La gestión del agua en la producción agropecuaria es un tema crucial en la actualidad, dado el desafío que representa la escasez de recursos hídricos y el impacto del cambio climático en la agricultura. En SUENA A CAMPO mantuvimos una comunicación directa con Ángeles Lesman, coordinadora Regional del Litoral de CASAFE, para explorar esta cuestión con mayor profundidad.
La producción agropecuaria tiene características distintivas o que le son propias y que la diferencian del resto de los sistemas productivos. Una de ellas es la de operar con seres vivos, por lo cual la producción se ajusta a los ciclos biológicos de cada especie. Esto implica, entre otras cosas, proveer los medios apropiados para el crecimiento y desarrollo de cada una de ellas, es decir, luz, nutrientes y agua. En el último tiempo, el agua, tomó especial relevancia por su escasez.
En este contexto se hace preciso considerar al agua como un recurso finito, cuyos usos compiten entre sí. Por lo cual, es necesario implementar en el territorio, las buenas prácticas en el uso de agua agrícola. Por un lado, están las prácticas que evocan a acciones desde la gestión o administración de las organizaciones agropecuarias; por otro, las que refieren a acciones técnicas agronómicas, en ese sentido, Lesman explica que CASAFE es un «eslabón importante porque tratamos de agregar valor con la innovación, la calidad y trazabilidad con buenas prácticas, siempre difundiéndolas en sentido global», remarcó.
Es importante resaltar que la gestión del agua es una buena práctica agropecuaria y una responsabilidad compartida por productores, investigadores, extensionistas, prestadores de servicios (públicos y privados) y por supuesto, las comunidades. Desde el sector agropecuario debemos velar por mantener y resguardar tanto la calidad como la cantidad de este valioso recurso. «Nuestro mayor desafío es empezar a mirar en el mediano y largo plazo, estamos acostumbrados a trabajar en el día a día, pero en esta temática es muy importante trabajar con previsibilidad», explicó Lesman.
Para poder anticiparse a lo que vendrá, es claro estar informados. «Esto nos permitirá tomar decisiones y planificar correctamente en las diferentes organizaciones agropecuarias. Así, nos anticipamos a los impactos esperables en sectores económicos y en las comunidades», detalló.
Según explicó la coordinadora, cuando se habla de buenas prácticas se suele asumir que requiere un cambio de infraestructura o una inversión importante, pero no es necesariamente así. «Son prácticas muy sencillas de ejecutar que muchas veces implicar solamente hacer las cosas de manera diferente, cambiar la forma de ser. Cuando hablamos de buenas prácticas debemos ver las cosas diferentes, cambiar el chip para comprometernos porque somos todos responsables. El agua es una problemática planetaria, por lo que es nuestro compromiso gestionar correctamente este recurso», analizó.
En este proceso, es importante la inversión en investigación científica y tecnológica. Así, se podrán desarrollar nuevas opciones que puedan soportar mejor las sequías o el exceso de agua y optimizar su utilización de esta. «Debemos empezar a trabajar con obras de retención para que el sentido natural del agua tenga una evacuación correcta, no sea brusca y podamos contenerla para periodos de déficit, empezar a hablar de mantenimiento de canales, limpiezas de los mismos», dijo y agregó: «Debemos pensar en todo el sistema, rotaciones, tipos de cultivos a incorporar, que tipo de suelo tengo, a que rendimientos se puede llegar. Tenemos que profesionalizar y tecnificar más por estas cuestiones que estamos viviendo», anticipó.
En cuanto a la evolución que se viene mostrando en esta temática en los últimos años, Lesman relató que la pandemia fue clave para la digitalización de datos. «Empezamos a tener información que nos ayudaron a tomar decisiones certeras y correctas«, contó. «El Servicio Nacional Meteorológico nos plasma en mapas de forma diaria las tendencias climáticas. Existen aplicaciones desde el 2014, por ejemplo la app se descarga desde el celular y va censando la disponibilidad del agua a los dos metros de suelo. Hace poco tenemos una app que hace una balance hídrico», enumeró.
Otro de los puntos que la especialista destacó tiene que ver con el uso del suelo. «Se debe evitar suelos desnudos para inhibir la evaporación de la humedad del suelo y proporcionar una mayor infiltración de agua en el perfil edáfico. También para evitar la pérdida de suelo por erosión eólica».
Por último Lesman, destacó que todas las empresas que forman CASAFE se comprometieron a diversos objetivos relacionados a desarrollos sostenibles. «Apuntamos a minimizar el efecto del cambio climático y para el cumplimiento de los objetivos de la agenda 2030. Todos debemos pensar en todo el ecosistema. Hace dos años medimos nuestra huella de carbono para poder detectar qué podríamos cambiar desde el día a día para minimizar esos efectos. El cambio climático es una variación persistente en el clima, atribuido a la acción humana. Lo que hacemos es compensar y colaborar a instituciones que están plantando árboles. Incorporamos a la vegetación dentro de los ciclos de agua, estas son medidas que ayudan a mantener la actividad agropecuaria que es muy genuina, se producen alimentos, energía y fibra para mejorar la calidad humana», finalizó.
(Fuente: Suena a Campo)












