El año 2025 se ha presentado como un desafío complejo para los productores de papa en Balcarce y el sudeste bonaerense. Luego de un 2024 que había dejado expectativas altas gracias a la expansión de la superficie sembrada y la instalación de nuevas plantas industriales, la realidad está resultando muy diferente.
El aumento de la siembra destinada a la industria y la imposibilidad de exportar han generado una sobreoferta en el mercado interno. Según advierten los productores, los precios actuales no cubren los costos, llevando a muchos a una situación de rentabilidad negativa.
Bernardo Menonne, presidente de la Federación Agraria Argentina en Balcarce, compartió su preocupación en una entrevista con Radio Líder, donde reveló que muchos productores han optado por no levantar la cosecha. «Era perder plata», reconoció, añadiendo que aproximadamente un 30% de la producción en el sudeste provincial ha quedado sin cosechar. Las industrias, que manejan su propia demanda, no están cumpliendo con los contratos, lo que, aseguran, ha contribuido a la crisis.
Menonne también destacó la naturaleza perecedera de la papa, que complica aún más la situación, ya que no puede almacenarse por mucho tiempo, a diferencia de los cereales. «En Balcarce, el sector venía bien, por eso se amplió la superficie sembrada. El productor, al tener una buena rentabilidad, invierte en maquinaria y busca expandirse. Pero estamos expuestos a situaciones como la que nos toca atravesar», afirmó.
El dirigente de la FAA subrayó que los costos de producción son muy elevados, con insumos cotizados en dólares mientras que las ventas se realizan en pesos. Esta dinámica, junto con la falta de equilibrio en la relación entre insumos y rentabilidad, es crucial para la supervivencia del sector.
Muchos productores están enfrentando deudas, lo que a su vez rompe la cadena de pagos que afecta a diversos servicios. «Esto está pasando en Balcarce y en toda la zona. En el sudeste se siembran entre 28 y 30 mil hectáreas, mientras que esta campaña alcanzó las 38.177, según el Instituto del Clima y el Agua del INTA Castelar», explicó Menonne.
«En estas condiciones, no conviene levantar la cosecha. Los costos son muy altos, independientemente de toda la inversión previa. Al final, pierden los productores, los trabajadores rurales y los proveedores de servicios», concluyó, reflejando la crítica situación que atraviesa el sector.













