En un contexto donde la sostenibilidad de los sistemas agrícolas ocupa un lugar cada vez más importante, la incorporación de cultivos de cobertura comienza a consolidarse como una herramienta estratégica para mejorar la productividad sin descuidar la salud del suelo. En el caso de la caña de azúcar, una de las principales economías regionales del noroeste argentino, la combinación con Vicia villosa aparece como una alternativa capaz de incrementar la eficiencia del sistema, favorecer la conservación de los recursos naturales y contribuir a sostener los rendimientos a largo plazo.
Sobre esta temática disertará la ingeniera Luciana Martínez Calsina, investigadora del INTA Estación Experimental Agropecuaria Famaillá, durante Agrosur 2026, donde compartirá los resultados de varios años de investigación sobre el uso de cultivos de cobertura en caña de azúcar y las ventajas que ofrece la incorporación de Vicia villosa en los planteos productivos.
Martínez Calsina explicó que hablar de una «dupla» entre caña de azúcar y Vicia villosa no es una casualidad. Ambas especies logran complementarse porque ocupan momentos diferentes dentro del ciclo productivo, permitiendo aprovechar recursos que de otra manera quedarían sin utilizar.
En los sistemas donde la cosecha de caña se realiza en forma extratemprana o temprana, entre mayo y mediados de agosto, existe un período que puede extenderse entre 100 y 150 días en el que el cultivo prácticamente no presenta crecimiento. Ese intervalo ofrece condiciones de temperatura y radiación que pueden ser aprovechadas por otra especie sin competir con la caña.
«Lo que buscamos es utilizar ese tiempo para implantar Vicia villosa, una leguminosa que no se produce con fines comerciales, sino como cultivo de servicios ecosistémicos», explicó la investigadora.
Aunque este cultivo de cobertura ya es ampliamente conocido como antecesor del maíz, especialmente en sistemas agrícolas de siembra directa, su incorporación en caña de azúcar representa una innovación que comienza a despertar creciente interés entre productores e investigadores.
La principal ventaja de la Vicia villosa radica en su capacidad para fijar nitrógeno atmosférico mediante su asociación con bacterias del género Rhizobium. Ese proceso biológico permite incorporar nitrógeno al sistema sin necesidad de depender exclusivamente de fertilizantes sintéticos.
Sin embargo, los beneficios van mucho más allá del aporte nutricional.
Martínez Calsina destacó que el desarrollo radicular de la leguminosa genera modificaciones importantes en la estructura física del suelo. Cuando las raíces completan su ciclo y comienzan a degradarse, dejan canales naturales que favorecen la infiltración del agua y aumentan la porosidad.
Además, esos restos vegetales aportan carbono al suelo y contribuyen a mejorar progresivamente su calidad.
«Las raíces permiten captar una mayor cantidad de agua de lluvia y, cuando mueren, generan rizodeposiciones que incrementan el carbono almacenado en el suelo», señaló.
La investigación surgió como respuesta a una preocupación creciente dentro del INTA Famaillá.
Durante años, distintos equipos de trabajo comenzaron a detectar que el manejo tradicional del cultivo de caña de azúcar, especialmente bajo esquemas de monocultivo continuo, provocaba una pérdida progresiva de calidad física, química y biológica de los suelos.
A esa degradación se sumaba una dificultad cada vez mayor para alcanzar el potencial productivo del cultivo.
Frente a ese escenario, el equipo decidió evaluar alternativas capaces de recuperar parte de los servicios ecosistémicos que naturalmente se pierden cuando un ecosistema es transformado en un sistema agrícola.
«Siempre que uno implanta un cultivo modifica el funcionamiento natural del ambiente. Nuestra idea fue incorporar una herramienta que ayudara a mitigar esos efectos negativos sobre el suelo y el sistema productivo», explicó la investigadora.
Los resultados obtenidos durante los ensayos muestran que la incorporación de Vicia villosa no solamente mejora la condición del suelo, sino que también impacta directamente sobre la productividad de la caña.
Al aumentar la infiltración de agua y mejorar el estado nutricional del cultivo, la caña logra enfrentar en mejores condiciones los períodos de estrés hídrico.
