Hace apenas algunos años, hablar de café producido en Tucumán parecía una idea más cercana a la curiosidad que a una posibilidad concreta. Sin embargo, el interés creciente de productores, investigadores e instituciones comenzó a transformar aquella hipótesis en una experiencia productiva que hoy avanza, con prudencia, en distintas zonas vinculadas a las Yungas tucumanas.
La ingeniera agrónoma Margarita Jaramillo, docente de la Universidad Nacional de Tucumán y una de las principales referentes en la temática, sigue de cerca el desarrollo de estos ensayos y observa con optimismo los avances logrados, aunque advierte que todavía queda un largo recorrido por delante.
«Recientemente, por esta época, se generan las cosechas. Se tienen dos cosechas al año y también algunas plantas, de acuerdo a su estado de crecimiento, están generando inducción floral», explicó Jaramillo al analizar el momento actual de los cultivos implantados en la provincia.
A pesar de los progresos registrados, la especialista aclaró que aún no existen producciones comerciales consolidadas. «Los ensayos siguen avanzando en campo y se pretende tener una cosecha un poco más consolidada para el año entrante», señaló.
Actualmente, la superficie destinada al cultivo es todavía reducida. Según detalló la investigadora, los ensayos ocupan menos de 30 hectáreas distribuidas en diferentes ambientes productivos. Sin embargo, el entusiasmo de quienes apostaron por esta alternativa resulta evidente.
«Hay mucho entusiasmo por parte de los productores que son los que están traccionando, haciendo las inversiones y asumiendo el riesgo de explorar en un cultivo completamente novedoso», afirmó.
Ese interés privado, considera Jaramillo, debería estar acompañado por políticas públicas que permitan sostener el crecimiento de la actividad a largo plazo. Para la especialista, uno de los principales desafíos pasa por construir reglas estables que trasciendan los cambios de gestión.
«Conviene que se haga un traccionamiento también institucional de parte de políticas del Estado que favorezcan e incentiven las nuevas siembras. Es muy importante establecer leyes o políticas que se conserven independientemente de los gobiernos de turno para que los proyectos sean efectivos a largo plazo», sostuvo.
El café representa una experiencia inédita para la agricultura tucumana. Por ese motivo, gran parte del trabajo actual consiste en generar conocimiento adaptado a las condiciones locales. Los productores experimentan con diferentes variedades, densidades de siembra y sistemas de producción, mientras que la universidad busca responder preguntas fundamentales para el futuro del cultivo.
«Son productores osados que incursionan para aprender a conocer la planta: qué variedades, qué densidades de siembra y cuál sistema de producción, ya sea asociado con palta, con mango, con papaya, a campo abierto o en sotobosque con sistemas forestales. Desde la universidad tenemos que generar ese nuevo conocimiento», explicó.
Además del potencial económico, Jaramillo destaca el impacto social que podría generar la actividad. «Lo importante es que el café tracciona mucha mano de obra y puede ser un motor de desarrollo socioeconómico», afirmó.
Sin embargo, la especialista se muestra cautelosa frente a quienes imaginan al café como uno de los grandes cultivos provinciales en el corto plazo. «Un paso a la vez, con prudencia», respondió cuando fue consultada sobre esa posibilidad.
La razón principal es que Tucumán se encuentra en una zona considerada marginal para este cultivo. Las altas temperaturas, los déficits hídricos y determinados eventos climáticos representan limitantes que todavía deben estudiarse en profundidad.
«Hay desafíos que sortear que limitan a la planta, como las altas temperaturas y los déficit hídricos. Estamos en una zona marginal inferior de producción», explicó.
Las bajas temperaturas también constituyen un factor de análisis permanente. «Por debajo de 5 grados se frena el crecimiento. Estamos evaluando desde la colección de la universidad y los campos que asesoramos cómo se comporta y si logramos el cuaje de esas floraciones con el manejo técnico», indicó.
Pero si existen interrogantes agronómicos, también hay resultados que entusiasman. Uno de ellos es la calidad del café obtenido hasta el momento.
«Es superrico», resumió Jaramillo con entusiasmo.
Las evaluaciones realizadas mediante distintas catas desarrolladas en los últimos años mostraron resultados alentadores. «Hay muy buena calidad de taza, por encima de 80 puntos, lo que permite diferenciarlo como café de especialidad», señaló.
Ese atributo podría transformarse en una ventaja competitiva para la provincia. En lugar de competir por volumen, la estrategia apunta a construir una identidad diferenciada.
«Tiene que ser original y auténtico para que sea motivo de orgullo para Tucumán», sostuvo la especialista.
La creciente demanda mundial también aparece como un factor favorable. El consumo de café continúa expandiéndose y surgen nuevos mercados que demandan productos diferenciados y de alta calidad.
«A diferencia de otros productos, el café es netamente industrializado. El consumo mundial ha aumentado, hay nuevos competidores como el mercado asiático, y los países escandinavos pagarían buen precio por ese café», explicó.
Además, el desarrollo del café podría impulsar una diversificación productiva más amplia en la provincia. Jaramillo menciona alternativas como el Goldenberry, el tomate de árbol o incluso el kiwi, especies que podrían encontrar oportunidades en determinados ambientes tucumanos.
«Puede haber una matriz productiva más diversificada, pero solo se logra con la articulación de muchísimas instituciones, desde la academia hasta entidades estatales y la industria», afirmó.
Por ahora, el proyecto continúa transitando una etapa inicial. La investigadora insiste en que el proceso requiere tiempo y planificación.
«El café toma su tiempo», remarcó.
Las prioridades actuales pasan por comprender el comportamiento de las plantas, evaluar rendimientos, analizar la logística de cosecha, desarrollar la industrialización y construir canales comerciales. Todo ello sin descuidar los aspectos sanitarios vinculados al ingreso de semillas y materiales genéticos.
«Queremos que el café sea certificado como café 100% tucumano», concluyó Jaramillo.
La meta parece ambiciosa, pero el entusiasmo creciente, los primeros resultados obtenidos y el compromiso de productores e investigadores permiten imaginar que Tucumán podría escribir, en los próximos años, una nueva página dentro de su historia agroproductiva. El desafío será convertir ese potencial en una actividad sostenible, rentable y capaz de generar una identidad propia en uno de los mercados más exigentes y apasionantes del mundo.













