La ganadería argentina atraviesa una etapa de transición. Después de años complejos, marcados por la pérdida de stock bovino, las sequías y las dificultades económicas, comienan a aparecer señales que permiten mirar el futuro con mayor optimismo. Sin embargo, la recuperación no será inmediata y todavía existen desafíos estructurales que condicionan el desarrollo de toda la cadena.
Así lo sostuvo Ariel Morales Antón, presidente de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMyA), quien destacó que el sector muestra indicadores positivos desde el punto de vista productivo, aunque advirtió que la recomposición ganadera demandará tiempo, inversión y mejoras en la eficiencia.
“Los indicadores son positivos desde el arco productivo. Estamos viendo una recomposición de los rodeos de cría y una importante retención de hembras, que son los vientres que se están quedando en los campos pensando en los próximos años”, explicó.
Para Morales Antón, uno de los datos más relevantes es el crecimiento de la hacienda encerrada en sistemas de engorde a corral. Según señaló, actualmente existen alrededor de 2,2 millones de cabezas en feedlots, un volumen que permite anticipar una mayor oferta de carne para los próximos meses.
“Ese número es muy bueno porque veníamos arrastrando una escasez de oferta importante. Vamos a tener una oferta un poco más amplia hacia septiembre, octubre y noviembre, que son meses donde históricamente aparece más hacienda terminada”, indicó.
El dirigente considera que la ganadería argentina se encamina hacia una etapa de valorización de sus activos productivos. “La ganadería va a ser un bien escaso a nivel nacional y también como proteína cárnica a nivel mundial. Por eso los indicadores productivos son alentadores”, afirmó.
Sin embargo, aclaró que la recuperación del stock bovino está lejos de completarse. La recomposición de rodeos es un proceso lento debido a los ciclos biológicos propios de la actividad y a la necesidad de equilibrar producción y consumo.
“Va a llevar tiempo. La ganadería lleva su tiempo. Por eso es muy difícil recuperarla cuando se perdieron tantos rodeos de cría por malas políticas anteriores. No es algo que vaya a resolverse de un momento para otro”, señaló.
Uno de los factores que condicionan esta recuperación es el consumo interno. Históricamente, Argentina se caracterizó por ser uno de los países con mayor consumo de carne vacuna del mundo, pero esa realidad cambió significativamente en los últimos años.
Desde CAMyA observan que la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores y la menor disponibilidad de hacienda impactaron directamente sobre las ventas.
“La carne dejó de ser ese producto tan accesible que era años atrás. Hoy recuperar el consumo va a tener mucho que ver con la oferta que tengamos en los próximos años y también con el poder de compra de la gente”, sostuvo Morales Antón.
A pesar de esta situación, el dirigente remarcó la importancia de seguir promoviendo el consumo de carne vacuna.
“Hay que alentar el consumo porque estamos hablando de una proteína fundamental para el desarrollo humano. La proteína animal tiene un valor nutricional muy importante y forma parte de nuestra cultura alimentaria”, afirmó.
Uno de los temas que más preocupa al presidente de CAMyA es la persistencia de altos niveles de informalidad dentro de la cadena cárnica. Según explicó, el problema no se encuentra principalmente en la producción primaria ni en los frigoríficos habilitados, sino en los eslabones finales de comercialización.
“La trazabilidad funciona desde el productor hasta el frigorífico. El gran problema aparece cuando la carne llega al destino final. Ahí encontramos carnicerías y comercios que no quieren trabajar completamente en blanco por la carga tributaria que enfrentan”, explicó.
Morales Antón detalló que muchas veces la carne sale correctamente documentada desde el frigorífico, pero posteriormente aparecen maniobras para evitar la registración total de las operaciones.
“La informalidad está en el destino final. Hay carnicerías que piden que una parte de la mercadería se facture a otra razón social o directamente buscan mecanismos para reducir su carga impositiva. Eso genera una competencia desleal para quienes cumplen con todas las obligaciones”, sostuvo.
A esta situación se suma otra problemática vinculada a algunos establecimientos de faena.
“También existen frigoríficos que permiten que terceros operen utilizando matrículas que no les corresponden. Son situaciones que perjudican a toda la cadena y que deben corregirse”, advirtió.
Más allá de las dificultades comerciales, Morales Antón considera que uno de los grandes desafíos pendientes está puertas adentro de los propios establecimientos ganaderos. Para el dirigente, Argentina todavía tiene un enorme potencial para mejorar sus índices productivos.
“Hoy tenemos aproximadamente 24 millones de vacas y nacen alrededor de 11 millones de terneros. Hay una enorme diferencia que se pierde por problemas de manejo y eficiencia”, señaló.
El dirigente puso como ejemplo las diferencias existentes entre distintas regiones productivas del país.
“Hay zonas donde los índices de preñez rondan apenas el 65%. Eso significa que de cada 100 vacas nacen 65 terneros. En cambio, en la Cuenca del Salado se alcanzan niveles cercanos al 94%. Ahí está una de las claves para crecer”, afirmó.
Para lograrlo, considera indispensable incorporar tecnología, asesoramiento profesional y una visión empresarial más moderna.
“Hay productores que todavía manejan sus rodeos de forma muy tradicional. Hoy contratar un veterinario o un asesor no debe verse como un gasto, sino como una inversión. Ahí está la diferencia entre ser solamente productor y tener una verdadera mentalidad empresaria”, expresó.
Según Morales Antón, el crecimiento sostenible de la ganadería argentina dependerá de varios factores actuando en conjunto: más eficiencia reproductiva, mayor formalización, mejora del poder adquisitivo y reglas estables que permitan planificar a largo plazo.
“Vamos por buen camino porque el productor volvió a invertir y a creer en la actividad. Pero tenemos que entender que recuperar la ganadería argentina llevará tiempo. Hoy tenemos alrededor de 51 millones de cabezas y necesitamos acercarnos a los 70 millones para abastecer correctamente al mercado interno y a las exportaciones”, concluyó.
En un contexto donde la carne sigue siendo uno de los símbolos productivos y culturales del país, el desafío será transformar las señales positivas actuales en un crecimiento sostenido que permita fortalecer toda la cadena y recuperar el potencial ganadero que históricamente distinguió a la Argentina.













