Lo que comenzó hace quince años como el sueño compartido entre un padre y su hijo hoy se convirtió en una de las empresas argentinas más reconocidas en la exportación de legumbres. Desde Tucumán, con producción propia en distintas provincias del norte y una planta de procesamiento en Rosario de la Frontera, CAS Exportaciones logró consolidar una presencia comercial que alcanza a más de 45 países y demuestra que desde el NOA también es posible competir en los mercados internacionales.
Ese recorrido será uno de los casos de éxito que se presentarán durante NOA Exporta, donde Agustín Salas, CEO y fundador de la empresa, compartirá la experiencia de una firma que creció apostando por la calidad, la capacitación permanente, las ferias internacionales y la construcción de relaciones comerciales de largo plazo. Además, la compañía acompaña el encuentro como sponsor Bronce, reafirmando su compromiso con el desarrollo exportador de la región.
Durante una entrevista con Suena a Campo, Salas repasó los inicios de la empresa y explicó que CAS Exportaciones nació como un emprendimiento familiar impulsado por el deseo de agregar valor a la producción agrícola.
«Es una empresa familiar que creamos con mi papá hace quince años. Nos dedicamos principalmente a la exportación de legumbres. Tenemos producción propia, también compramos a terceros y contamos con una planta de procesamiento en Rosario de la Frontera, desde donde acondicionamos y exportamos nuestros productos al mundo», explicó.
La historia comenzó poco después de que Salas finalizara sus estudios universitarios como contador público. Mientras trabajaba junto a su padre en la actividad agropecuaria, surgió una conversación que marcaría el futuro de ambos.
«Yo le dije que me gustaría darle valor agregado a lo que producíamos y él me respondió que siempre había soñado con exportar. A partir de esa charla decidimos crear la empresa y empezar de cero», recordó.
Ese primer paso estuvo acompañado por una fuerte apuesta a la formación profesional. Salas se especializó en comercio internacional y agronegocios, mientras la empresa comenzaba a abrirse camino en un mercado altamente competitivo.
Con el paso de los años, CAS Exportaciones dejó de ser un proyecto familiar para transformarse en una firma reconocida dentro del comercio internacional de legumbres.
Actualmente, el principal producto de la empresa es el poroto negro, aunque la oferta incluye una amplia variedad de especialidades agrícolas como poroto blanco, rojo, verde, cranberry, mungo, garbanzo y pisingallo, entre otros.
Según explicó Salas, Argentina produce anualmente más de 150.000 toneladas de poroto negro destinadas principalmente al mercado externo, convirtiéndose en uno de los cultivos más importantes del norte argentino.
Brasil continúa siendo el principal destino histórico de este producto, aunque durante los últimos años el mercado atravesó algunos cambios.
«Brasil comenzó a autoabastecerse y durante un tiempo redujo las compras, pero ahora volvió a demandar nuestro producto. Además, tenemos una presencia muy importante en Centroamérica, con mercados como México, Guatemala, Costa Rica, Cuba y Venezuela», detalló.
Hoy el 99% de la producción comercializada por CAS Exportaciones tiene como destino el comercio exterior.
La empresa abastece clientes en Sudamérica, Centroamérica, Norteamérica, Europa, el Caribe, el sudeste asiático e incluso mercados de Medio Oriente, aunque estos últimos se vieron afectados recientemente por los conflictos geopolíticos que atraviesa la región.
«Exportamos a más de 45 países. Prácticamente estamos presentes en todo el mundo y seguimos trabajando para abrir nuevos mercados», afirmó Salas.
Para el empresario, el principal desafío al iniciar un proceso exportador no pasa únicamente por conseguir compradores, sino por construir una reputación basada en la calidad.
«Lo primero es salir con un producto excelente. Cuando uno recién empieza no puede darse el lujo de cometer errores porque la mercadería viaja treinta o sesenta días hasta destino. Si llega con problemas, probablemente ese cliente no vuelva a comprar», sostuvo.
Con esa filosofía, la empresa decidió años atrás dar un paso estratégico: adquirir su propia planta de procesamiento.
La incorporación de esa infraestructura permitió implementar certificaciones internacionales y estandarizar los procesos de selección, limpieza, clasificación y acondicionamiento de las legumbres.
