El poroto vuelve a ocupar un lugar protagónico en los esquemas agrícolas del Noroeste Argentino (NOA). Tras años de altibajos marcados por las condiciones climáticas y los vaivenes del mercado, el cultivo muestra una recuperación notable en superficie y rendimiento. “En la última campaña, el cultivo de poroto tuvo un crecimiento importante, sobre todo en Tucumán, donde se registró un incremento del 42 % en las superficies sembradas respecto a la campaña pasada”, explicó la ingeniera agrónoma Clara Espeche, coordinadora del Proyecto de Legumbres Secas de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC).
Ese crecimiento, según la especialista, no fue exclusivo de Tucumán. “También se observó un incremento significativo en Salta, Jujuy y Santiago del Estero, que son las provincias con mayor superficie destinada al cultivo”, precisó. En muchos casos, el repunte estuvo vinculado a las dificultades que atravesó el maíz en la última campaña debido a la presencia de la chicharrita, un problema sanitario que llevó a muchos productores a buscar alternativas más seguras. “El poroto se convirtió en una opción frente a los lotes que no se destinaron al maíz”, señaló Espeche.
La ingeniera explicó que, además del reemplazo coyuntural del maíz, hubo una expansión territorial del cultivo. “En esta campaña también se incorporaron nuevas zonas, como el norte de Córdoba, que destinó una superficie considerable a poroto como resultado de la situación del maíz”, comentó. Sin embargo, destacó que el cultivo tiene un comportamiento muy variable. “La dinámica del poroto es muy fluctuante año tras año”, advirtió.
El clima, con temperaturas cada vez más extremas, se posiciona como uno de los principales desafíos para el cultivo en la región. “Venimos de campañas con temperaturas muy elevadas, no solo con picos de 40 °C, sino con varios días consecutivos de calor extremo, sobre todo en las zonas poroteras del este de Tucumán y Santiago del Estero”, detalló. Estas condiciones afectan el desarrollo del cultivo, que si bien se adapta a ambientes semiáridos, no encuentra allí su escenario ideal. “El poroto rinde, pero no son las mejores condiciones agroclimáticas. Cuando se logra sembrar en fechas más óptimas y se evitan las altas temperaturas en momentos clave, el cultivo responde con rendimientos mucho más altos”, aseguró.
Consultada sobre las variedades más adaptadas a la región, Espeche señaló que existe un trabajo sostenido en mejoramiento genético, aunque la disponibilidad de semillas sigue siendo un desafío. “Las variedades TUC, obtenidas por la estación experimental, tienen muy buena adaptación, pero muchas veces no hay semillas disponibles para el productor”, comentó. En paralelo, el sector convive con una fuerte presencia de materiales introducidos. “Hay muchas variedades brasileras, especialmente en poroto negro, pero no siempre resultan superiores a las variedades locales”, afirmó. También destacó el papel del INTA, que cuenta con materiales con buena adaptación. “Recomendar una variedad es complicado porque hay informalidad en la disponibilidad de semilla, pero las locales suelen comportarse muy bien”, agregó.
Otro aspecto clave que mencionó la investigadora es la rotación y el manejo del lote, factores decisivos para alcanzar buenos rendimientos. “El cultivo responde muy bien cuando proviene de maíz. En cambio, los lotes que vienen de soja no son tan beneficiados. Hay una diferencia marcada de rendimiento según el antecesor”, explicó. La cobertura también juega un papel importante: “El poroto necesita buena cobertura para asegurar su implantación y reducir problemas sanitarios. En muchos casos se están utilizando pasturas o cultivos como moa para generar esa cobertura, lo que mejora mucho las condiciones del suelo”, señaló.
Los problemas sanitarios representan otro desafío recurrente para los productores. “Uno de los más importantes en las últimas campañas es la macrofomina, que se manifiesta sobre todo en lotes con altas temperaturas y déficit hídrico en los primeros estadios del cultivo”, advirtió Espeche. La ingeniera recomendó estrategias de manejo agronómico para mitigar el impacto. “Con buena cobertura y tratamientos de semilla se puede mejorar mucho la situación”, dijo, y añadió que enfermedades como la mustia y la choza también se ven favorecidas en suelos desnudos. “El inóculo está en el suelo, y cuando no hay cobertura aumenta la probabilidad de salpicaduras que afectan las hojas inferiores”, explicó.
Respecto al futuro del cultivo, Espeche fue cauta. “Es difícil hacer una proyección a mediano plazo porque las legumbres tienen fluctuaciones muy marcadas de año a año”, señaló. Sin embargo, remarcó que la tendencia general es positiva. “El poroto es la legumbre más importante del país y ha tenido un crecimiento sostenido en los últimos años, más allá de las condiciones climáticas y de los precios, que a veces son muy bajos”, comentó.
La ingeniera también hizo referencia a las perspectivas comerciales. “Si bien algunos mercados se han retraído, hay expectativas de apertura hacia destinos como China en los próximos años. Lo importante es mantener e incluso incrementar los volúmenes de producción para poder aprovechar esas oportunidades”, subrayó.
En un contexto global que valora cada vez más la sustentabilidad y la diversificación, el poroto aparece como una alternativa sólida y rentable para los sistemas agrícolas del NOA. “Lo fundamental es seguir mejorando la base tecnológica, el manejo agronómico y la calidad del grano, porque el mercado internacional demanda cada vez más estándares específicos”, concluyó Espeche, reafirmando que la legumbre, símbolo de resiliencia y adaptación, tiene todavía mucho por crecer en los suelos del norte argentino.













