Después de varios años marcados por la crisis, la reducción de superficie cultivada y la incertidumbre económica, la citricultura tucumana vuelve a mostrar señales de recuperación. Los cítricos agrios argentinos registraron un crecimiento del 36% en valor y alcanzaron su mejor desempeño comercial de las últimas dos décadas, una noticia que genera optimismo en una actividad estratégica para la economía del norte argentino.
La mejora responde a una combinación de factores internacionales y locales que permitieron recuperar competitividad y reposicionar al limón argentino en los principales mercados del mundo. Sin embargo, junto con las oportunidades también aparecen nuevos desafíos vinculados a la sanidad vegetal, la calidad de la fruta y el impacto que las condiciones climáticas están generando sobre los cultivos.
Para analizar este escenario, Suena a Campo dialogó con la ingeniera agrónoma Soledad Carbajo, investigadora de la Estación Experimental Agropecuaria Famaillá del INTA y especialista en fitopatología, poscosecha y manejo integrado de cítricos.
“En buena hora que la citricultura se haya recompuesto y mejorado durante estas dos últimas campañas”, destacó Carbajo al comenzar el análisis. La especialista recordó que el sector venía atravesando una situación compleja que obligó incluso a reducir la superficie implantada.
“Llegamos a tener cerca de 50.000 hectáreas de limón y tuvimos que erradicar parte de esa superficie. Hoy estamos alrededor de las 41.000 hectáreas, pero con dos campañas que vienen mostrando una recuperación importante”, explicó.
Según Carbajo, gran parte de esta mejora está vinculada al contexto internacional. Las dificultades productivas que enfrentaron algunos países competidores generaron una mayor demanda de fruta argentina.
“Situaciones climáticas en países como Turquía y España provocaron problemas productivos y eso hizo que aumentara nuevamente la demanda tanto de limón fresco como de productos industrializados. Es una bocanada de aire para una actividad que mueve gran parte de la economía tucumana”, señaló.
La importancia del limón para Tucumán va mucho más allá de las exportaciones. La actividad genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos y moviliza toda una cadena logística e industrial que tiene impacto en gran parte de la provincia.
Sin embargo, sostener el crecimiento requiere mantener uno de los principales activos que tiene la producción tucumana: la calidad. “La calidad tiene un rol central en las exportaciones de fruta fresca. Hemos ganado prestigio internacional justamente gracias a una calidad sostenida en el tiempo”, explicó la investigadora.
Los mercados internacionales, especialmente la Unión Europea, poseen exigencias sanitarias cada vez más estrictas y controlan especialmente la presencia de enfermedades cuarentenarias.
“Tenemos que garantizar que determinadas enfermedades no lleguen a los mercados de destino. Principalmente hablamos de la mancha negra de los cítricos y la cancrosis, dos enfermedades que nosotros manejamos y controlamos para asegurar la calidad de la fruta exportada”, detalló.
La experiencia ha demostrado que cualquier falla puede tener consecuencias económicas importantes. Carbajo recordó que años atrás un cargamento argentino fue rechazado debido a la detección de mancha negra, una situación que obligó a reforzar todos los protocolos sanitarios. “La mancha negra tiene un comportamiento muy particular porque posee un período de latencia. Uno puede ver una fruta aparentemente sana en Tucumán y el síntoma manifestarse recién durante el viaje o cuando la fruta llega a Europa”, explicó.
Por esa razón, los controles comienzan mucho antes de la cosecha y continúan durante todo el proceso de empaque y exportación. “La actividad citrícola trabaja bajo numerosos protocolos y certificaciones que garantizan la inocuidad de la fruta, la ausencia de residuos de agroquímicos y los estándares de calidad que exigen los mercados internacionales”, afirmó.
A este desafío sanitario tradicional se suma ahora otro factor que preocupa a productores y técnicos: las condiciones climáticas registradas durante este año.
Las lluvias persistentes y la elevada humedad están generando complicaciones tanto en el manejo de los lotes como en la calidad final de la fruta. “El exceso de lluvias está afectando las tareas de cosecha porque muchas veces no se puede ingresar a los campos. Además, el limón necesita días secos y soleados para mantener su calidad”, explicó Carbajo.
La especialista señaló que la humedad excesiva favorece la aparición de problemas fisiológicos y enfermedades que afectan directamente el valor comercial de la fruta. “Cuando se cosecha con humedad, las glándulas de aceite que tiene la piel del limón pueden romperse y provocar una mancha denominada oleocelosis. Esa fruta pierde calidad comercial y muchas veces termina siendo descartada”, indicó.
A su vez, las condiciones húmedas incrementan el riesgo de enfermedades de poscosecha.
“También pueden aparecer podridos marrones, podredumbres verdes y otros problemas sanitarios asociados a los hongos que encuentran condiciones ideales para desarrollarse”, agregó.
Frente a este escenario, el monitoreo permanente se vuelve una herramienta indispensable para los productores. “No se trata solamente de aplicar fitosanitarios. El manejo integrado implica conocer cada lote, monitorear permanentemente, realizar podas sanitarias y mejorar la aireación de las plantas”, sostuvo.
Carbajo enfatizó que cada finca presenta realidades distintas y requiere estrategias específicas. “Hay lotes con mayor presión de cancrosis, otros con más melanosis o más riesgo de mancha negra. Por eso es importante que el productor conozca bien cada parcela y realice manejos diferenciales”, explicó.
La especialista también destacó el papel fundamental que cumplen los trabajadores rurales en la calidad final del producto. “La cosecha debe hacerse con muchísimo cuidado. Una herida provocada por una mala manipulación puede transformarse en una puerta de entrada para enfermedades o generar descartes en el empaque”, señaló.
Por eso, las capacitaciones destinadas a cosecheros y operarios siguen siendo una pieza clave dentro de la cadena citrícola. “Es fundamental capacitar al personal para utilizar correctamente las herramientas de cosecha y evitar daños en la fruta. Muchas veces una pequeña lesión termina generando pérdidas importantes”, afirmó.
Con una demanda internacional en crecimiento, mejores perspectivas comerciales y mercados que vuelven a mirar al limón argentino, la citricultura tucumana atraviesa una oportunidad que pocos imaginaban algunos años atrás. Sin embargo, mantener ese lugar privilegiado dependerá de seguir apostando a la calidad, la sanidad y el manejo profesional de un cultivo que continúa siendo uno de los grandes motores económicos de la provincia.













