San Juan enfrenta un desafío productivo que puede marcar las próximas décadas: cómo aprovechar el crecimiento de la actividad minera, especialmente a partir de los grandes proyectos de cobre, sin perder de vista a una de sus actividades tradicionales, la vitivinicultura.
La provincia cuyana se encuentra en el centro del desarrollo cuprífero argentino, al mismo tiempo que sostiene una fuerte identidad vinculada a la producción de vinos. El escenario plantea una discusión que ya no pasa únicamente por determinar si minería y agro pueden compartir un mismo territorio, sino por establecer bajo qué condiciones ambas actividades pueden desarrollarse y, eventualmente, generar beneficios cruzados.
Uno de los casos donde esta convivencia adquiere particular relevancia es Calingasta. El departamento combina una creciente actividad vitivinícola, con viñedos de altura, recuperación de plantaciones centenarias, variedades criollas y enoturismo, con proyectos mineros de gran escala como El Pachón, Altar y Los Azules.
Francisco “Pancho” Bugallo, productor de la zona y referente de la bodega Carasur, considera que la discusión debe enfocarse en la convivencia y no en la confrontación entre actividades. “Hoy no veo que provincias como San Juan se puedan desarrollar sin una matriz compleja”, sostuvo. A su entender, la agricultura por sí sola no tiene capacidad suficiente para sostener la economía provincial, mientras que la minería presenta otra escala de inversión y tiempos diferentes.
“La minería es algo de mediano plazo, pero la agricultura mira el largo plazo. El vino trasciende por el componente cultural que otras actividades no tienen”, explicó Bugallo, quien también señaló que las diferencias en los beneficios que reciben las distintas actividades generan una situación de desventaja para el sector agrícola.
Desde el Gobierno provincial, en cambio, la mirada apunta a que ambas actividades pueden complementarse. Gustavo Fernández, ministro de Producción de San Juan, sostuvo que existen experiencias internacionales donde minería y agroindustria conviven y consideró que no hay una contradicción necesaria entre ambos sectores.
“Hay experiencias exitosas en el mundo de perfecta, sana y armoniosa convivencia, por lo tanto la primera definición es que no hay contradicción”, afirmó.
Uno de los principales puntos de encuentro puede estar en la infraestructura. Según Fernández, la actividad minera puede impulsar obras que luego queden disponibles para otros sectores productivos y permitan reducir costos logísticos, uno de los problemas que enfrenta la economía provincial.
“Esto te lo puede mover la minería, lo hace porque lo necesita, pero una vez que la minería te lo abre, queda disponible para todo el mundo”, explicó.
En ese esquema aparecen como obras relevantes la Ruta 40 y la Ruta 153, que pueden mejorar la conexión de las zonas productivas del sur sanjuanino con Mendoza y, desde allí, con Uspallata, el Pacífico y los puertos chilenos.
El impacto también podría alcanzar al Valle de Pedernal, una de las zonas vitivinícolas más destacadas de San Juan y con potencial para desarrollarse como polo enoturístico, aunque actualmente enfrenta dificultades vinculadas con el acceso y la infraestructura. “Pedernal es una novedad, pero tiene deficiencia en la infraestructura para llegar. La minería te podría habilitar esa infraestructura”, señaló Fernández.
El desafío para la vitivinicultura, sin embargo, no se limita a mejorar caminos. El Gobierno provincial también plantea la necesidad de diversificar la matriz productiva y buscar destinos comerciales que permitan obtener una mayor rentabilidad.
“Nuestra visión es de diversificación, mosto, uva pasa”, sostuvo Fernández. La estrategia contempla ampliar las alternativas comerciales y aprovechar las posibilidades que puede generar la actividad minera para establecer nuevas conexiones internacionales.
En ese sentido, el funcionario explicó que se trabaja junto con empresas mineras y representaciones diplomáticas de Argentina y Canadá para abrir oportunidades para vinos, pasas, uva fresca, mosto, aceite de oliva, pistacho y otros productos sanjuaninos. “Hay que buscarle a la agricultura mercados y negocios más rentables”, planteó.
Pero la convivencia entre ambas actividades también presenta desafíos relacionados con el empleo. Fernández advirtió que la minería requiere perfiles laborales con niveles de formación diferentes a los que demanda actualmente buena parte de la actividad agrícola. Bugallo coincidió en que el problema puede aparecer especialmente en los puestos más tecnificados y obligar al sector productivo a reinventarse.
Para el productor, el riesgo va más allá de la disponibilidad de trabajadores. “Si nosotros nos ahogamos, se va a caer otra cosa. Se caen las economías regionales”, advirtió.
El agua constituye otro eje central. La infraestructura hídrica aparece como una de las principales necesidades de los valles productivos. Bugallo sostuvo que los productores no cuentan individualmente con los recursos, el tiempo y los conocimientos necesarios para resolver esas obras. Fernández, por su parte, señaló que la red de canales presenta un importante deterioro y que empresas mineras trabajan en una propuesta para contribuir a su recuperación.
La energía también forma parte de esta discusión. La agroindustria necesita electricidad para avanzar en la tecnificación del riego y mejorar sus procesos, mientras que la expansión minera puede impulsar nuevas líneas de transporte eléctrico y facilitar la incorporación de generación solar.
La convivencia entre minería y vitivinicultura tampoco es una experiencia inédita a nivel internacional. Australia ofrece un ejemplo con South Australia, donde una importante actividad cuprífera comparte territorio con una industria vitivinícola de escala internacional. Chile también combina una fuerte producción minera con una industria vitivinícola desarrollada.
Para San Juan, el desafío consiste ahora en definir cómo aprovechar el cambio de escala que puede generar el boom minero sin relegar a las economías regionales. Infraestructura, agua, energía, capacitación, tecnología y nuevos mercados aparecen como los puntos sobre los que deberá construirse ese equilibrio productivo.













