Las lluvias persistentes mantienen en alerta al sector sucroalcoholero de Tucumán. Aunque la zafra ya alcanzó el 78% de avance, las dificultades para ingresar a los campos y la falta de piso en distintas zonas de la provincia generan incertidumbre sobre la cantidad de caña que podrá cosecharse y procesarse antes de fin de año. Sin embargo, desde el Instituto de Promoción del Azúcar y Alcohol de Tucumán (IPAAT) destacan que los rendimientos de esta campaña son buenos y que existe un compromiso de la industria para extender la molienda mientras las condiciones lo permitan.
Jorge Etchandy, gerente general del IPAAT, explicó que hasta el momento se molieron exactamente 15,2 millones de toneladas de caña, una cifra que representa un avance significativo pese a las complicaciones climáticas. “La zafra ya transcurrió casi un 78%”, señaló durante una entrevista con Suena a Campo, al tiempo que reconoció que las precipitaciones registradas durante los últimos meses generaron preocupación entre los productores y el resto de los actores de la actividad.
“Como cualquier actividad agroindustrial, siempre está sujeta a este tipo de variables”, sostuvo Etchandy. No obstante, remarcó que la campaña continúa avanzando y valoró la capacidad del sector para planificar y reorganizar sus tareas frente a escenarios adversos. Desde el IPAAT, indicó, realizan un seguimiento permanente junto con organismos como el INTA, el INTI y la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, además de instituciones privadas vinculadas con la actividad.
El impacto de las lluvias, sin embargo, no es uniforme. Una de las principales dificultades es la marcada diferencia que puede existir entre campos ubicados a pocos metros de distancia. Mientras algunos productores logran ingresar con sus máquinas y avanzar con la cosecha, otros deben esperar a que el terreno recupere las condiciones necesarias para trabajar.
“Dentro de las mismas zonas del sur de la provincia hay zonas que están anegadas, lamentablemente, y otras que no tuvieron tantos problemas”, explicó el gerente del IPAAT. Incluso hay establecimientos vecinos en los que una parte de la superficie ya fue cosechada y otra permanece con caña en pie porque no cuenta con piso suficiente para el ingreso de la maquinaria.
Esta situación complica la planificación de los trabajos y obliga a los productores a adaptar sus decisiones a las condiciones de cada lote. Etchandy reconoció que las imágenes de máquinas detenidas y hectáreas pendientes de cosecha reflejan una realidad difícil para quienes dependen de la actividad. Aun así, insistió en que los números generales permiten observar el avance alcanzado hasta el momento, aunque no reflejen por igual las dificultades particulares de cada establecimiento.
La campaña, además, comenzó aproximadamente 30 días más tarde de lo habitual, un factor que también influye en el calendario de finalización. Por eso, desde el organismo consideran prematuro establecer una fecha concreta para el cierre de la zafra. En temporadas anteriores, la molienda concluyó a fines de noviembre o durante los primeros días de diciembre, pero este año el desenlace dependerá especialmente de la evolución de las lluvias.
En cuanto a la actividad industrial, Etchandy precisó que actualmente hay diez ingenios moliendo, mientras que otros cuatro detuvieron temporalmente sus operaciones. Según explicó, estas interrupciones están vinculadas con las dificultades para abastecerse de caña y con la posibilidad de aprovechar el tiempo para realizar reparaciones fabriles previstas.
“Los ingenios paran, tienen paradas establecidas, fabriles de reparación”, indicó. La estrategia consiste en utilizar estos períodos de menor disponibilidad de materia prima para avanzar con los trabajos de mantenimiento y evitar nuevas interrupciones cuando se retome la molienda. De acuerdo con el gerente, si las condiciones climáticas acompañan y vuelve a haber suficiente caña disponible, los ingenios podrían reanudar sus operaciones con normalidad en los próximos días.
Más allá de las dificultades operativas, el rendimiento de los cañaverales aparece como uno de los aspectos favorables de esta campaña. Etchandy señaló que los valores actuales superan los registrados el año pasado, cuando se encontraban por debajo de nueve. En la presente zafra, los rendimientos se ubican en torno a 9,2 y 9,5 en gran parte de las zonas, según detalló.
El representante del IPAAT también destacó que, hasta el momento, la floración de la caña no mostró un impacto real en los rendimientos. Sin embargo, advirtió que las diferencias entre regiones y productores obligan a analizar cada situación de manera particular. La superficie disponible, el volumen de caña y las condiciones del terreno hacen que una misma evaluación general no pueda aplicarse de manera idéntica a todos los establecimientos.
La continuidad de la cosecha resulta estratégica para cumplir con los compromisos productivos del sector. Entre ellos se encuentran la elaboración de bioetanol y alcohol, además de los contratos de exportación. Etchandy indicó que existe un objetivo de exportar entre 550.000 y 600.000 toneladas de azúcar, una meta que requiere aprovechar la mayor cantidad posible de materia prima.
“Hay un compromiso real de la industria de tratar de cosechar toda la materia prima”, afirmó. En ese sentido, explicó que el IPAAT mantiene reuniones periódicas con representantes industriales y de la mesa cañera, mientras articula acciones con el Gobierno provincial para monitorear la situación.
La evolución de los precios del azúcar también genera expectativas entre los productores. Según Etchandy, el valor en el mercado interno depende de distintas variables, entre ellas el volumen destinado a la producción de bioetanol, las exportaciones y el nivel de existencias al inicio de la campaña.
El gerente recordó que el año pasado hubo una producción importante de bioetanol y buenas exportaciones, pero el stock inicial de azúcar impidió que los precios reaccionaran como esperaba el sector. Para esta campaña, la expectativa es que una menor disponibilidad de existencias, junto con el cumplimiento de los compromisos comerciales, contribuya a mejorar los valores internos.
“Con precios bajos pierde el productor, pierde el industrial y hasta la misma provincia en la parte recaudatoria”, advirtió. Por eso, consideró fundamental alcanzar un equilibrio entre exportaciones, bioetanol y mercado interno.
Mientras las lluvias continúen condicionando el ingreso a los campos, el clima seguirá siendo el principal factor de incertidumbre para la zafra tucumana. Desde el IPAAT, la expectativa es que la industria y los productores puedan aprovechar cada período favorable para avanzar con la cosecha. “La zafra dura 12 meses”, recordó Etchandy, en referencia al trabajo de planificación y seguimiento que se mantiene durante todo el año. Por ahora, no hay una fecha definitiva de cierre: la prioridad es moler toda la caña que sea posible.













