¿Es posible producir más sin castigar el suelo? La pregunta empieza a ocupar un lugar cada vez más importante entre productores y técnicos, especialmente en una actividad como la horticultura, donde la productividad debe convivir con la conservación de uno de los recursos fundamentales para producir: el suelo. En ese escenario, la agricultura biorregenerativa aparece como una estrategia que busca cambiar la forma de manejar los cultivos y recuperar la vida de los suelos.
Ese será uno de los principales ejes de la IV Jornada Hortícola del NOA, que se realizará este 3 de septiembre en la Estación Experimental de Cultivos Tropicales INTA Yuto, bajo el lema “Estrategias biorregenerativas en la agricultura moderna”. El encuentro reunirá a productores, ingenieros agrónomos, estudiantes, empresas y especialistas para compartir experiencias sobre manejo del suelo, riego, cultivos de servicio, bioinsumos y nuevas tecnologías.
Ceferino Flores, integrante del INTA Yuto y uno de los referentes de la jornada, explicó que la agricultura biorregenerativa tiene un objetivo central: recuperar la calidad del suelo sin resignar productividad. “La agricultura biorregenerativa es una estrategia nueva de manejo que tiende como único objetivo cuidar el suelo, recuperar la calidad del suelo para la agricultura, pero con un eje temático muy fuerte: los microorganismos y las propiedades físicas”, señaló.
Según explicó, si bien el componente químico de los suelos es uno de los aspectos que tradicionalmente se ha trabajado con mayor precisión, todavía existen importantes desafíos desde el punto de vista físico y biológico. Por eso, recuperar la vida del suelo aparece como una de las claves de este enfoque.
La transición hacia este modelo, además, no necesariamente implica producir menos. Por el contrario, Flores sostiene que es posible avanzar hacia sistemas más regenerativos sin comprometer el rendimiento ni la rentabilidad del productor. La estrategia contempla reducir progresivamente la remoción del suelo e incorporar materia orgánica, por ejemplo mediante compost.
“Se trata de comenzar a implementar estrategias de no remoción de suelo, de incorporación de materia orgánica en forma de compost, poco a poco mejorar el suelo y poco a poco uno se va a dar cuenta de que va a necesitar menos insumos”, explicó.
En ese proceso, también podría disminuir la necesidad de fertilizantes y agroquímicos, mientras que la productividad podría mejorar. Pero Flores remarca que no se trata de un cambio inmediato: es un proceso gradual que requiere tiempo, seguimiento y adaptación.
La necesidad de avanzar en ese sentido se vuelve todavía más evidente frente a condiciones ambientales cada vez más cambiantes. El referente del INTA Yuto puso como ejemplo lo ocurrido con el tomate en Fraile Pintado, donde las condiciones de las últimas campañas generaron dificultades productivas.
“Cuidando la salud del suelo, conservando el ambiente, uno comienza a trabajar sobre una agricultura, sobre el cultivo de tomate, que se comporta mejor ante estas condiciones ambientales cambiantes”, sostuvo.
Para Flores, un suelo saludable puede contribuir a mejorar la estabilidad productiva, reducir enfermedades y plagas y favorecer el rendimiento. Pero existe otro aspecto que considera todavía más profundo: la calidad nutricional de los alimentos.
La lógica parte de recuperar los microorganismos presentes en el suelo y favorecer su interacción con las raíces. De esa manera, sostiene, puede mejorar la captación de nutrientes por parte de las plantas y, con el tiempo, recuperar características de las frutas y hortalizas que llegan a la mesa.
“Creo que esa es la parte más importante de esto de la agricultura regenerativa o biorregenerativa: recuperar la salud del suelo, recuperar la salud de la planta, recuperar la salud de las personas que comemos esas frutas y hortalizas”, afirmó.
Pero ¿cómo puede saber un productor que llegó el momento de revisar sus prácticas? Para Flores, algunas señales aparecen directamente en el comportamiento de los cultivos. La pérdida de cosechas, problemas provocados por precipitaciones elevadas, frutos que se manchan o se rajan y cultivos que no logran soportar determinadas condiciones ambientales deberían llevar a mirar más allá de la semilla, el fertilizante o el agroquímico.
“Cuando el productor tenga problemas en su rendimiento, miremos qué está pasando, y lo más probable es que no sea necesaria una nueva semilla, más fertilizante o más plaguicida, sino verificar si el suelo está bien”, planteó.
La IV Jornada Hortícola del NOA buscará precisamente poner estas discusiones sobre la mesa. El programa incluirá charlas magistrales sobre regeneración, intercultivos y utilización eficiente del agua, además de espacios para conocer experiencias y alternativas vinculadas con bioinsumos.
También habrá recorridas por parcelas de tomate, pimiento y otros cultivos, demostraciones de maquinaria y vuelos de drones. Para Flores, la tecnología también tiene un lugar dentro de la agricultura biorregenerativa: no se trata de elegir entre modelos, sino de integrar las mejores herramientas disponibles.
“Esto es sacar lo mejor de la agroecología, de la agricultura orgánica, de la agricultura tradicional. También existen procesos muy importantes. De eso se trata: lo mejor de todas las tecnologías, formar un solo combo denominado agricultura biorregenerativa”, resumió.
La jornada está destinada a ingenieros agrónomos, productores grandes, medianos y pequeños, estudiantes de agronomía y carreras afines y alumnos de escuelas terciarias agropecuarias. Será, además, un espacio de intercambio entre investigación, producción y empresas.
En definitiva, el desafío que plantea la agricultura biorregenerativa no consiste solamente en producir hoy, sino en pensar qué suelo quedará disponible para las próximas generaciones. Flores lo sintetizó con una frase que resume el espíritu del encuentro: “Que el suelo que nosotros dejamos para nuestros hijos sea de mucha mejor calidad que el suelo que recibimos de nuestros padres”.













