El mercado internacional del azúcar atraviesa uno de esos momentos donde conviven señales aparentemente contradictorias. Por un lado, los principales países productores del mundo muestran niveles históricos de producción y organismos internacionales proyectan excedentes para las próximas campañas. Por otro, factores climáticos, energéticos y geopolíticos generan incertidumbre sobre el futuro del negocio y mantienen en alerta a los actores de la cadena.
Desde Tucumán, principal provincia azucarera de la Argentina, la lectura de este escenario requiere observar no solo lo que sucede en las bolsas internacionales, sino también la realidad local, donde la oferta, el consumo interno y el desarrollo de los biocombustibles juegan un papel fundamental.
Así lo expresó el ingeniero agrónomo y productor cañero Iván Hugo Ginel, quien analizó el presente de la actividad y destacó que el comportamiento del mercado interno resulta tan importante como las cotizaciones internacionales.
“Si bien es cierto que tenemos una sobreproducción mundial de azúcar y que eso influye en el contrato número 11 de Nueva York, el precio que realmente le interesa al productor es el que tenemos en la góndola argentina”, explicó.
Para Ginel, el funcionamiento del mercado local continúa dependiendo de una regla básica: la relación entre oferta y demanda. Sin embargo, advirtió que el sector enfrenta un desafío estructural que no puede ignorarse.
“Tucumán tenía aproximadamente entre 180.000 y 220.000 hectáreas de caña. Hoy tiene cerca de 320.000 hectáreas. El año pasado se produjeron casi 2,4 millones de toneladas de azúcar, mientras que el consumo argentino cayó de 1,8 millones a cerca de 1,2 millones de toneladas”, señaló.
La caída del consumo interno constituye uno de los fenómenos más relevantes de los últimos años. Según explicó el especialista, los argentinos pasaron de consumir alrededor de 40 kilos de azúcar por persona al año a unos 30 kilos, una disminución cercana al 30%.
“El consumo bajó mucho por la aparición de distintos endulzantes y también por una demonización del azúcar que se instaló en la sociedad”, sostuvo.
Ginel considera que existe una visión distorsionada sobre el producto y recordó el papel esencial que cumple en el funcionamiento del organismo humano.
“Hoy vos estás hablando conmigo gracias a la oxidación de una molécula de azúcar. El cuerpo genera energía a partir del azúcar. Hay una demonización que muchas veces no contempla la verdadera función que cumple”, afirmó.
Mientras tanto, en el plano internacional, la producción récord de Brasil, India y Tailandia sigue ejerciendo presión sobre los precios.
“Lo que ocurre en esos países afecta directamente al mercado. Cuando hay mucha azúcar disponible, el precio baja. Cuando hay poca, sube. Es exactamente la misma lógica que vemos en el mercado local”, explicó.
Brasil continúa liderando la producción mundial y ha logrado combinar altos rendimientos agrícolas con una estrategia energética que le permite destinar parte de la caña a la elaboración de combustibles renovables. Esa experiencia, según Ginel, representa un modelo que Argentina debería observar con atención.
“Hoy uno va a Brasil y encuentra vehículos que funcionan directamente con alcohol de caña de azúcar. Ellos entendieron hace mucho tiempo que la caña es una fuente estratégica de energía”, señaló.
En ese contexto, el productor tucumano considera que el futuro de la actividad no depende exclusivamente del mercado azucarero tradicional.
“Las dos alternativas que tiene el sector para evitar una sobreoferta son la exportación y la transformación del azúcar en alcohol para producir bioetanol”, afirmó.
La importancia de esta alternativa radica en que el mercado energético posee una dinámica diferente a la del azúcar.
“El azúcar es un producto prácticamente inelástico. Si baja el precio, nadie le va a poner diez cucharadas al mate cocido en lugar de una. En cambio, el alcohol tiene una demanda mucho más flexible y además contribuye al cuidado del medio ambiente”, explicó.
La producción de bioetanol, además, encaja dentro de las tendencias globales que buscan reducir emisiones y avanzar hacia matrices energéticas más sustentables.
“Tenemos que considerar a la caña de azúcar como una gran productora de energía. En realidad, más que producirla, la captura y la almacena. Toma la energía solar y la transforma en azúcar o en alcohol”, destacó.
En medio de este escenario, Tucumán enfrenta además un desafío productivo propio: las intensas lluvias registradas durante los últimos meses.
Paradójicamente, las precipitaciones generaron beneficios y complicaciones al mismo tiempo. Por un lado, permitieron alcanzar excelentes niveles de crecimiento de los cañaverales. Por otro, dificultaron significativamente el avance de la cosecha.
“Los rendimientos son muy buenos debido al efecto de El Niño y a las abundantes lluvias que tuvimos. Hay muy buena producción en el campo”, aseguró.
Sin embargo, aclaró que la zafra presenta un retraso considerable respecto de años anteriores.
“La cosecha se ha visto demorada aproximadamente entre 15 y 20 días por las lluvias. Tenemos un problema de piso; las cosechadoras pesan entre 15 y 20 toneladas y hoy resulta muy complicado ingresar a muchos lotes”, explicó.
Respecto a las perspectivas productivas para la campaña actual, Ginel prefirió mantener cierta cautela, aunque se mostró optimista.
“Hasta que no tengamos un avance cercano al 60% de la zafra es difícil hacer estimaciones definitivas. Todavía pueden ocurrir heladas que afecten el contenido de azúcar dentro de la caña”, señaló.
No obstante, destacó que los indicadores actuales permiten anticipar una campaña importante.
“Sí podemos decir que hay muy buena producción en el campo y que seguramente estaremos por encima de los dos millones de toneladas”, sostuvo.
Mientras el mercado mundial sigue observando la evolución de los grandes productores y las tensiones comerciales internacionales, el sector cañero argentino enfrenta el desafío de encontrar nuevos equilibrios. Para Ginel, el camino parece estar claro: sostener la competitividad, fortalecer las exportaciones y avanzar decididamente en el desarrollo del bioetanol.
En un escenario donde los excedentes presionan los precios y el consumo interno pierde fuerza, la energía renovable aparece como una oportunidad concreta para transformar una amenaza en una ventaja estratégica. La caña de azúcar, símbolo histórico del norte argentino, busca así reinventarse una vez más para seguir siendo protagonista del desarrollo regional.













