Investigadores de Conicet trabajan en el estudio de organismos que prosperan en las condiciones ambientales extremas de los salares y volcanes de la puna.
Entrevistada por Suena a Campo, la Dra. en Biología e investigadora de Conicet María Eugenia Farías, explicó que, en la región de la Puna, entre volcanes, salares y lagunas, viven algunos de los microorganismos más aislados e interesantes del planeta, seres vivos que se han adaptado a condiciones extremas. Su estudio ayudaría a entender cómo surgió la vida en la Tierra y aportaría más datos para la búsqueda de vida en Marte.
La doctora expresó que el grupo de investigadores pertenece a PROIMI, (Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos) y desde hace ya unos 20 años estudia dichos salares que, a simple vista, aparentan ambientes estériles donde la vida no puede abrirse camino.
De dicho esfuerzo surge el hallazgo de que estos salares se encuentran habitados por organismos “extremófilos”, llamados de ese modo debido a que habitan en ambientes sumamente extremos. Entre otras cosas, se logró determinar que estos microorganismos representan los orígenes de la vida en nuestro planeta y, por otro lado, presentan similitudes con organismos que habitan en Marte, donde los ambientes son similares.
Los Estromatolitos son habitantes de nuestro planeta calificados como “rocas vivas” que habitaron la Tierra en las épocas más primitivas. “Hace unos 3500 millones de años atrás, cuando el planeta tierra no contaba con oxígeno en la atmósfera ni en las aguas, ni capa de ozono, radiación ultravioleta excesiva, y alta carga de salinidad en las aguas, estos organismos surgieron, siendo las primeras formas de vida de nuestro planeta” añadió.
Los Estromatolitos fueron asociaciones de las primeras células que comenzaron a fotosintetizar. En ese proceso, comenzaron a participar minerales como el carbonato de calcio. Estas asociaciones secuestraban el dióxido de carbono presente en la atmósfera y lo transformaban en rocas formando estructuras mixtas entre material orgánico e inorgánico.
Según la entrevistada, esas rocas vivas dominaron el planeta durante más de 2500 millones de años siendo los únicos habitantes del planeta. En ese tiempo, oxigenaron las aguas y la atmósfera y crearon la capa de ozono preparando el ambiente para que se abrieran camino nuevas formas de vida dependientes del oxígeno.
En la actualidad, los Estromatolitos se extinguieron, salvo en lugares con ambientes extremos de nuestro planeta. El equipo de investigación de la Dra. Farías, descubrió en 2009 que, en la puna argentina, a 3600 m.s.n.m., existe aún esta forma de vida primitiva.
En el lugar, se presentan condiciones fisicoquímicas y geográficas que permiten que estos organismos prosperen como ser baja presión de oxígeno, excesiva radiación ultravioleta debido a la altura, ambientes de humedales salinos y alcalinos e influencia volcánica, condiciones similares a esa sopa primitiva donde surgieron estas formas de vida.
“El hecho de haber encontrado estromatolitos vivos es un viaje al pasado, un lugar único y extraordinario para estudiar y comprender el origen de la vida” expresó.
Estos organismos tienen aplicaciones biotecnológicas en el campo de la agronomía ya que dichas bacterias ayudan a las plantas a crecer en suelos con niveles elevados de salinidad. “Lo que se hizo fue aislar esas bacterias para estudiarlas, y a partir de allí surgió una aplicación biotecnológica que consiste en usarlas para permitir a cultivos como la soja a crecer en suelos alcalinos obteniendo resultados superiores a los inoculantes y demás productos químicos que se utilizan en la actualidad” explicó la especialista.
Este trabajo permitiría ampliar las fronteras agrícolas y recuperar suelos degradados y salinizados que no son aptos para cultivos comerciales.
A partir de esto surgió una experiencia muy especial para el grupo de científicos que consiste en llevar las ciencias básicas y el conocimiento adquirido a una aplicación biotecnológica que permitirá realizar las primeras pruebas a campo para poner a prueba este inóculo al que denominaron “Capur”, que en la lengua coya significa “alto y grande”.











