El girasol se cultiva en Argentina desde el sudeste de la región Pampeana hasta el NEA, mostrando una amplia adaptabilidad que se debe tanto a la plasticidad de la especie como al éxito de los fitomejoradores en seleccionar materiales adaptados a diversas condiciones de recursos y adversidades en esta gran región.
Al observar la serie de las últimas siete campañas de girasol, el actual ciclo agrícola registró el valor más alto en cuanto a nivel tecnológico bajo (BCBA)En cuanto a las dosis de fertilización aplicadas para nitrógeno, fósforo y azufre fueron de 19, 11 y 1 kilogramos por hectárea en promedio,respectivamente, en comparación con 20, 9 y 1 kilogramos por hectárea en la campaña anterior. En cambio, al comparar el porcentaje de superficie en la que se realizó un análisis de suelo previo a la siembra aumentó 3 puntos porcentuales, pasando del 27% al 30%.
El ciclo agrícola 2023/24 cerró con una producción de 3,6 millones de toneladas, un 21,7 % por debajo del volumen alcanzado en el ciclo anterior (FLCKR)La caída en el nivel tecnológico alto puede atribuirse a varios factores, como la reducción en el uso de siembra directa y la disminución en las dosis de fertilización. Estas variaciones han afectado la eficiencia y productividad del cultivo de girasol, subrayando la necesidad de reforzar el apoyo técnico y la adopción de tecnologías avanzadas para mejorar los rendimientos en futuras campañas.
Como resultado final, la producción total del país medido en millones de toneladas experimentó un descenso de casi el 22%. El ciclo agrícola 2023/24 cerró con un rinde promedio de 20,2 qq/Ha y una producción de 3,6 millones de toneladas, un 21,7 % por debajo del volumen alcanzado en el ciclo anterior y un -1,1 % por debajo del promedio de los últimos 5 años.
(Fuente: Infocampo)













