La palta dejó de ser una fruta exótica para transformarse en uno de los alimentos con mayor crecimiento en el consumo mundial. Su incorporación a nuevos hábitos alimenticios, la demanda sostenida y el desarrollo de nuevos mercados impulsaron también la expansión de la producción en distintas regiones de Argentina. En Tucumán, el cultivo encontró un lugar privilegiado gracias a las condiciones agroclimáticas del pedemonte y las Yungas, donde cada vez más productores apuestan por una actividad que exige paciencia, conocimiento técnico y un manejo agronómico muy preciso.
Uno de ellos es Héctor Beccari, productor de El Puestito, en el departamento Burruyacú, quien desde hace varios años desarrolla este cultivo y observa con optimismo el futuro de la actividad, aunque reconoce que todavía quedan numerosos desafíos por superar. «Nuestro establecimiento está ubicado en El Puestito, unos 14 kilómetros hacia el norte, prácticamente en una zona de pedemonte y de Yungas. Esa ubicación nos favorece muchísimo porque, dentro de Argentina, es una de las mejores zonas para producir palta de muy buena calidad», explicó.
La historia comenzó casi de manera casual. Beccari recordó que fue una conversación con un amigo la que terminó cambiando el rumbo productivo del establecimiento. «La iniciativa surgió charlando con José Luis Palacio. Yo le comentaba algunos proyectos que tenía y él me sugirió probar con la palta. Empezamos a ensayar y, por suerte, no nos equivocamos», contó.
Hoy la mayor parte de la producción corresponde a la variedad Hass, considerada la más demandada a nivel internacional por su sabor, textura y excelentes condiciones de conservación. «Es la reina de las paltas. Además, tiene una gran ventaja: posee una muy buena poscosecha, madura lentamente y eso permite programar mejor las fechas de cosecha y llegar a distintos mercados sin inconvenientes», señaló.
Pero el trabajo no termina allí. El productor también desarrolla ensayos con otras variedades buscando ampliar la ventana comercial. «Tenemos algunas plantas de Torres, que comienza a producir entre agosto y septiembre, y además estamos probando otras variedades para arrancar antes de la cosecha tradicional y extenderla un poco más. La idea es reducir al máximo el período del año en que no tenemos producción.»
Esa búsqueda permanente de alternativas refleja una de las características del cultivo: la necesidad de planificar con muchos años de anticipación. «No es un proyecto para resultados rápidos. Lo que uno planta hoy recién empieza a mostrar su verdadero potencial alrededor del séptimo año. Hace falta mucha paciencia, inversión y convencimiento», afirmó.
Precisamente, uno de los principales desafíos está debajo de la superficie. «La palta necesita, antes que nada, mucha vocación y mucho cariño. Es un cultivo distinto a todos los demás. Pero, además, requiere suelos adecuados. No puede desarrollarse bien en suelos muy arcillosos porque el exceso de humedad favorece la aparición de fitóftora, una enfermedad que lentamente termina matando la planta», explicó.
Por esa razón, insiste en la importancia de realizar un correcto diagnóstico antes de comenzar cualquier plantación. «Lo primero que debe hacer cualquier productor es un buen análisis de suelo. La raíz de la palta necesita oxígeno. Si el agua permanece demasiado tiempo en el perfil, aparecen los problemas.»
Las condiciones climáticas registradas durante este año volvieron a poner a prueba a los productores tucumanos. Las lluvias persistentes complicaron numerosas actividades agrícolas y la palta tampoco escapó a esa realidad.
«Veníamos muy entusiasmados porque fue un año de mucha producción, pero aparecieron varios inconvenientes. Primero sufrimos quemaduras de fruta por las altas temperaturas y ahora estamos atravesando un período de lluvias muy intensas», comentó.
Sin embargo, Beccari encuentra una ventaja frente a otros cultivos. «Siempre trato de mirar el lado positivo. La palta, mientras permanece en el árbol, no termina de madurar. Eso nos da cierto margen para esperar mejores condiciones. No pasa lo mismo con otros cultivos. En la soja, por ejemplo, si no levantás a tiempo se deteriora; en la caña muchas veces ni siquiera puede entrar la maquinaria cuando el suelo está saturado.»
Las dificultades climáticas se suman a un contexto económico que también condiciona la rentabilidad. «Este año estamos vendiendo con precios entre un 20 y un 25% inferiores a los del año pasado. Eso obviamente preocupa porque los costos siguen siendo elevados», sostuvo.
Actualmente, la producción se comercializa tanto en el mercado tucumano como en los principales centros de consumo del país. «Una parte queda en el mercado local y el resto viaja al Mercado Central. Hoy el consumo interno sigue siendo mayor que la producción nacional, por eso el precio argentino todavía es superior al internacional.»
Esa situación explica por qué las exportaciones todavía no representan la principal alternativa comercial para muchos productores. «Si hoy tuviera que exportar y cobrar al valor internacional, probablemente no sería conveniente. Con los costos que implica exportar, el mercado interno sigue ofreciendo mejores oportunidades.»
A pesar de ello, Beccari observa un enorme potencial para el crecimiento futuro del cultivo. «La demanda de palta continúa siendo muy importante. Es cierto que la situación económica hizo caer algo el consumo, pero sigue siendo una fruta muy buscada.»
Consultado sobre qué debería tener en cuenta un productor interesado en iniciarse en la actividad, fue categórico. «Lo primero es verificar que la zona sea realmente apta. Muchas plantaciones fracasaron porque se hicieron en lugares donde las condiciones no eran las adecuadas.»
Además, insistió en la importancia del asesoramiento profesional. «Siempre recomiendo trabajar con un buen ingeniero agrónomo y comprar plantines de excelente calidad. Ese árbol puede producir durante más de veinte años, así que la inversión inicial es determinante.»
Con la experiencia que le dieron los años, Beccari reconoce que encontró en este cultivo mucho más que una alternativa productiva.
«Yo hice ganadería y granos durante muchos años, pero en la palta encontré una pasión. Es un cultivo apasionante, que exige mucho trabajo, pero también brinda enormes satisfacciones.»
La historia de la palta tucumana todavía está escribiendo sus primeros capítulos. Con productores que apuestan a la innovación, mejores manejos agronómicos y un mercado que continúa expandiéndose, el cultivo aparece como una de las alternativas con mayor proyección para diversificar la producción del norte argentino. El desafío será seguir creciendo sin perder de vista que, detrás de cada fruta, hay años de planificación, inversión y un profundo conocimiento del ambiente donde cada planta desarrolla todo su potencial.













