En el agro argentino, las empresas familiares son mucho más que una estructura de trabajo: representan historias de esfuerzo, herencias emocionales, vínculos generacionales y proyectos de vida construidos alrededor de la producción. Sin embargo, detrás de esa fortaleza también suelen aparecer tensiones que, si no se abordan a tiempo, pueden transformarse en conflictos difíciles de resolver.
En ese escenario trabaja desde hace años Cristina Gallardo Gambetta, integrante de LGB Consultores de Empresas Familiares, firma dedicada al acompañamiento y profesionalización de empresas familiares en Tucumán y el norte argentino. La especialista analizó un caso real de una familia productora de caña de azúcar y dejó en evidencia cómo muchos problemas que parecen operativos o económicos esconden situaciones mucho más profundas. “Las empresas familiares agropecuarias suelen atravesar conflictos que desde afuera parecen operativos o económicos, pero muchas veces se esconden cuestiones vinculadas a los roles, la toma de decisiones y los límites entre la familia y la empresa”, explicó Gallardo.
La consultora remarcó que en Argentina el fenómeno de las empresas familiares tiene una enorme relevancia dentro del entramado productivo, especialmente en el agro. “El 95% de las empresas del país son familiares”, indicó, aunque advirtió que muy pocas logran atravesar exitosamente el paso generacional.
“Solo el 38% trasciende a la segunda generación y apenas el 7% llega a la tercera generación. Por eso es tan importante trabajar la continuidad y la profesionalización”, sostuvo.
Para explicar concretamente cómo aparecen los conflictos, Gallardo compartió el caso de una familia cañera con la que comenzaron a trabajar hace dos años. Se trataba de una empresa familiar integrada por los fundadores y cuatro hijos adultos. Con el tiempo, dos de esos hijos decidieron independizarse y emprender su propio proyecto productivo dentro del mismo rubro. “Compraron sus propios campos, pero seguían trabajando dentro de la actividad cañera. Entonces comenzaron a utilizar maquinarias, empleados y recursos que todavía pertenecían a la empresa familiar”, relató.
Lo que parecía una situación cotidiana terminó convirtiéndose en una fuente permanente de discusiones y tensiones. “Ahí es cuando empiezan los conflictos. ¿Quién tenía prioridad para usar una maquinaria en plena zafra? ¿Quién debía hacerse cargo si se rompía un tractor en el traslado de un campo al otro? ¿Quién pagaba los repuestos o los permisos?”, recordó.
Según Gallardo, el gran error suele ser pensar que el problema está solamente en el recurso material. En realidad, detrás de esas discusiones aparecen cuestiones emocionales y estructurales mucho más complejas. “Muchas veces los conflictos parecen operativos, pero abajo de eso existen problemas vinculados a la toma de decisiones, a la falta de acuerdos claros y a roles que nunca fueron definidos”, explicó.
En el caso puntual de esta familia cañera, el eje de la discusión era el uso de un tractor durante la época de zafra. Había una sola maquinaria para varios integrantes de la familia y cada uno consideraba tener prioridad. “Ahí aparecen frases como ‘yo soy el fundador’, ‘yo soy el hijo mayor’ o ‘a mí me corresponde primero’. Son conflictos que terminan mezclando lo emocional con lo empresarial”, detalló.
Desde LGB Consultores, el trabajo comenzó por identificar qué bienes seguían perteneciendo a la empresa familiar y cuáles correspondían a cada integrante de manera independiente. “No existe una única solución. Lo primero que hicimos fue ordenar. Determinar qué pertenecía a la empresa y qué correspondía a cada hijo. Y después trabajar acuerdos para seguir compartiendo algunos recursos, pero bajo criterios claros”, explicó Gallardo.
La especialista remarcó que uno de los mayores desafíos dentro de las empresas familiares es la comunicación. Muchas veces existen conversaciones que nadie se anima a dar y eso termina generando conflictos indirectos. “Hay conversaciones difíciles o importantes que cuesta abordar dentro de las familias. Entonces esas conversaciones aparecen disfrazadas de otra cosa”, señaló.
En ese sentido, Gallardo insistió en que muchos problemas podrían evitarse si las familias empresarias trabajaran a tiempo en la definición de roles, funciones y procesos de decisión. “Muchos conflictos pueden evitarse cuando la familia advierte a tiempo que es posible ordenar la empresa determinando roles y funciones”, afirmó.
Durante la entrevista también se habló del rol silencioso, pero fundamental, que suelen cumplir las mujeres dentro de las empresas familiares agropecuarias. Gallardo destacó especialmente el acompañamiento emocional y organizacional que muchas veces realizan madres, esposas o hijas dentro de las estructuras productivas.
“Las mujeres cumplen un rol muy importante. Muchas veces son las que sostienen”, expresó.
La consultora explicó que una empresa familiar representa la unión de dos sistemas distintos: la familia y la empresa. Y justamente allí aparece gran parte de la complejidad. “Las empresas familiares son la conjunción y la fusión de dos sistemas: familia y empresa. Por eso las decisiones nunca son solamente económicas”, indicó.
Otro de los puntos que destacó fue la necesidad de encontrar equilibrio entre la experiencia de los fundadores y las ideas de las nuevas generaciones. “Hay que respetar la experiencia del pasado y también la innovación de la nueva generación. Todo tiene un proceso y cada generación vive la empresa de manera diferente”, explicó.
Para Gallardo, profesionalizar una empresa familiar no significa perder la esencia, sino generar herramientas que permitan ordenar el funcionamiento y facilitar la continuidad. “Primero empezamos con orden, definiendo roles y funciones. Lo principal es profesionalizar las decisiones también. Nada es mágico, todo es un proceso”, sostuvo.
Con el objetivo de seguir trabajando sobre estas problemáticas, LGB Consultores organizará junto a la Federación Económica un ciclo de siete charlas destinadas a familias empresarias y profesionales vinculados al sector. “Es un ciclo totalmente gratuito pensado para acompañar a las empresas familiares en sus procesos de profesionalización y continuidad”, explicó Gallardo.
Además, adelantó que las primeras empresas en inscribirse accederán a un prediagnóstico sin cargo para detectar posibles problemáticas dentro de sus estructuras familiares y empresariales. “Muchas veces las familias no saben a quién recurrir o creen que el problema es otro. Por eso es importante pedir ayuda y entender que ordenar la empresa también es cuidar a la familia”, concluyó.












