La producción de papa continúa ganando protagonismo dentro del mapa agrícola del norte argentino y Tucumán se consolida año tras año como una de las provincias más importantes para esta actividad. Su ubicación estratégica, las condiciones agroclimáticas y una larga tradición productiva permitieron que el cultivo se convierta en una alternativa clave para abastecer mercados en momentos donde otras regiones del país no pueden hacerlo.
Sin embargo, la campaña 2025-2026 no estuvo exenta de dificultades. Las lluvias persistentes, la alta humedad y los problemas operativos derivados de las condiciones climáticas pusieron a prueba a los productores, que debieron redoblar esfuerzos para sostener la calidad y la productividad de los cultivos.
Para conocer el panorama actual del sector, Suena a Campo dialogó con el ingeniero agrónomo Luciano Sánchez, productor papero y referente de una actividad que continúa evolucionando y adaptándose a nuevos desafíos.
Según explicó Sánchez, una de las principales fortalezas de Tucumán es el momento del año en que produce papa. «Lo más importante que tiene Tucumán como zona papera a nivel país es la fecha, el momento y el ambiente que hay para el cultivo», señaló.
El especialista destacó que, aunque las grandes zonas productoras del sudeste bonaerense poseen mayores superficies y mejores rendimientos, la provincia cumple un rol complementario fundamental dentro del mercado nacional.
«Si bien el sudeste de Buenos Aires nos arrasa en rendimiento y superficie, ellos no pueden producir en la misma época que nosotros y servimos como un complemento a la producción de ellos», explicó.
La actividad se desarrolla principalmente en tres zonas productivas bien definidas. La primera es La Calera, ubicada en la comuna de Alto Verde y Los Guchea, en el departamento Chicligasta. La segunda comprende localidades como Monte Bello, La Tipa y Los Sarmientos, en el departamento Río Chico. Finalmente, hacia el sur provincial aparece la zona de La Invernada, en el departamento La Cocha.
Cada una presenta características particulares que permiten escalonar las fechas de siembra y cosecha. «La Calera tiene un suelo más franco arenoso, mientras que La Tipa, Monte Bello y Los Sarmientos poseen suelos francos con buena aptitud agrícola, disponibilidad de agua y suelen escapar a las heladas», explicó Sánchez.
Estas diferencias generan calendarios productivos distintos. Mientras en Río Chico las siembras comienzan a fines de mayo, en La Calera se desarrollan durante la primera quincena de junio y en La Invernada recién hacia mediados de julio debido a las temperaturas más bajas.
El grueso de la producción provincial se concentra hacia mediados de octubre, cuando la oferta tucumana cobra especial relevancia para abastecer distintos mercados.
Sin embargo, este año las condiciones climáticas alteraron buena parte de la planificación habitual. Las lluvias registradas durante el otoño y el inicio del invierno provocaron inconvenientes tanto en la implantación como en el manejo sanitario de los cultivos.
«Las lluvias ciñen mucho el suelo y pueden producir pudrición de la semilla», explicó Sánchez. Además, señaló que en algunas zonas hubo dificultades para realizar labores fundamentales. «Hay lotes que no se pudieron llegar a aporcar porque el piso no lo dejó», comentó.
La humedad excesiva también generó condiciones ideales para la proliferación de enfermedades causadas por hongos, una de las principales preocupaciones de los productores durante esta campaña.
A estas complicaciones se sumó un retraso significativo en la cosecha de la denominada papa primicia. «Nosotros empezamos hace dos días, el 23 de junio, cuando se suele arrancar el 8 de junio. Son 15 días perdidos que demoran todo», afirmó.
Pese a este panorama, el productor mantiene expectativas moderadamente positivas desde el punto de vista agronómico.
«Se esperan buenos resultados, aunque es apresurado dar una determinación», indicó. No obstante, advirtió que la situación económica del sector sigue siendo delicada luego de varios años complejos.
«Hoy hay muy buenos precios, alrededor de 16.000 pesos la bolsa en Villa Dolores, pero el productor viene muy golpeado por una crisis de los últimos dos años», señaló.
Dentro del esquema productivo tucumano conviven diferentes variedades de papa destinadas a distintos mercados. La más difundida es la Spunta, utilizada principalmente para consumo fresco. También se destaca la Atlantic, orientada a la industria de snacks, y la Innovator, utilizada para la producción de papas prefritas tipo bastón destinadas a cadenas gastronómicas.
A estas variedades tradicionales se suman nuevos materiales genéticos que comienzan a ganar espacio en el mercado. «También aparecen variedades nuevas como la Sagitta, variedades FL para Pepsico y otras como Sababa o Alberstone», detalló.
Otro aspecto fundamental para la actividad es la producción de papa semilla, un eslabón estratégico para toda la cadena productiva.
«La papa semilla es el tubérculo o porción de tubérculo que se deposita en el suelo para desarrollar el cultivo. Es la base de la pirámide y debe producirse en zonas autorizadas para garantizar un material genético libre de virus», explicó Sánchez.
En este sentido, Tucumán cuenta con una ventaja importante gracias a la producción desarrollada en Tafí del Valle y en Las Estancias, zonas reconocidas por sus condiciones sanitarias y ambientales para la multiplicación de semilla certificada.
Mirando hacia adelante, Sánchez considera que la incorporación de tecnología será determinante para mejorar la competitividad de la actividad.
«La implementación de bioestimulantes, pilotos automáticos, drones para aplicaciones y mejoras genéticas será fundamental para el futuro del sector», sostuvo.
Sin embargo, también advirtió sobre uno de los problemas estructurales que enfrenta la producción provincial: la escasa rotación de cultivos.
«Un gran desafío en Tucumán es el monocultivo. Hay lotes que tienen papa hace más de 40 años porque la disponibilidad de tierra no es la mejor», alertó.
Con fortalezas productivas consolidadas, una ubicación estratégica dentro del calendario nacional y una creciente incorporación de tecnología, la papa tucumana continúa posicionándose como una actividad clave para el desarrollo agrícola del NOA. Pero para sostener ese crecimiento será necesario enfrentar desafíos sanitarios, económicos y productivos que exigen planificación, innovación y una visión de largo plazo.













