El deterioro de los márgenes volvió a condicionar al interior productivo argentino. De acuerdo con el último Semáforo de Coninagro, el estancamiento de los valores percibidos, la suba de los costos y una demanda debilitada profundizaron las dificultades de varias cadenas.
El informe correspondiente a julio de 2026 registró, además de los nueve sectores en estado crítico, seis en amarillo. Frente a la medición anterior, los cambios más relevantes fueron los retrocesos de los complejos citrícola y forestal, que abandonaron la categoría intermedia.
La yerba mate, el arroz, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, la leche y la mandioca continuaron en rojo. A ese grupo se incorporaron los cítricos dulces y la forestoindustria.
En buena parte de esas actividades, el principal problema estuvo concentrado en el negocio. Las cotizaciones recibidas por los productores permanecieron prácticamente sin cambios o aumentaron menos que la inflación, mientras los gastos operativos siguieron elevados, lo que redujo la rentabilidad real y comenzó a incidir sobre las decisiones de producción.
En algunas predominó la menor capacidad de compra, los cambios en los hábitos de consumo o las dificultades atravesadas por otros eslabones. En otras, la presión surgió de una oferta abundante o de una estructura de costos que comprimió los resultados.
Los sectores del descenso
El sector forestal descendió a rojo luego de acumular un incremento interanual de apenas 4% en sus precios. La menor actividad de la construcción y la obra pública debilitó el mercado interno, al tiempo que las compras externas crecieron 13% y aumentaron la competencia para la producción nacional.
En los cítricos dulces también pesó la retracción de la demanda, ya que el consumo doméstico cayó 10% interanual y las exportaciones retrocedieron 34%, mientras las cotizaciones subieron 17%, por debajo del nivel general de precios. La producción se mantuvo cerca de 1,6 millones de toneladas, sobre unas 80.000 hectáreas.
Las cadenas en verde
Bovinos, ovinos, granos y miel fueron las únicas actividades que alcanzaron la mejor calificación. Su principal fortaleza estuvo en valores que evolucionaron por encima de la inflación, favorecidos por mercados dinámicos y una demanda capaz de acompañar la oferta.
En amarillo permanecieron el tabaco, las peras y manzanas, las aves, los porcinos, la papa y el maní. Estos rubros combinaron costos altos, escaso impulso comercial y precios que todavía no consiguieron recuperar plenamente su poder adquisitivo, aunque sin mostrar un deterioro generalizado.
La perspectiva histórica reflejó que siete de las 19 economías estudiadas pasaron más de la mitad de los últimos ocho años en rojo. La vitivinicultura encabezó los casos más comprometidos, con resultados negativos en más del 73% de los meses, seguida por la lechería, con 65%, y por el arroz y los cítricos, ambos con 64%.
La situación se volvió especialmente prolongada para el vino y la yerba mate. La primera actividad acumuló 42 meses consecutivos en crisis desde enero de 2023, mientras la segunda alcanzó 28 períodos seguidos desde abril de 2024.
Más exportaciones, pero menor participación para el productor
De acuerdo con el informe de Coninagro, pese a las dificultades internas, las 19 cadenas exportaron USD 37.725 millones entre enero y julio, un 17% más que durante el mismo lapso de 2025 y un 12% por encima del promedio de los últimos cinco años. Los granos aportaron USD 29.583 millones y explicaron el 78% del total, seguidos por los bovinos, con USD 3.459 millones.
Las importaciones sumaron USD 2.987 millones, por lo que se vendieron al exterior cerca de USD 13 por cada dólar destinado a compras fuera del país. Sin embargo, ocho de once productos mostraron que la porción del precio final captada por el productor quedó por debajo de su promedio histórico, una señal de que el buen desempeño comercial agregado no se trasladó de manera uniforme hacia el primer eslabón de las cadenas.













