La búsqueda de alternativas biológicas para proteger los cultivos suma nuevos avances desde la investigación agropecuaria. Un equipo del Centro de Investigaciones Agropecuarias (CIAP) del INTA estudió cómo una condición del cultivo de una bacteria benéfica -la cantidad de oxígeno disponible– puede influir en su capacidad para combatir microorganismos que provocan enfermedades en el garbanzo y el maní. La investigación se centró en Bacillus velezensis NKG50, una bacteria que ya había demostrado actividad de biocontrol frente a Ascochyta rabiei, agente causal de la rabia del garbanzo, y Thecaphora frezzii, responsable del carbón del maní.

Del microorganismo al desarrollo de una herramienta
Los microorganismos benéficos pueden desempeñar un papel importante en la protección de los cultivos. Algunas bacterias y hongos tienen la capacidad de inhibir el desarrollo de patógenos, favorecer la respuesta de las plantas frente al estrés y producir compuestos con actividad biológica. El desafío para la ciencia no consiste solamente en encontrar un microorganismo que tenga ese comportamiento. También es necesario determinar qué produce, bajo qué condiciones lo hace y cómo puede aprovecharse esa capacidad a escala productiva. En ese proceso trabaja el grupo MBEBA, una iniciativa interinstitucional dedicada al estudio de microorganismos benéficos y su potencial para desarrollar herramientas de protección vegetal. El grupo es liderado por Lucio Valetti, del Instituto de Patología Vegetal (IPAVE-CIAP) del INTA, junto con Mariela Monteoliva y Carla Guzzo, del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales (IFRGV) del organismo. «Encontrar un microorganismo con capacidad de biocontrol es el primer paso. Después necesitamos comprender qué produce, bajo qué condiciones lo produce y cómo podemos aprovechar esa actividad para desarrollar una herramienta tecnológica», explicó Valetti.
«Encontrar un microorganismo con capacidad de biocontrol es el primer paso. Después necesitamos comprender qué produce, bajo qué condiciones lo produce y cómo podemos aprovechar esa actividad para desarrollar una herramienta tecnológica»
El oxígeno, una variable clave
A partir de los antecedentes de la cepa Bacillus velezensis NKG50, los investigadores avanzaron sobre una pregunta específica: qué ocurre con su actividad antifúngica cuando cambia la cantidad de oxígeno que recibe durante el cultivo. El estudio, titulado «Efecto de la oxigenación en la actividad antifúngica de Bacillus velezensis NKG50 frente a Ascochyta rabiei y Thecaphora frezzii», busca determinar cómo las condiciones de producción de la bacteria pueden modificar los compuestos responsables de su actividad contra los hongos. La importancia del trabajo radica en que las condiciones de cultivo pueden ser determinantes para obtener y producir de manera eficiente los compuestos de interés biológico. La cepa NKG50 ya había mostrado resultados promisorios en estudios de biocontrol, donde logró reducir el desarrollo de la rabia del garbanzo y del carbón del maní, incluso en evaluaciones realizadas bajo condiciones de invernadero. Ahora, el objetivo es profundizar en los mecanismos que explican ese comportamiento.
De la actividad antifúngica a una posible aplicación
Una vez identificados los microorganismos y los compuestos responsables de su actividad, aparece otro desafío: cómo estabilizarlos, transportarlos y aplicarlos de manera eficiente en el campo. En esa etapa, el equipo también trabaja junto con investigadores de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba, con quienes desarrolla nanoformulaciones biogénicas. La estrategia apunta a explorar nuevas alternativas para estabilizar y transportar compuestos de interés biológico, con el objetivo de ampliar sus posibilidades de utilización. Esta línea de investigación ya cuenta con antecedentes y publicaciones sobre nanoformulaciones evaluadas frente a Ascochyta rabiei. El desarrollo de estas tecnologías podría resultar relevante para avanzar hacia soluciones de control biológico más eficientes, especialmente en sistemas productivos que buscan reducir la dependencia de herramientas de síntesis química.
Maní y garbanzo, bajo la lupa
El trabajo forma parte de una línea más amplia del INTA destinada a identificar microorganismos capaces de contribuir al control de enfermedades y mejorar la tolerancia de los cultivos frente a situaciones de estrés abiótico. Además de distintas especies de Bacillus, los investigadores estudian microorganismos del género Trichoderma, evaluando su comportamiento frente a enfermedades que afectan al maní y al garbanzo. En el caso del maní, la investigación también analiza su posible contribución frente al estrés hídrico, uno de los factores que puede limitar el rendimiento del cultivo. «Entre los microorganismos estudiados se encuentran distintas especies de Bacillus y Trichoderma, evaluadas frente a enfermedades que afectan al garbanzo y al maní. En este último cultivo, además, se analiza su posible contribución frente al estrés hídrico», indicó Valetti. En este escenario, el trabajo del INTA muestra uno de los desafíos centrales de la biotecnología aplicada al agro: pasar de identificar las capacidades naturales de un microorganismo a comprender cómo producirlas, estabilizarlas y convertirlas, eventualmente, en herramientas concretas para proteger los cultivos. El estudio sobre Bacillus velezensis NKG50 y el papel del oxígeno representa un paso más en ese camino, con potencial para generar nuevas estrategias frente a enfermedades que afectan a dos cultivos de importancia para la producción argentina: garbanzo y maní.













