La baja de retenciones anunciada por el Gobierno nacional volvió a abrir el debate sobre la presión impositiva en el agro y el impacto real que tienen estas medidas en la rentabilidad del productor. Aunque desde el sector valoran el gesto oficial, especialistas advierten que el beneficio todavía es limitado para el norte argentino, donde los altos costos logísticos, los insumos dolarizados y la distancia a los puertos siguen condicionando la competitividad. El economista y decano de la Facultad de Economía de la UNSTA, Eduardo Robinson, analizó el escenario actual y sostuvo que el camino elegido por el Gobierno “es correcto”, aunque aclaró que “todavía es insuficiente” para cambiar la realidad productiva de provincias como Tucumán.
La decisión del presidente Javier Milei de reducir las retenciones para trigo y cebada, junto con la promesa de una baja gradual para la soja a partir de 2027, generó expectativas en el sector agropecuario. Sin embargo, más allá del impacto político del anuncio, la discusión pasa por cuánto alivio concreto llegará realmente al productor y cuál será el costo fiscal para el Estado.
Para Robinson, cualquier reducción tributaria representa una señal positiva para el agro, especialmente después de años de presión impositiva elevada. “Siempre que haya un alivio en la parte tributaria es una buena noticia para el productor y para el sector agrícola, que viene soportando desde hace mucho tiempo una carga muy alta”, explicó. No obstante, advirtió que la magnitud de la medida todavía es reducida. “Es una baja muy moderada, muy modesta. Cuando uno empieza a hilar fino, se encuentra con que el alivio existe, pero todavía no alcanza para los productores que están más alejados de los puertos”, sostuvo.
En ese sentido, el economista remarcó que el impacto para el norte argentino es mucho menor que para la región pampeana. El trigo y la cebada tienen escasa incidencia productiva en Tucumán y en gran parte del NOA, por lo que el beneficio directo es acotado. “En términos productivos, en el norte prácticamente no ha movido demasiado la aguja”, afirmó.
Aun así, Robinson consideró que el aspecto más importante del anuncio oficial fue la intención de avanzar hacia una reducción gradual de las retenciones a la soja. “Ahí está el plato fuerte del anuncio. Eso sí puede generar expectativas en el productor, sobre todo pensando en el mediano plazo”, indicó. Sin embargo, aclaró que el Gobierno enfrenta un delicado equilibrio entre aliviar la carga fiscal y sostener el superávit. “Esta gestión busca mostrar solvencia fiscal y no puede descuidar las cuentas públicas. Por eso las medidas son graduales”, analizó.
La situación del productor del norte, además, está atravesada por una combinación de factores que exceden las retenciones. Robinson señaló que los costos logísticos representan una de las principales desventajas estructurales. “La distancia a los puertos encarece muchísimo la producción. A eso se suma el aumento del combustible y de los fertilizantes, que son costos dolarizados”, explicó.
Según detalló, el escenario se volvió todavía más complejo por el contexto internacional. “Con el conflicto en Medio Oriente subieron los fertilizantes y también el combustible. Eso impacta directamente en el transporte y en toda la logística”, indicó. A la vez, remarcó que el tipo de cambio estable también afecta la rentabilidad del sector. “Muchos costos están dolarizados y el dólar se mantuvo prácticamente quieto. Entonces, la mejora por la baja de retenciones termina neutralizada por el aumento de costos”, afirmó.
Para Robinson, incluso con las medidas anunciadas, la ecuación productiva del norte continúa siendo ajustada. “En el mejor de los casos terminamos neutros. Para Córdoba hacia arriba prácticamente no hay cambios sustanciales en rentabilidad”, aseguró.
Otro de los puntos que destacó el economista es la elevada presión tributaria total que soporta el productor argentino. Más allá de las retenciones nacionales, señaló que existen impuestos provinciales y municipales que también afectan la competitividad. “Muchas veces el productor paga doble o triple imposición. Nación, provincia y municipio cobran sobre la misma actividad”, cuestionó.
En ese marco, reclamó un esfuerzo conjunto de todos los niveles del Estado para aliviar al sector. “No veo demasiados gestos desde las provincias ni desde los municipios. Tiene que haber un esfuerzo más mancomunado para mejorar la ecuación productiva”, expresó. Para Robinson, el agro no solo sostiene exportaciones, sino que además genera empleo directo e indirecto en las economías regionales.
“El sector tracciona muchísimo trabajo. En Tucumán, por ejemplo, estamos entrando en la etapa fuerte de la producción y eso mueve una enorme cantidad de puestos laborales”, señaló. La zafra azucarera es uno de los ejemplos más claros: cientos de familias dependen directa o indirectamente del funcionamiento de los ingenios.
Consultado sobre las perspectivas para la soja y las decisiones que debe tomar hoy el productor, Robinson insistió en la necesidad de previsibilidad. “El productor necesita reglas claras y perspectivas, aunque sea de mediano plazo. En Argentina hablar de largo plazo todavía parece utópico”, afirmó.
A pesar de las dificultades, sostuvo que el campo sigue apostando a producir porque muchas inversiones ya están realizadas. “Muchos productores ya invirtieron en maquinaria, fertilizantes y tecnología. No tienen demasiadas opciones más que seguir trabajando y esperar que las condiciones mejoren”, explicó.
El economista también recordó que el agro enfrenta permanentemente factores externos imposibles de controlar, como las sequías o los excesos de lluvias. “Los ciclos climáticos complican mucho más la toma de decisiones. Por eso es fundamental que al menos exista previsibilidad desde la política económica”, sostuvo.
Finalmente, Robinson dejó una definición que resume la importancia estratégica del sector para la economía argentina. “Yo apostaría siempre a lo productivo. Hay que hacer trabajar la tierra porque Argentina tiene una economía agroindustrial y el mundo sigue necesitando alimentos”, concluyó.