«Nuestro objetivo siempre es mejorar la producción de caña de azúcar. Cuando el cultivo dispone de mayor cantidad de agua y nitrógeno, mejora su estado fisiológico y eso termina reflejándose en mayores rendimientos», afirmó Martínez Calsina.
Pero existen beneficios menos visibles que también resultan determinantes para la sustentabilidad de largo plazo.
Uno de ellos es la recuperación de la materia orgánica del suelo, un recurso que, según explicó la investigadora, viene disminuyendo de manera sostenida desde hace aproximadamente medio siglo.
La Vicia villosa incrementa especialmente la denominada materia orgánica particulada, considerada la fracción más joven y activa de la materia orgánica total, además de aumentar el contenido de nitrógeno del sistema gracias a la fijación biológica.
Al mismo tiempo, contribuye a reducir los efectos de la compactación, uno de los principales problemas que presentan los sistemas cañeros debido al intenso tránsito de maquinaria durante las labores de cultivo y cosecha.
«Las raíces ayudan a recuperar la porosidad del suelo y aumentan su capacidad para almacenar agua. También estamos avanzando en investigaciones para conocer cómo cambia la biología del suelo con este tipo de manejo», comentó.
Respecto del comportamiento frente a distintas condiciones climáticas, Martínez Calsina aclaró que los mejores resultados se observaron durante años con déficit hídrico.
En esas situaciones, la mejora en la infiltración y la mayor disponibilidad de nitrógeno permiten que la caña soporte mejor la escasez de agua.
Cuando predominan excesos hídricos moderados, la Vicia villosa también puede responder favorablemente produciendo una importante cantidad de biomasa aérea y radicular.
Sin embargo, la investigadora advirtió que las inundaciones prolongadas afectan negativamente el desarrollo de esta leguminosa, tal como ocurre con la mayoría de las especies de ese grupo botánico.
La incorporación de esta tecnología también presenta algunos desafíos prácticos.
Uno de los principales está relacionado con el costo de la semilla, cuyo precio puede variar considerablemente entre campañas dependiendo de la disponibilidad.
A eso se suma la necesidad de contar con maquinaria adecuada para realizar la siembra entre las líneas de caña y planificar correctamente qué lotes serán destinados al cultivo de cobertura.
Martínez Calsina explicó que no todos los cañaverales reúnen las condiciones necesarias para incorporar Vicia villosa.
«La estrategia consiste en seleccionar aquellos lotes que se cosechan tempranamente y que más necesitan recuperar servicios ecosistémicos. Difícilmente pueda implementarse en toda la superficie, porque depende del momento de cosecha», indicó.
La investigadora también destacó que el éxito del sistema depende del manejo y no de recetas fijas.
El momento de interrumpir el crecimiento de la Vicia villosa resulta clave para evitar que comience a competir con la caña por agua, luz y nutrientes.
Por ese motivo, el equipo del INTA trabaja junto a productores ajustando permanentemente las prácticas de incorporación, tanto mediante métodos mecánicos como a través del secado químico, buscando adaptar la tecnología a cada situación productiva.
Más allá de los resultados científicos, Martínez Calsina considera fundamental generar espacios donde estos conocimientos lleguen efectivamente al sector productivo.
Por eso valoró especialmente la posibilidad de participar en Agrosur 2026, una exposición que reunirá a productores, técnicos, empresas e instituciones vinculadas con la actividad agropecuaria del NOA.
«La investigación solamente cobra sentido cuando quienes producen pueden conocerla, discutirla y adaptarla a su realidad. Cada encuentro con productores nos permite mejorar la tecnología y pensar nuevas soluciones para los desafíos que enfrenta el sector», expresó.
Finalmente, invitó a participar de la charla que brindará durante la muestra, donde se compartirán experiencias, resultados y herramientas para innovar en los sistemas cañeros.
«La idea es generar un espacio de intercambio para pensar juntos cómo producir más y mejor, utilizando los recursos de manera más eficiente y construyendo sistemas agrícolas cada vez más sostenibles», concluyó.













