilización de precisión, una tendencia que ya se observa en distintos cultivos y que empieza a consolidarse también dentro del sistema cañero.
“Hoy se busca integrar mucha más información sobre el suelo, el ambiente y el cultivo para tomar mejores decisiones”, señaló Leggio Neme. “Todavía no podemos predecir perfectamente las respuestas, pero sí estamos trabajando para generar estrategias mucho más específicas y dejar de manejar todos los lotes de la misma manera”.
Otro aspecto que comenzó a ganar relevancia es la incorporación de nuevos nutrientes y herramientas complementarias. Aunque el nitrógeno continúa siendo el principal nutriente en caña de azúcar, otros elementos como fósforo, potasio, azufre y micronutrientes empezaron a mostrar una importancia creciente en determinados ambientes productivos.
“El nitrógeno sigue siendo clave, pero en los últimos años comenzaron a aparecer otros nutrientes que antes no se consideraban tan relevantes para la caña”, explicó. “Además, hoy entendemos que hay factores no estrictamente nutricionales que también condicionan las respuestas, como el agua, la estructura del suelo o la actividad microbiológica”.
Dentro de ese nuevo escenario también aparecen herramientas biológicas que empiezan a despertar interés entre productores y asesores. Los biofertilizantes, bioactivadores y bioestimulantes forman parte de una línea de trabajo que la EEAOC viene estudiando desde hace varios años.
“Son herramientas muy importantes y con mucho potencial”, destacó Leggio Neme. “Ayudan a estimular procesos biológicos tanto en el suelo como dentro del cultivo y pueden mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes”.
Sin embargo, aclaró que todavía se trata de tecnologías que necesitan validación local y un trabajo profundo de adaptación a las condiciones productivas tucumanas.
“Al tratarse de productos biológicos son más delicados y hay que saber cómo integrarlos correctamente al sistema productivo”, indicó. “Por eso seguimos generando información y realizando investigaciones”.
La especialista también advirtió sobre el impacto económico que puede tener una estrategia de fertilización mal planificada. Tanto el déficit como el exceso de nutrientes pueden afectar seriamente la rentabilidad del productor.
“Cuando la fertilización es insuficiente se pierde potencial productivo”, explicó. “Pero cuando se fertiliza demasiado, sin considerar el contexto, gran parte del nitrógeno aplicado no se refleja en rendimiento y termina siendo una pérdida económica”.
En un contexto donde los fertilizantes representan uno de los principales costos del sistema productivo, mejorar la eficiencia se volvió una necesidad.
“La eficiencia no significa aplicar menos, sino aplicar mejor”, remarcó. “Eso implica ajustar bien las dosis, elegir el momento adecuado y tratar de reducir las pérdidas”.
Para Leggio Neme, el futuro de la nutrición vegetal en caña de azúcar estará marcado por la capacidad de integrar información y combinar distintas herramientas tecnológicas y biológicas.
“La clave está en construir sistemas más eficientes, más sustentables y más estables”, afirmó. “Tenemos que aprender a ver la nutrición no como algo aislado, sino como parte integral de todo el sistema productivo”.
Con campañas cada vez más condicionadas por la variabilidad climática y con costos productivos en aumento, el desafío de producir más con mayor eficiencia empieza a definir el rumbo de la caña de azúcar en Tucumán. Y en ese camino, la fertilización dejó de ser solamente una práctica agronómica para convertirse en una estrategia integral de manejo.













