En tiempos donde la rentabilidad agrícola se define en márgenes cada vez más estrechos, hablar de nutrición vegetal y fertirriego ya no es una opción académica, sino una necesidad estratégica. La segunda cohorte de la Diplomatura en Nutrición Vegetal y Fertirriego, impulsada por la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria junto a instituciones técnicas y actores privados, se presenta como una respuesta concreta a esa demanda del sector.
“Es una propuesta de la universidad, de la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria. En este caso es un curso que no es de grado ni de posgrado, entonces lo pueden tomar tanto colegas ingenieros agrónomos como técnicos, estudiantes avanzados e incluso algún productor tecnificado que se anime al desafío”, explicó el ingeniero Javier Rovira durante la entrevista.

La iniciativa surge de una brecha clara en la formación tradicional. “Porque es un tema que no te lo dan en las facultades, casi en ninguna facultad del país te lo dan dentro de la currícula”, afirmó Rovira. Si bien las carreras abordan fisiología vegetal y técnicas de riego, la profundización en ecofisiología aplicada, requerimientos nutricionales específicos por cultivo y diseño de programas de fertirriego no suele formar parte del núcleo duro académico.
El contexto productivo empuja ese cambio. “Hoy por hoy, el 99% de los cultivos hortícolas, desde el más tecnificado hasta el más pequeño productor, riega a través de cinta de goteo. En frutales y otros cultivos intensivos esto avanza muy rápidamente”, señaló. Sin embargo, la tecnología disponible no siempre va acompañada de una estrategia nutricional integral. “La producción necesita cada vez ser más eficiente. Los costos suben, los precios quizás no acompañan, entonces es muy fino el espacio de rentabilidad que te queda”, advirtió.
La diplomatura se estructura en tres módulos y un taller integrador final. El primero aborda salud y fertilidad de suelos; el segundo, ecofisiología vegetal y nutrición; y el tercero, riego y fertirriego. La decisión de iniciar por el suelo no es casual. “El suelo no es solamente el espacio donde vos plantás y se insertan las raíces. El suelo es un organismo vivo. En el suelo viven miles de millones de microorganismos que son los que le dan la capacidad de nutrición a las plantas”, explicó Rovira.
Esa mirada biológica redefine el manejo agronómico. “Las raíces exudan el 70% de lo que producen en la fotosíntesis y eso alimenta a los microorganismos, que a su vez ponen a disponibilidad nutrientes que la raíz sola no podría tomar fácilmente. Hay una simbiosis casi obligatoria”, detalló. Por eso, el enfoque no se limita a medir nitrógeno, fósforo o potasio, sino que incorpora materia orgánica y dinámica microbiana como variables centrales.
El rediseño de la cohorte 2026 también responde a demandas territoriales. “El año pasado hicimos hincapié en cultivos intensivos. Pero, compartiendo con el Ministerio de la Producción de Salta, surgió la demanda de avanzar sobre cultivos extensivos y forrajeras”, contó. Ese planteo obligó al equipo docente a ampliar la propuesta.
La nueva currícula contempla hortalizas, citrus y otros frutales —como palta, café, pecán y vid—, frutilla y frutas finas, tabaco, caña de azúcar, granos como poroto, soja y maíz, además de forrajeras como alfalfa y maíz para ensilaje. También incorpora un seminario específico sobre ecofisiología y manejo holístico de pasturas, en línea con el interés por fortalecer sistemas ganaderos.
“Es un desafío para el equipo docente. No es repetir la diplomatura anterior; es un rediseño. Viene recargada este año”, aseguró Rovira. A esa actualización se suma la incorporación de nuevos socios estratégicos del ámbito privado y la participación de docentes internacionales. “Va a ser internacional esta diplomatura. Vamos a traer docentes de la región: Chile, Perú, México y hasta España. Esperamos que esto también cumpla las expectativas de colegas de otras latitudes”, adelantó.
La modalidad híbrida es otro de los pilares. Las clases teóricas se dictarán por Zoom dos veces por semana, con un total de 160 horas distribuidas en seis meses. A eso se suman ocho instancias prácticas, que combinan trabajo en gabinete y salidas a campo. En el NOA se establecieron dos nodos de prácticas, uno en Tucumán y otro en Salta, adaptando contenidos según los cultivos predominantes en cada zona.
Para quienes cursan desde otras provincias, la virtualidad amplía el alcance. “El año pasado se inscribieron 70 colegas y terminaron 53 porque fue muy intensiva, con muchos trabajos y evaluaciones”, recordó Rovira. En esta edición ya hay interesados del NOA, pero también de Misiones, Buenos Aires, Córdoba y la Patagonia.
El cierre del trayecto formativo es el taller integrador, concebido como un ejercicio de impacto real en los sistemas productivos. “El objetivo principal es que la diplomatura tenga un impacto territorial. Que los técnicos utilicen lo aprendido en su producción diaria”, explicó. Cada participante deberá diseñar un plan nutricional y un programa de fertirriego específico para un cultivo determinado, con datos concretos de análisis de suelo, agua, clima y variedad. “Lo tienen que presentar públicamente”, subrayó.
Además, se ofrecerán nueve seminarios por cultivo, de los cuales los cursantes deberán aprobar al menos tres. Quienes no realicen la diplomatura completa podrán inscribirse en seminarios específicos, por ejemplo, sobre nutrición en caña de azúcar o en granos, ampliando así las posibilidades de especialización.
La inscripción se realiza a través de un formulario online disponible en las redes de la facultad y las instituciones participantes. Tras una breve entrevista, las clases comenzarán el 25 de marzo.
En un escenario donde la agricultura enfrenta la presión de producir más con menos recursos, la formación técnica se convierte en una herramienta de competitividad. La propuesta liderada por Rovira y su equipo busca justamente eso: integrar ciencia básica, tecnología aplicada y experiencia de campo para que cada decisión nutricional esté respaldada por conocimiento.
“Hay que incorporar tecnología, es importantísimo. Cada día hay más herramientas y hay que utilizarlas”, concluyó el ingeniero. En definitiva, la diplomatura no solo ofrece contenidos, sino una mirada sistémica para interpretar el suelo como organismo vivo, la planta como sistema dinámico y el riego como vía estratégica de eficiencia. Una apuesta académica alineada con el nuevo escenario productivo.













