“Desde el ciclo 2001/2002 la sección Economía y Estadísticas de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) realiza una encuesta al finalizar la campaña de maíz en Tucumán y en sus zonas de influencia, con el objetivo de estimar el rendimiento medio, de monitorear las problemáticas más frecuentes del cultivo durante la campaña y de brindar al sector productivo información para la toma de decisiones”, contó Daniela Perez, de la sección Economía Agrícola.
Los resultados del último sondeo indican que durante la campaña 2024/2025 se relevaron alrededor de 97.000 hectáreas sembradas con maíz en Tucumán y en su zona de influencia. En el 76% del área relevada se sembraron maíces que expresan la proteína Vip3a20.
La fertilización con nitrógeno y fósforo fue variable: la primera abarcó el 54% del área relevada; la segunda, un 36%.
Por otro lado, más de un 50% de los encuestados reportó presencia de dalbulus maidis, y que las principales malezas en la campaña fueron Amaranthus spp., Borreria spp, Chloris spp. y Trichloris spp.
Un 38% de los encuestados reportó presencia de distintas enfermedades durante el ciclo del cultivo del maíz.
En lo referente a los resultados logrados en la cosecha, los datos obtenidos a partir de la encuesta indican que el rinde promedio ponderado del área relevada alcanzó las 6,24 toneladas por hectárea (t/ha), mientras que el de la provincia de Tucumán llegó a 6,5 t/ha.
Finalmente se pudo establecer que la campaña 2024/2025 de maíz en Tucumán y en sus zonas de influencia mostró una recuperación importante de los rendimientos respecto de la campaña anterior, alcanzando en promedio 6,5 t/ha en Tucumán y 6,24 t/ha en el total relevado. Este repunte estuvo vinculado con una menor incidencia del complejo de patógenos causantes del achaparramiento del maíz.
La sanidad del cultivo siguió condicionada por la presencia de insectos -en especial, de dalbulus maidis y de spodoptera frugiperda-, de malezas difíciles -como Amaranthus spp. y Borreria spp.– y de enfermedades -como achaparramiento y tizón-. El manejo de estas problemáticas requirió, en muchos casos, múltiples aplicaciones de insecticidas y de herbicidas, con una frecuencia media de tres tratamientos en el caso de malezas.
En más de la mitad del área relevada se fertilizó con nitrógeno; y en alrededor de un tercio, con fósforo. Los niveles de nutrientes en el suelo siguen siendo bajos, lo que plantea un desafío para la sostenibilidad a mediano plazo. La urea y el superfosfato fueron las fuentes más utilizadas.













