Mientras el limón, la caña de azúcar o los granos suelen concentrar la atención cuando se habla del campo tucumano, existen otras producciones que, aunque menos conocidas, vienen consolidándose como alternativas con gran potencial. Entre ellas se encuentra el cultivo de nueces, una actividad que exige paciencia, inversión y conocimiento técnico, pero que ofrece importantes oportunidades para quienes deciden apostar a largo plazo.
Esa es la experiencia de Simón Asfoura, ingeniero agrónomo y productor tucumano, quien desde hace más de una década trabaja en el desarrollo de nogales y pecanes en San Pedro de Colalao. En diálogo con Suena a Campo, compartió cómo nació este proyecto familiar, cuáles son los principales desafíos de producir nueces en Tucumán y por qué considera que esta actividad todavía tiene mucho camino por recorrer.
La historia comenzó hace más de diez años, cuando la familia decidió apostar por un cultivo prácticamente inexistente en la zona. «El que tuvo la idea fue mi papá. En ese momento estuvo asesorado por distintos ingenieros y decidimos empezar con nogal. Era una apuesta bastante arriesgada porque en San Pedro de Colalao prácticamente no existían productores de nogales comerciales», recordó Asfoura.
La finca, ubicada en la localidad de Chulca, cercana a San Pedro de Colalao, cuenta con alrededor de 800 hectáreas donde conviven distintas actividades productivas. «Además de las nueces hacemos ganadería bovina y ovina. Dentro de las nueces producimos tanto pecán como nogal de Castilla. Los árboles más antiguos ya tienen más de diez años y seguimos ampliando la superficie con nuevas plantaciones», explicó.
El clima de la zona fue uno de los factores determinantes para tomar la decisión.
«San Pedro tiene temperaturas frías, buenos suelos y una excelente disponibilidad de agua. Después de analizar esas condiciones junto a distintos profesionales entendimos que podía ser un lugar apto para este tipo de producción», señaló.
Sin embargo, comenzar desde cero no fue sencillo. La ausencia de antecedentes en la región obligó a avanzar prácticamente sin experiencias locales de referencia.
«El primer gran desafío fue justamente ser los únicos. Cuando uno produce limón, por ejemplo, tiene vecinos con quienes intercambiar experiencias. En nuestro caso no era así. Todo había que aprenderlo, probarlo y adaptarlo a nuestras condiciones», contó.
A esa dificultad inicial se sumó la necesidad de realizar fuertes inversiones antes incluso de comenzar a producir. «Hay que comprar maquinaria, instalar sistemas de riego, incorporar tecnología y hacerlo cuando todavía el cultivo no genera ingresos. Es una inversión muy importante que requiere mucha confianza en el proyecto», afirmó.
Para Simón Asfoura, la producción de nueces demanda una combinación de paciencia y compromiso permanente. «Es un cultivo que consume mucho tiempo. No podés abandonar un año porque las plantas son perennes y pueden vivir veinte, treinta o hasta cincuenta años. Si las descuidás, perdés años de trabajo», sostuvo.
Actualmente trabajan con distintas variedades de nogal adaptadas a las condiciones climáticas del norte argentino. «Empezamos con variedades como Sunland y Serr, que requieren menos horas de frío. Después apareció la posibilidad de incorporar Chandler utilizando productos hormonales que ayudan a suplir parte de esas horas de frío que naturalmente no tenemos», explicó.
La elección varietal resulta determinante para el éxito del cultivo. «Durante muchos años hubo productores que plantaron Chandler sin contar con suficiente frío y tuvieron malos resultados. Hoy la tecnología permite corregir parte de esas limitaciones, pero siempre es fundamental conocer muy bien el ambiente donde se produce», indicó.
En paralelo al nogal, la producción de pecán también viene creciendo dentro de la finca. «El pecán necesita menos horas de frío que el nogal, por eso se adapta muy bien a Tucumán y también a Salta. Lo que sí requiere es una mayor disponibilidad de agua y suelos profundos», explicó.
Las perspectivas son alentadoras y el crecimiento continúa. «Esta semana comenzamos a plantar tres hectáreas nuevas y el año próximo tenemos previsto incorporar otras cinco. Es un cultivo en el que seguimos creyendo muchísimo», aseguró.
