La campaña de granos en el NOA comienza a mostrar señales de mayor optimismo luego de varias campañas atravesadas por incertidumbre climática, dificultades productivas y márgenes ajustados. En Tucumán y gran parte del norte argentino, los productores ya comenzaron a sacar conclusiones de la cosecha de soja y, mientras las máquinas avanzan sobre los lotes, el foco empieza a trasladarse hacia la planificación de la próxima campaña.
En ese escenario, la nutrición vegetal y las herramientas biológicas vuelven a ganar protagonismo dentro de las decisiones agronómicas. El objetivo ya no pasa solamente por sembrar, sino por construir rendimiento desde el arranque, mejorar la eficiencia del cultivo y adaptarse a un contexto donde cada decisión técnica puede marcar diferencias importantes.
Así lo explicó Sergio Abade, RTC de la zona NOA de Laboratorio San Pablo quien analizó el presente productivo del norte argentino y el crecimiento de nuevas tecnologías orientadas a mejorar implantación, desarrollo y estabilidad de los cultivos.
“El escenario productivo es bastante positivo”, aseguró Abade al comenzar la charla. Según explicó, la cosecha de soja dejó resultados mejores a los esperados en gran parte del NOA, algo que genera expectativas favorables de cara a la próxima siembra. “El productor arrancó ya con la cosecha de soja y los rendimientos están siendo buenos, lo que le da una cuota de esperanza para encarar la campaña siguiente”, señaló.
El técnico reconoció que durante gran parte del ciclo existió preocupación por las intensas lluvias y la escasa radiación solar que afectaron distintas zonas productivas. “Hubo preocupación por los más de 25 días de lluvia y pocos días soleados, que afectaron la fotosíntesis y el llenado de grano, pero los resultados finalmente están saliendo bien”, explicó.
En medio de ese contexto climático cambiante, las estrategias vinculadas a la nutrición y bioestimulación comienzan a ocupar un lugar cada vez más importante. Desde Laboratorio San Pablo vienen trabajando desde hace años en el desarrollo de tecnologías adaptadas específicamente a las condiciones del norte argentino, donde las diferencias ambientales y productivas obligan a pensar manejos distintos a los de otras regiones del país.
“Laboratorio San Pablo tiene más de 20 años en el rubro y siempre empezó con todo lo biológico”, destacó Abade. En esa línea, explicó que hoy la empresa trabaja con inoculantes específicos para distintos cultivos como soja, maíz, trigo, garbanzo y poroto, además de fertilizantes foliares líquidos, coadyuvantes, correctores de pH y herramientas orientadas a mejorar la eficiencia agronómica.
“Ofrecemos bioestimulación e inoculantes específicos para cada cultivo, que son bacterias aisladas del propio cultivo para lograr un mejor establecimiento en el arranque”, detalló.
La construcción del rendimiento aparece como uno de los conceptos centrales dentro de la nueva mirada agronómica. Según Abade, el potencial productivo comienza a definirse desde el mismo momento de la implantación y no únicamente en etapas avanzadas del cultivo.
“El productor construye su rendimiento desde el momento de la siembra hasta la cosecha”, afirmó. Y agregó: “Nosotros proponemos usar herramientas que están al alcance, porque muchas veces el norte estaba algo descuidado en ese sentido”.
Dentro de esas tecnologías, la inoculación ocupa un rol estratégico. El especialista explicó que el uso de bacterias fijadoras de nitrógeno permite mejorar la disponibilidad nutricional del cultivo y favorecer un arranque más vigoroso.
“La inoculación introduce una bacteria que fija nitrógeno atmosférico. Hoy contamos además con potenciadores que permiten una viabilidad de hasta 60 días, lo que le da una mayor ventana al productor para sembrar cuando tenga piso”, comentó.
Ese aspecto cobra todavía más importancia en campañas donde las lluvias generan dificultades operativas y complican el ingreso a los lotes. Según Abade, estas herramientas permiten proteger la bacteria incluso en períodos húmedos prolongados y sostener mejores condiciones de implantación.
Además, destacó que actualmente las nuevas tecnologías permiten integrar distintos tratamientos en la semilla. “Se puede introducir un fungicida o insecticida, apuntando cada vez más a que los fungicidas sean biológicos”, sostuvo.
El avance de estas herramientas también implica un cambio cultural dentro de la producción agrícola del NOA. Si bien el uso de bioestimulantes y tecnologías biológicas ya forma parte habitual del manejo agronómico en otras regiones productivas del país, en el norte todavía continúa un proceso de adopción gradual.
“Es mucho trabajo de docencia”, reconoció Abade. “No es que el productor se niegue, sino que es un cambio de práctica que en la zona núcleo ya es parte de la receta y acá se está introduciendo”.
Para acelerar ese proceso, desde la empresa realizan jornadas técnicas y ensayos a campo que permiten mostrar resultados concretos. “Hacemos jornadas para que el productor pueda palpar en vivo los resultados”, explicó.
En términos agronómicos, uno de los objetivos principales es mejorar las etapas tempranas del cultivo, consideradas críticas para el desarrollo posterior de la planta. Según Abade, una buena implantación permite construir cultivos más estables y resistentes frente a situaciones de estrés.
“Buscamos que la bacteria ayude en la fijación biológica del nitrógeno, aportando entre un 40 y un 50% del nitrógeno que el cultivo necesita”, explicó.
Ese aporte genera beneficios directos sobre el crecimiento radicular, la emergencia y la velocidad de establecimiento. “Esto logra un mayor sistema radicular, mayor emergencia y un establecimiento más rápido, dejando a la planta menos expuesta a enfermedades y patógenos en su momento más crítico”, señaló.
Para explicar la importancia de esa etapa inicial, Abade recurrió a una comparación sencilla: “Siempre comparo a la planta con un niño recién nacido: si le damos nutrientes desde el momento de la siembra, tendremos una planta más sana y menos estresada”.
Con la mirada puesta en la próxima campaña, el técnico insistió en la necesidad de planificar y comenzar a incorporar tecnologías de manera gradual. “Que se sumen a las tecnologías vigentes, que usen bioestimulantes y fertilizantes foliares y que trabajen sobre una planificación”, recomendó.
Y aclaró que no hace falta realizar grandes inversiones iniciales para empezar a evaluar resultados. “No hace falta hacerlo en cientos de hectáreas; pueden probar en un lote para palpar los resultados. El objetivo de todos es aumentar los rendimientos”, concluyó.
En un contexto donde el clima sigue condicionando decisiones y los costos obligan a maximizar cada manejo, la nutrición y las herramientas biológicas empiezan a consolidarse como una de las claves para el futuro productivo de los granos en el NOA.













