Para disminuir al máximo las pérdidas que pudieran ocasionarse en los cañavelares, resulta fundamental el reordenamiento de la presente zafra. Para ello se debe considerar el grado de afección y medir el nivel de daño en las plantaciones.
Respecto a los cultivares, debemos considerar su nivel madurativo y la tolerancia de los jugos al deterioro poshelada, especialmente orientado a establecer un orden de cosecha.
Es conveniente iniciar rápidamente la cosecha de las variedades más sensibles (TUC 77-42, TUC 95-10, entre otras) y luego LCP 85-384. Dentro de material genético, se debe priorizar la cosecha de los cañaverales de menor nivel madurativo al momento de las heladas (“caña planta”), los de menor producción de caña y/o los que están caídos, ya que resultaron mucho más afectados.
A fin de minimizar las pérdidas de azúcar asociadas al deterioro derivado del frío, es imprescindible acelerar y optimizar el ritmo de cosecha y molienda.
En cuanto a la cosecha, se debe evitar, restringir y controlar al máximo la quema de los cañaverales y reducir el estacionamiento de la materia prima en el campo, priorizando la cosecha integral sin quema y con la menor demora posible respetando las asignaciones de los ingenios.
La quema y el estacionamiento poscosecha de la caña helada incrementan las pérdidas de azúcar (mayores pérdidas de peso y deterioro de la calidad), generando significativas pérdidas en la recuperación de sacarosa, las que se magnifican en la cosecha tardía.
El otro aspecto de gran importancia que se debe evaluar frente a la ocurrencia de heladas es el efecto de las mismas sobre los “lotes semilleros”. Las yemas de la caña de azúcar también resultan afectadas en forma variable según la severidad de la helada, la variedad, el estado de crecimiento del lote, el vuelco, etc.
FUENTE: La Gaceta