En esta época del año, explicó Simón Asfoura, los trabajos están concentrados en la implantación de nuevas plantas y las tareas de poda. «Agosto es momento de plantar y podar. En septiembre comienza la brotación, primero en nogal y luego en pecán. Después llega la floración y el cuaje del fruto. A medida que avanza el calor aumenta la necesidad de riego y también los controles sanitarios», detalló.
Precisamente, el manejo sanitario constituye otro de los aspectos centrales del sistema productivo.
«Trabajamos permanentemente con asesores especializados tanto en nogal como en pecán. Hoy es imposible producir bien sin respaldo técnico porque aparecen enfermedades, hongos, bacterias y situaciones que requieren decisiones muy precisas», señaló.
La capacitación constante también forma parte de la rutina del productor. «Me gusta mucho estudiar el cultivo, leer investigaciones y mantener contacto con productores de otras provincias. La tecnología cambia todo el tiempo y hay que estar actualizado para seguir mejorando», afirmó.
La cosecha comienza bastante antes que en otras regiones productoras del país. «Nosotros empezamos a cosechar en febrero, aproximadamente un mes antes que Catamarca y casi dos meses antes que Mendoza», comentó.
El proceso posterior también demanda infraestructura específica. «Primero se vibran los árboles para desprender los frutos. Después las nueces pasan por una despelonadora, que elimina la cáscara verde. Luego van al secadero durante dos o tres días y finalmente comienza el pelado y la clasificación», describió.
En los últimos años la incorporación de maquinaria permitió dar un salto importante en eficiencia. «Hasta hace poco gran parte del pelado se hacía manualmente. Hoy contamos con una clasificadora electrónica óptica que mejora muchísimo el trabajo y permite obtener una calidad mucho más uniforme», explicó.
Una vez procesadas, las nueces se envasan al vacío para conservar todas sus propiedades. «El vacío evita que los aceites naturales se oxiden. La nuez tiene cerca del cincuenta por ciento de aceite y ese sistema permite mantener su frescura y calidad durante mucho más tiempo», indicó.
Actualmente la mayor parte de la producción se comercializa dentro de Tucumán. «Vendemos principalmente en la provincia, abasteciendo pastelerías, dietéticas, semillerías y consumidores particulares. También comercializamos a través de nuestro local Afoura Telas, donde mucha gente ya conoce nuestros productos», comentó.
No obstante, el horizonte exportador aparece como uno de los próximos objetivos. «Las nueces de pecán tienen un mercado internacional muy interesante. Todavía no llegamos a exportar directamente porque hace falta volumen, pero existen grupos de productores que se asocian justamente para alcanzar esas cantidades y salir al exterior», explicó.
Consultado sobre qué consejo le daría a quienes evalúan iniciarse en un nuevo cultivo, Simón Asfoura fue contundente. «Lo primero es estudiar mucho, informarse bien y asesorarse con profesionales. Después hace falta pasión y constancia. Una vez que uno arranca no puede abandonar porque es un proyecto de largo plazo, pero también es una actividad que termina dando enormes satisfacciones.»
Su vínculo con el campo trasciende lo estrictamente productivo. «Yo amo San Pedro de Colalao. Me encanta vivir el campo, las montañas, los animales. Es un lugar donde realmente disfruto estar y eso también hace que uno trabaje con otra motivación», expresó.
Finalmente, destacó que el pecán representa una de las producciones con mayor proyección para la región. «Es un cultivo que viene creciendo muchísimo porque tiene buenos precios, se adapta muy bien a nuestras condiciones y no requiere demasiadas exigencias. Con buena disponibilidad de agua y un poco de frío puede desarrollarse perfectamente.»
La experiencia de Simón Asfoura demuestra que la diversificación productiva también encuentra oportunidades en Tucumán. Con planificación, innovación y asesoramiento técnico, el cultivo de nueces comienza a consolidarse como una alternativa que suma valor a la matriz agropecuaria provincial y abre nuevas posibilidades para quienes buscan apostar por producciones diferentes con visión de futuro.













