La diversidad de microclimas, la disponibilidad de tierras y la búsqueda de alternativas productivas abren una oportunidad para el café en la provincia. El ingeniero agrónomo Javier Rovira, de INTA Famaillá, explicó cuáles son las condiciones que requiere el cultivo, los materiales que se están probando y los desafíos que deberá superar para transformarse en una alternativa productiva.
El café busca abrirse camino en Tucumán. Aunque no se trata de un cultivo nuevo para la provincia, en los últimos años volvió a despertar interés entre productores, viveristas e instituciones que analizan las posibilidades de adaptación de esta especie a las condiciones de la región. En el marco del Día Internacional del Café, el ingeniero agrónomo Javier Rovira, de INTA Famaillá, repasó la historia del cultivo en Tucumán y puso el foco en las oportunidades que aparecen hacia adelante.
Según explicó Rovira, la presencia del café en la provincia tiene una historia de larga data. “En realidad la provincia tiene plantas de café desde que las trajeron los jesuitas hace varios años, más de 100 años”, señaló. A lo largo del tiempo existieron distintas experiencias productivas y una de las más recientes se produjo durante la década de 1980, aunque no logró consolidarse.
“La última experiencia fue en la década de los 80 que, pero, no pasó de eso, de probar algunas plantas, de algún cultivo que se dejó de hacer por el manejo y la genética empleada”, recordó el profesional de INTA Famaillá. Sin embargo, consideró que actualmente existen condiciones diferentes para volver a analizar las posibilidades del cultivo.
Uno de los factores que explica el renovado interés está relacionado con la necesidad de encontrar alternativas para algunas superficies que anteriormente estuvieron destinadas a la producción citrícola. Tucumán cuenta con una importante diversidad de microclimas y, dentro de ese escenario, las Yungas aparecen como uno de los ambientes que presentan características de interés para el café.
Rovira vinculó esta posibilidad con la transformación que atraviesa parte de la actividad citrícola provincial. La competencia internacional y los cambios registrados en el mercado del limón llevaron a algunos productores a replantear sus estrategias. “Hubo 10.000 hectáreas en los últimos 5 o 6 años que se desmontaron de quintas cítricas y esos productores, los dueños de esos campos, están buscando alternativas”, explicó.
En ese contexto, mencionó a la palta y al pecán entre las producciones que comenzaron a ser consideradas, y ubicó también al café dentro de ese abanico de posibilidades. “El café representa una alternativa que suena muy interesante porque hay espacios donde plantar este cultivo”, sostuvo.
Pero avanzar con café en Tucumán no está exento de dificultades. Desde el punto de vista agronómico, el principal desafío está relacionado con las condiciones ambientales y, particularmente, con las bajas temperaturas. “Al café no le gusta el frío, a menos de 15 grados ya empieza a detener el crecimiento y cuando hay heladas la planta muere”, advirtió Rovira.
Por esa razón, la elección del lugar donde establecer una plantación será determinante. El especialista explicó que, si bien en Argentina no existen zonas certificadas como libres de heladas, sí hay sectores que presentan una menor ocurrencia de estos fenómenos y que pueden ofrecer cierto resguardo. Entre ellos mencionó a la Quebrada de Lules, aunque aclaró que incluso allí se registraron heladas en los últimos años.
“Hay que buscar esas zonas con baja ocurrencia de heladas, que es fundamentalmente el aspecto más limitante en nuestra zona, que es subtropical”, remarcó.
En cuanto a los materiales que se están evaluando, actualmente existen distintas experiencias de productores, viveros e instituciones. Entre las variedades más difundidas aparecen Bourbón y Geisha. También existen viveros en Famaillá y Tafí Viejo que cuentan con plantas de café.
El especialista recomendó, de todos modos, avanzar con materiales cuyo origen pueda ser conocido y trazable, especialmente en una etapa en la que todavía se está generando información local. “Hay productores que traen de semilla y van probando, pero hay que tratar de trabajar sobre orígenes conocidos, lo cual no es fácil porque estamos totalmente en una etapa de prueba”, explicó.
Para Rovira, pese a los desafíos, el café puede representar una oportunidad concreta para Tucumán. El desarrollo de nuevas tecnologías de protección, nutrición y manejo permite pensar en escenarios diferentes a los de décadas anteriores. “Hoy tenemos protección de cultivo, tecnologías de nutrición mucho más avanzadas y estudiadas que en años pasados, y conocemos más del cultivo”, destacó.
La clave, sin embargo, estará en determinar si esas herramientas pueden traducirse en una producción económicamente viable. “Se puede producir; el tema va a ser el costo y si el costo lo hace rentable y de qué forma producimos”, señaló.
En ese análisis también aparece el mercado interno como un elemento central. Rovira destacó que Argentina depende fuertemente de las importaciones para abastecer el consumo de café y planteó que una producción nacional, aunque inicialmente cubra una porción limitada de la demanda, podría generar una oportunidad.
“Básicamente importamos todo el café que consumimos, casi 500 millones de dólares. Entonces, si uno dice ‘podemos llegar a producir y satisfacer una pequeña porción del mercado interno’, sería una oportunidad interesante”, concluyó.
Así, en Tucumán el café todavía transita una etapa experimental, pero las experiencias que comienzan a multiplicarse permiten volver a mirar un cultivo que tiene historia en la provincia y que ahora encuentra nuevas condiciones tecnológicas, productivas y de mercado para ser evaluado. El desafío será identificar los ambientes adecuados, seleccionar materiales adaptados y, sobre todo, encontrar un esquema que permita convertir esa posibilidad agronómica en una alternativa rentable para los productores tucumanos.













