El joven sociólogo Iván Weyrauch, se propuso inventar algo propio que tuviera impacto, y de a poco empezó a interiorizarse para desarrollar en nuestro país el sorbete ecológico.
“Yo no estaba en el tema. No lograba unir lo ambiental con lo social, lo veía más como un tema específico de los que están en Ciencias Naturales”, relató el emprendedor.
Hablando con amigos que trabajan en el rubro de la gastronomía identificó un problema: encontrar alternativas al sorbete de plástico de un solo uso, prohibido en muchas ciudades de nuestro país. Algunos estaban utilizando de papel, bambú o metal, pero ninguno resultaba tan práctico ni económico.
Así fue que se puso a investigar qué otros tipos de sorbetes existían en el exterior para ver si había algo distinto para aplicar en Argentina.
“Mi papá es alemán, así que empecé a buscar en Alemania. Investigando encontré el sorbete ecológico hecho con el tallo de trigo. También los vi en Estados Unidos. Seguí buscando y ví que estaba en muchos países, pero acá todavía no, lo cual me parecía increíble”, contó Weyrauch.

Antes se descartaba, ahora es un producto ecológico
Era plena pandemia y lo primero que hizo fue testearlo para ver si el producto interesaba, y luego conseguir el producto.
“Me puse a hacer números y para producirlo no tenía capital. Por eso analicé la posibilidad de traerlo de afuera y conseguí un proveedor en Asia, quien me abrió la puerta a este negocio”, recordó el emprendedor.
“El método para producir el sorbete es tan simple como artesanal. Cuando se cosecha el trigo se genera el tallo como descarte, se recolecta y eliminan los que son muy finitos o estén rotos. Como tiene dos nudos, uno arriba y otro abajo, entre ambos se realiza un corte con tijera para obtener el sorbete ecológico. Luego se esteriliza en agua hirviendo, va a un horno de ionización, y lo dejan al sol y listo, un producto increíble para reemplazar al plástico”, detalló.
En ese sentido, Weyrauch, indicó que “utilizamos los sobrantes de la cosecha del trigo, y algo que iba a ser descartado ahora es utilizado para reemplazar un producto altamente contaminante, aprovechando más eficientemente nuestros recursos naturales”.
A diferencia de los sorbetes de bambú y metal que requieren higienización, los de trigo son biodegradables y no se humedecen como los de papel, por lo que es una alternativa intermedia sustentable y económica.
Además, es gluten free porque el tallo no entra en contacto con el grano, siendo apto para consumo de celíacos.

Un mercado en pleno crecimiento
Iván trabaja solo, no tiene socios. Comenzó vendiendo el producto en pandemia, lo que le resultó bastante complejo ya que los bares y hoteles fueron los comercios más golpeados. Recién ahora, después de un año y medio el negocio empezó a marchar.
Hoy vende principalmente de forma mayorista a bares, restaurantes y hoteles, entre los que se encuentran la cadena de hoteles Alvear, el Hilton, Four Season y restaurantes como Sacro.
“Vendo sorbetes de 14,5 cm (para tragos de vaso corto) y de 20 cm (para tragos de vaso largo) en 11 provincias y tengo distribuidores, y cada vez se vende más. Ahora estoy en 160 mil sorbetes por mes. El negocio es rentable sin dudas”, afirmó el emprendedor.
“Los vendo a un precio accesible pensando una clientela golpeada por la pandemia, ya que si un cocktail hoy sale entre 500 y 600 pesos, mi producto vale menos del 1%”, destacó. (Fuente: Agrofy News)
El ABC Rural













