La agricultura moderna enfrenta un desafío cada vez más complejo: producir más en ambientes más variables. Sequías, golpes de calor, nuevas plagas y cambios en los sistemas productivos obligan a repensar las estrategias agronómicas y a comprender que el rendimiento no depende de un único factor, sino de la interacción permanente entre múltiples variables.
En ese contexto, la genética ocupa un lugar central, aunque los especialistas coinciden en que su verdadero potencial solo puede expresarse cuando se combina con un manejo adecuado y una correcta interpretación del ambiente. Ese será uno de los ejes que abordará Mauricio García, integrante del equipo de agronomía de Brevant Semillas, durante el Congreso de Ecofisiología y Manejo Agronómico en Cultivos de Granos.
La empresa acompañará el evento como sponsor, pero además aportará una mirada técnica sobre uno de los temas que más interés genera entre productores y asesores: cómo maximizar la expresión del potencial genético en condiciones productivas reales.
“Para nosotros es un honor estar en estos eventos que, por sobre todas las cosas, generan el acercamiento entre colegas, profesionales y futuros profesionales”, señaló García al referirse a la importancia de estos espacios de intercambio y capacitación.
Brevant Semillas forma parte de Corteva Agriscience, compañía surgida de la fusión entre Dow AgroSciences y DuPont, y actualmente comercializa algunas de las marcas más reconocidas del mercado de semillas en Argentina.
“Me toca trabajar en el equipo de agronomía, generando conocimiento, desarrollo de productos e investigando sobre los futuros lanzamientos de la marca”, explicó.
Durante su participación en el Congreso, García centrará su exposición en los modelos fenológicos aplicados al cultivo de soja, una herramienta que permite comprender cómo evoluciona el cultivo a lo largo de su ciclo y cuáles son los momentos donde se define gran parte del rendimiento.
“Lo que vamos a desarrollar son modelos fenológicos aplicados a los cultivos. Particularmente vamos a hablar sobre soja, que si bien es el cultivo de mayor superficie en Argentina, todavía tiene un potencial enorme para seguir creciendo en sus prácticas agronómicas”, afirmó.
El especialista considera que todavía existe mucho conocimiento por generar y transferir sobre este cultivo, especialmente cuando se analizan las interacciones entre fisiología, ambiente y manejo.
“Nos sorprende día a día porque hay mucho conocimiento por explorar. La idea es arrancar desde las bases, construir modelos fenológicos para entender los períodos críticos del cultivo y de esa manera poder maximizar rendimiento, que es lo que el productor y el asesor buscan”, explicó.
Al hablar sobre genética, García evita analizarla como un componente aislado. Por el contrario, plantea que debe interpretarse dentro de un sistema donde intervienen múltiples factores.
“La genética es uno de los pilares, pero me gusta relacionar el rendimiento con el ABC de la ecofisiología: la tasa de crecimiento y desarrollo depende de la radiación, de la capacidad de los cultivos para capturarla y de cómo la convierten en lo que nos interesa, que es el grano”, sostuvo.
Según explicó, el mejoramiento genético ha permitido avances significativos precisamente porque contribuye a mejorar la capacidad de las plantas para capturar recursos y transformarlos en producción.
“La genética forma parte fundamental de esos dos últimos pilares: capturar y convertir. El mejoramiento genético aumenta esa tasa de crecimiento y mejora los rendimientos”, indicó.
Sin embargo, el escenario actual exige ir más allá de la genética. La creciente variabilidad climática obliga a entender cada vez mejor los procesos fisiológicos que determinan el comportamiento de los cultivos frente al estrés.
“La ecofisiología está todos los años porque todos los años el cultivo crece, hay estrés hídrico o golpes de calor”, explicó García.
Para el especialista, esta disciplina se ha transformado en una herramienta indispensable para anticipar problemas y diseñar estrategias de manejo más eficientes.
“Es un engranaje que nos da herramientas para esquivar eventos climáticos y también para escapar a otros factores como insectos, malezas y enfermedades”, afirmó.
Uno de los conceptos que más destacó durante la entrevista fue la necesidad de comprender que lo que se observa en el lote es el resultado de una interacción permanente entre genética y ambiente.
“Hablamos de genética como una sola cosa, pero lo que vemos es un fenotipo, que es esa genética interactuando con el ambiente”, señaló.
Esa interacción se vuelve especialmente importante en un contexto donde los eventos extremos son cada vez más frecuentes y donde las nuevas herramientas biotecnológicas buscan proteger el rendimiento frente a diferentes factores de estrés.
“Hay cuestiones fisiológicas de la especie y también cuestiones de biotecnología asociadas que actúan como protección al rendimiento, como la tolerancia a golpes de calor, la protección contra insectos o la resistencia a herbicidas”, explicó.
La generación de datos también ocupa un rol estratégico dentro de esta nueva agricultura. García destacó que hoy las redes de ensayos permiten comprender mejor el comportamiento de los materiales en diferentes ambientes y utilizar esa información para mejorar las recomendaciones agronómicas.
“Analizar una variedad en Tucumán nos brinda información sobre golpes de calor que hoy son muy frecuentes en Entre Ríos. Esa interacción es clave”, aseguró.
Además, valoró especialmente la posibilidad de compartir conocimientos generados en distintas regiones productivas del país y acercarlos a productores y asesores locales.
“Hoy poder mostrar en Tucumán datos generados en Tucumán o en Santiago del Estero me llena de orgullo porque es conocimiento generado lejos de las capitales y de la zona núcleo”, destacó.
En definitiva, el mensaje que busca transmitir durante el Congreso es claro: la genética seguirá siendo una herramienta fundamental para aumentar la productividad, pero su verdadero potencial solo podrá alcanzarse cuando se comprenda profundamente cómo interactúa con el ambiente y con las decisiones de manejo.
Porque en la agricultura actual, el rendimiento ya no depende únicamente del material sembrado. Depende, cada vez más, de la capacidad de interpretar los procesos que ocurren dentro del cultivo y de tomar decisiones que permitan que esa genética exprese todo lo que tiene para dar.













