Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes en la Argentina y perturban los diversos procesos de producción a lo largo y ancho del país.
El 2017 y lo que va del 2018 han estado caracterizados por aumento de las lluvias fuera de estación con sequía extrema en el verano y uno de los mayores impactos se da en la agricultura productiva.
El comportamiento de las lluvias y su irregularidad en el ciclo de cultivo de los granos, preocupa mucho a todo el sector productivo. La disponibilidad de tierras y de agua es cada vez más escasa, y se suma que el agua dulce debe a la vez servir para el consumo humano, como primera medida, y después para riego, uso industrial y bebida para ganado.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en su informe semanal, realizó ajustes en sus estimaciones sobre las pérdidas y esto se debe principalmente a la extensión de la sequía hacia el norte del país y la disminución del peso de los granos en el centro y el sur, por las bajas temperaturas.
La Bolsa dio a conocer un informe en el que estima una caída del 22% en la producción de maíz (41 millones de toneladas fueron las proyectadas, sin embargo la realidad alcanzó un total de 32 millones). Por su parte, la producción de soja cae un 31% en relación a la campaña anterior, alcanzando una producción de 39,5 millones de toneladas.
Como resultado de las estimaciones generales, se preveé una reducción de 3.463 millones de dólares en el Producto Bruto generado por las 4 cadenas agrícolas: soja, trigo, maíz y girasol, este impacto hubiera sido superior de no haberse dado un aumento en los precios de exportación.
Es importante, tener en cuenta que las estimaciones pueden variar ya que en muchas zonas productivas, los cultivos se encuentran en estado de maduración.
Caso aparte que merece un análisis singular son las principales consecuencias que ya se empiezan a observar y es la explosión de ofertas crediticias y de préstamos bancarios, así como también la propuesta de analizar la implementación de seguros agrícolas para próximas campañas. Sin dudas, esta campaña, dará lugar a repensar profundamente la adopción de buenas prácticas agrícolas y la inversión en infraestructura.