«Antes trabajábamos sin planta propia. Después logramos comprar una en Rosario de la Frontera y eso nos permitió controlar completamente la calidad. Hoy prácticamente no tenemos reclamos porque el producto sale con estándares internacionales», explicó.
La experiencia también les enseñó que cada mercado posee exigencias diferentes.
Mientras algunos compradores priorizan la apariencia del grano, otros ponen el foco en la cocción, el tamaño o determinados atributos específicos.
«Eso se aprende con el tiempo. Hay países donde buscan un poroto más grande, otros donde aceptan algunas imperfecciones y otros donde el estándar tiene que ser perfecto. Conocer esas diferencias es parte del trabajo diario», señaló.
Otro de los pilares sobre los que CAS Exportaciones construyó su crecimiento fue la conformación de equipos de trabajo altamente especializados.
Para Salas, el éxito de la empresa no depende únicamente de las decisiones de la dirección, sino del compromiso de cada una de las personas involucradas en la operatoria exportadora.
«Uno de nuestros mayores logros fue formar excelentes equipos de trabajo. Contamos con profesionales muy capacitados que hacen mucho más sencilla la ejecución de cada contrato internacional», destacó.
La capacitación permanente también ocupa un lugar central dentro de la estrategia empresarial.
Desde hace más de quince años la compañía participa activamente en las principales ferias internacionales del sector alimenticio y de legumbres.
Lejos de considerar esos eventos únicamente como espacios comerciales, Salas los define como verdaderas instancias de aprendizaje.
«Las ferias internacionales son como hacer un mini posgrado todos los años. Ahí aprendemos muchísimo, conocemos tendencias, hablamos con compradores y fortalecemos relaciones comerciales», afirmó.
Entre los encuentros de los que participa habitualmente mencionó Gulfood, en Dubái; la Convención Internacional de Legumbres, que este año se desarrolló en Orlando y tendrá su próxima edición en Estambul; además de exposiciones en París y Alemania.
En la mayoría de esos eventos, CAS Exportaciones cuenta con un stand propio.
«Es mucho más eficiente porque durante cinco días recibimos clientes de distintos países en un mismo lugar. En una jornada pueden visitarnos compradores italianos, españoles o de cualquier otra parte del mundo. Eso facilita enormemente el trabajo comercial», explicó.
Si bien las legumbres representan el núcleo del negocio, la empresa también avanzó en otros rubros vinculados al agregado de valor.
Actualmente desarrolla exportaciones de azúcar y trabaja en la comercialización internacional de harina de soja, expeller y aceite de soja producidos a partir de una planta de extrusado propia.
A pesar del crecimiento alcanzado, Salas reconoce que el contexto internacional continúa planteando desafíos permanentes.
La demanda fluctúa, aparecen nuevos competidores y algunos mercados pueden perderse debido a factores climáticos o logísticos.
Como ejemplo mencionó el caso del poroto alubia destinado a Europa, mercado donde Argentina perdió participación tras una campaña afectada por heladas, situación que permitió el ingreso de nuevos competidores como Egipto.
Sin embargo, lejos de desalentarse, considera que esos escenarios forman parte del comercio internacional y obligan a mejorar continuamente.
Durante NOA Exporta, el empresario buscará transmitir precisamente ese mensaje a quienes sueñan con comenzar a exportar.
«Hay mucha gente que piensa que exportar es imposible o demasiado complicado. Cuando escuchen casos reales van a ver que todo comenzó con una idea, con mucho trabajo y con ganas de aprender. En Tucumán hay muchísimo potencial», aseguró.
Su propia historia es un ejemplo de ello.
Lo que empezó en una pequeña oficina, con apenas dos personas y una idea compartida entre padre e hijo, hoy se transformó en una empresa que supera los cien empleados y comercializa productos argentinos en los principales mercados del mundo.
«Empezamos de la nada. Al principio hacía absolutamente todo y con el tiempo fuimos incorporando gente hasta conformar el equipo que tenemos hoy. Ese crecimiento demuestra que, con planificación, compromiso y una visión de largo plazo, desde el norte argentino también se puede competir a nivel internacional», concluyó Agustín Salas.













